EE.UU. cuestiona a Ortega por cerrar las urnas en Nicaragua

Fuerte condena de Washington al giro autoritario del sandinismo

Daniel Ortega durante el acto por la revolución sandinista en Managua

NewsITe

El gobierno de Estados Unidos criticó con dureza al presidente nicaragüense, Daniel Ortega, luego de que el mandatario afirmara que en Nicaragua no volverán a celebrarse elecciones que habiliten a la oposición en el exilio a disputar el poder. La reacción llegó a través del secretario de Estado, Marco Rubio, quien difundió un contundente comunicado en Washington.

Rubio señaló que las palabras de Ortega confirman el carácter autoritario del régimen que encabeza junto a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. El pronunciamiento fue recogido por el Departamento de Estado y replicado por distintos medios internacionales, que advirtieron sobre el creciente aislamiento político del país centroamericano.

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“La declaración de Daniel Ortega de que bajo su dictadura familiar Nicaragua no volverá a celebrar elecciones muestra su verdadera naturaleza autoritaria”, sostuvo el jefe de la diplomacia estadounidense, al remarcar que el pueblo nicaragüense “tiene derecho a elegir a sus propios líderes mediante elecciones democráticas”.

Llamado a la presión internacional

En su mensaje, Rubio afirmó que Ortega y Murillo han “abandonado incluso la apariencia de contar con el consentimiento popular” y reclamó una respuesta coordinada de la comunidad internacional. Según el funcionario, ningún gobierno debería mantener una relación “habitual” con Managua mientras se sigan vulnerando principios básicos del sistema democrático en la región.

Estados Unidos pidió a otros países del hemisferio que eleven su nivel de exigencia hacia Nicaragua, ya sea mediante sanciones, pronunciamientos en organismos multilaterales o condicionamientos en materia de cooperación. El objetivo, remarcó Rubio, es enviar una señal clara de que el cierre definitivo de la vía electoral no será aceptado como una opción legítima.

Contexto político y reforma constitucional

Ortega, que ya había gobernado Nicaragua en la década de 1980, regresó al poder en 2007 y desde entonces consolidó un esquema de reelección continua. En los últimos años, su administración avanzó sobre la Justicia, el Parlamento y los medios de comunicación, mientras crecía la persecución a dirigentes opositores y organizaciones civiles.

El país debía celebrar elecciones generales en noviembre, pero una profunda reforma constitucional aprobada hace alrededor de un año y medio extendió el mandato presidencial de cinco a seis años. Con ese cambio, los próximos comicios quedaron fijados para noviembre de 2027, aunque las recientes declaraciones del mandatario ponen en duda incluso ese calendario.

La frase que encendió las alarmas

Durante un acto en Managua por el 47° aniversario de la revolución sandinista, Ortega descartó de plano abrir las urnas a la oposición. “Que se olviden, aquí no volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno y atrapar el poder”, lanzó al referirse a sus críticos en el exilio y a los sectores que reclaman una transición democrática.

  • El presidente nicaragüense gobierna de manera ininterrumpida desde 2007.
  • Una reforma constitucional extendió el mandato presidencial a seis años.
  • Estados Unidos pidió acciones coordinadas de otros países de la región.

“El pueblo nicaragüense tiene derecho a elegir a sus propios líderes mediante elecciones democráticas”, remarcó Marco Rubio al cuestionar la deriva autoritaria del gobierno de Ortega.

Las manifestaciones del líder sandinista consolidan el escenario de cierre político en Nicaragua y anticipan nuevos roces diplomáticos con Washington y otras capitales de la región. Organismos de derechos humanos y referentes de la oposición ya advirtieron que, sin un horizonte electoral claro, se profundizará el éxodo de nicaragüenses que buscan refugio en otros países.

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