Peter Thiel planteó si las economías occidentales pueden extraer enseñanzas de la experiencia argentina sin atravesar “100 años de declive”. Frente al aumento de los déficits y la deuda, identificó al recorte drástico del gasto como la respuesta adoptada por el Gobierno argentino.

eter Thiel, empresario tecnológico y fundador de Palantir, tomó la experiencia económica de la Argentina como punto de referencia al analizar los problemas fiscales que atraviesan Estados Unidos y Europa. Durante una entrevista, planteó si las sociedades occidentales pueden aprender de ese proceso sin atravesar un deterioro que se extienda durante décadas.
“El problema es si hay alguna forma de aprender de la historia de Argentina” para evitar “100 años de declive”, sostuvo Thiel al abordar las dificultades que observa actualmente en las economías occidentales.
El empresario rechazó, sin embargo, la idea de que un agravamiento de las condiciones económicas resulte necesario para producir posteriormente una transformación. “No me gusta la idea aceleracionista y leninista de que cuanto peor se ponen las cosas, mejor, porque más cerca se está de la revolución”, afirmó.
“La sensación que siempre tengo en Estados Unidos y Europa es que la gente está molesta, pesimista, enojada. Nunca alcanza lo suficiente como para generar un cambio positivo”, agregó. Luego advirtió: “Uno teme que las cosas tengan que empeorar mucho antes de que cambien de rumbo”.
La referencia al ajuste de Milei
Al analizar la situación macroeconómica de las sociedades occidentales, Thiel puso el foco sobre el tamaño de los sistemas de bienestar, la presión tributaria y los déficits fiscales. “Tenemos estados de bienestar muy amplios. Los impuestos me parecen bastante elevados”, sostuvo.
Según su planteo, los actuales niveles de déficit solamente resultarían sostenibles bajo un escenario de tasas de interés nulas. A partir de esa premisa, describió tres caminos posibles para enfrentar el desequilibrio.
“¿Se recorta el gasto de forma drástica? Precisamente esa es la respuesta de Milei. ¿Se suben los impuestos de forma drástica, lo que básicamente supone paralizar por completo nuestras sociedades y todo el crecimiento, o se sigue adelante con los déficits y se deja el problema para más adelante?”, planteó.
Thiel sostuvo que durante casi dos décadas las principales economías occidentales optaron principalmente por continuar financiando sus desequilibrios. “Desde la crisis de 2008, no hemos hecho más que pedir prestado cada vez más dinero”, afirmó.
A su entender, ese proceso estaría acercándose a un límite. “Mi intuición me dice que estamos cerca de un punto en el que eso se acabará”, manifestó. Frente a esa posibilidad, mencionó como eventuales alternativas “unos niveles de impuestos de tipo socialista” o “unas medidas de austeridad realmente duras, muy duras”.
Inteligencia artificial y competencia con China
Thiel también abordó la evolución tecnológica de las últimas décadas. Consideró que el progreso se concentró en computadoras, internet, telefonía móvil y software, mientras otras actividades vinculadas con lo que denominó “el mundo de los átomos”, como la ingeniería mecánica, química, aeronáutica y nuclear, atravesaron una desaceleración.
En ese escenario, sostuvo que la inteligencia artificial podría modificar la tendencia. Afirmó que la IA puede ser “más grande que internet” y tener “el potencial de reacelerar el crecimiento”, aunque reconoció que su desarrollo también presenta riesgos.
Sobre la posibilidad de que esos sistemas escapen al control humano, Thiel sostuvo que el escenario no puede descartarse por completo. “Si la probabilidad es siquiera del 5% o del 10%, parece bastante malo”, expresó. Pese a ello, rechazó una paralización generalizada del desarrollo tecnológico y argumentó que detener la innovación también tendría consecuencias para las sociedades occidentales.
Finalmente, situó el avance tecnológico dentro de la competencia internacional con China y consideró que Europa se encuentra rezagada en inteligencia artificial. “Soy un crítico muy duro de China. Creo que debemos tomarnos muy en serio esta competencia y rivalidad con China. Pero también suele ser demasiado fácil simplemente culparlos a ellos”, concluyó.

