Los terremotos registrados recientemente en distintos países de América Latina volvieron a centrar la atención en la actividad sísmica. En Argentina, el mayor nivel de peligrosidad se concentra en el oeste del país, especialmente en el sur de San Juan y el norte de Mendoza.

Los fuertes terremotos registrados en distintos países de Sudamérica durante los últimos meses reactivaron las consultas sobre el riesgo sísmico en Argentina. Sin embargo, los especialistas señalan que la ocurrencia de un terremoto en otro país de la región no permite anticipar un movimiento de similares características en territorio argentino. Cada zona tiene su propia actividad tectónica y sus fallas geológicas.
El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) divide el territorio argentino en cinco zonas de peligrosidad sísmica, que van desde un nivel muy reducido hasta una peligrosidad muy elevada. El área con mayor exposición comprende el sur de San Juan y el norte de Mendoza, incluyendo las capitales de ambas provincias. La clasificación surge de estudios y registros de la actividad sísmica y de las características del movimiento del suelo.
En el nivel inmediatamente inferior se encuentran el centro de Mendoza, el norte y este de San Juan, el oeste de La Rioja y una parte del noroeste de San Luis. Otras regiones del país, entre ellas sectores de Salta, Jujuy, Catamarca, Tucumán y Córdoba, presentan distintos grados de peligrosidad. En cambio, Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y buena parte de Santa Fe, Chaco y Formosa se encuentran en las zonas de menor peligrosidad sísmica.
Los antecedentes que marcaron al país
Argentina tiene una historia de terremotos destructivos, especialmente en la región de Cuyo. El 20 de marzo de 1861, un terremoto destruyó gran parte de la ciudad de Mendoza y es considerado por el INPRES como el mayor terremoto ocurrido en la historia del país. El desastre provocó miles de víctimas y modificó posteriormente los criterios de construcción de la ciudad.
Otro de los episodios más graves ocurrió el 15 de enero de 1944 en San Juan. El terremoto provocó una enorme cantidad de víctimas y destruyó gran parte de la infraestructura de la provincia. Más tarde, el 23 de noviembre de 1977, San Juan volvió a sufrir un terremoto importante, conocido como el terremoto de Caucete, que también produjo daños y víctimas.
Qué determina el impacto de un terremoto
La peligrosidad sísmica de una región no significa que necesariamente vaya a producirse allí un terremoto de gran magnitud en un momento determinado. Los mapas elaborados por el INPRES permiten identificar las áreas donde existe una mayor probabilidad de experimentar movimientos fuertes y sirven como referencia para establecer normas de construcción sismorresistente.
Los terremotos tampoco pueden predecirse con precisión. Por eso, el conocimiento de las zonas de mayor peligrosidad, el cumplimiento de las normas de construcción y la preparación ante una emergencia son las principales herramientas para reducir las consecuencias de un eventual movimiento sísmico.
La actividad registrada recientemente en Colombia y Venezuela vuelve a mostrar que los terremotos forman parte de la dinámica geológica de Sudamérica, pero no existe una cadena de eventos que permita afirmar que un terremoto ocurrido en un país vaya a provocar otro en Argentina. El riesgo argentino debe analizarse a partir de sus propias características geológicas y de los antecedentes registrados en el país.

