Cuánto tiempo en la naturaleza hace bien a la salud

NewsITe
En un contexto de ciudades cada vez más ruidosas, hiperconectadas y exigentes, la ciencia viene acumulando pruebas de que el contacto regular con la naturaleza no es un lujo, sino un componente clave de la salud pública. Vivir cerca del verde o dedicar parte de la semana a paseos al aire libre se asocia con menos enfermedades y mejor bienestar emocional.
Investigaciones recientes, citadas en un análisis de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), muestran que las personas que habitan en barrios con más vegetación presentan menor riesgo de enfermedad cardiovascular, obesidad, diabetes, hospitalizaciones por asma, angustia mental e incluso mortalidad prematura. En tiempos de vida sedentaria y mirada fija en las pantallas, el interrogante cambió: ya no es si el verde hace bien, sino cuánto y de qué manera conviene exponerse.
La “dosis” mínima de naturaleza por semana
Un trabajo publicado en la revista Scientific Reports, realizado sobre 19.806 personas en Inglaterra, encontró un umbral claro: quienes pasaban al menos 120 minutos semanales en entornos naturales tenían mayores probabilidades de reportar buena salud general y mejor bienestar psicológico que quienes no alcanzaban ese tiempo o no tenían contacto con el verde.
Esas dos horas no necesitan cumplirse de una sola vez. Pueden repartirse en varias salidas breves a lo largo de la semana: una caminata corta por una plaza cercana, sentarse a leer bajo la sombra de un árbol, almorzar en un parque o visitar una reserva urbana. Tampoco es indispensable mudarse a un bosque ni abandonar la ciudad: se trata de incorporar, de manera constante, pequeños momentos de exposición a la naturaleza dentro de la rutina urbana.
El “baño de bosque” y sus efectos en el cuerpo
Otra línea de estudios que gana terreno proviene de Japón y del concepto de shinrin-yoku, conocido como “baño de bosque”. Lejos de ser una práctica esotérica, consiste en caminar despacio por un entorno forestal, respirar con calma y prestar atención consciente a los sonidos, aromas y texturas del lugar.
Investigadores que publicaron en la revista Environmental Health and Preventive Medicine compararon la respuesta fisiológica de personas expuestas a un bosque con la de otras que caminaban en zonas urbanas. Quienes estuvieron en el ambiente natural registraron menores niveles de cortisol (hormona vinculada al estrés), menor frecuencia cardíaca, presión arterial más baja y mayor actividad del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación.
Qué ocurre en el sistema nervioso y en la mente
Desde la UNQ explican que el sistema nervioso autónomo regula funciones que no controlamos de manera consciente, como el ritmo cardíaco, la respiración y parte de la respuesta al estrés. Cuando una persona está bajo presión permanente, se activa un modo de vigilancia y alerta. El contacto con determinados estímulos naturales —el murmullo del viento, el canto de las aves, el movimiento del agua— puede ayudar a desactivar parcialmente ese estado de tensión y favorecer la calma fisiológica.
Los beneficios, además, no se limitan al cuerpo. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences analizó qué pasaba luego de una caminata de 90 minutos en un entorno natural frente a un recorrido similar en un área urbana. Quienes caminaron entre árboles reportaron menos rumiación: es decir, menos pensamientos repetitivos asociados a preocupaciones y malestar emocional. En las imágenes cerebrales se observó, además, menor actividad en zonas ligadas a ese tipo de procesamiento.
En ciudades saturadas de ruido, tránsito y estímulos visuales, la atención se fragmenta y se agota. Los espacios verdes ofrecen un estímulo más suave y restaurador. Alcanzar, al menos, 120 minutos semanales en contacto con la naturaleza aparece así como una estrategia sencilla y de bajo costo para cuidar la salud física y mental en la vida moderna.

