De la clandestinidad al símbolo masivo del orgullo en Argentina

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La 35ª Marcha del Orgullo LGBT+ volverá a recorrer este sábado las calles de la Ciudad de Buenos Aires bajo el lema “Cuando el odio avanza, el orgullo resiste”. Tres décadas después de aquella primera manifestación, la movilización se consolidó como uno de los hitos políticos, culturales y sociales más importantes del país.
Su historia comenzó el 2 de julio de 1992, cuando unas 300 personas marcharon desde Plaza de Mayo al Congreso en un contexto de fuerte hostilidad social y policial. Muchos de ellos se cubrieron el rostro con máscaras de cartón, pañuelos u anteojos para evitar perder sus empleos o sufrir detenciones arbitrarias. Ese pequeño grupo abrió un camino que hoy reúne a cientos de miles de personas.
En 1993, la fecha se alineó con la tradición internacional surgida tras los disturbios de Stonewall en Nueva York, considerados el punto de partida del movimiento moderno por los derechos LGBTQ+ en el mundo. Las primeras consignas en Argentina exigieron inclusión en la Ley Antidiscriminatoria, unión civil para parejas del mismo sexo y el fin de la persecución policial.
Con el correr de los años 90, la Marcha del Orgullo fue ganando visibilidad y figuras clave como Carlos Jáuregui, Mariela Muñoz, Lohana Berkins y, más tarde, Diana Sacayán se convirtieron en referentes ineludibles. En 1996, la crisis del VIH/Sida y la muerte de Jáuregui marcaron la que muchos recuerdan como la marcha más dolorosa, atravesada por el duelo y la denuncia de los edictos policiales.
Cambios de época, leyes históricas y expansión federal
En 1997, la marcha se trasladó al primer sábado de noviembre, en homenaje a Nuestro Mundo, la organización pionera del movimiento homosexual en Argentina. La derogación de los edictos policiales en la Ciudad de Buenos Aires dio lugar a un clima festivo: desaparecieron las máscaras, crecieron las columnas militantes y surgieron los primeros camiones con música y colores.
La agenda se amplió año tras año. A fines de los 90 y principios de los 2000, las consignas combinaron reclamos por igualdad de derechos, unión civil, cupo laboral travesti-trans y una ley antidiscriminatoria efectiva. La participación se volvió masiva, superando las 10 mil personas en 2005 y captando la atención de los grandes medios, ya no como curiosidad marginal sino como acto político central.
La década siguiente quedó marcada por la conquista de dos leyes emblemáticas: en 2010, la Ley de Matrimonio Igualitario, que convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina en reconocer este derecho; y en 2012, la Ley de Identidad de Género, que permitió el cambio de nombre y género en el DNI sin requisitos médicos ni judiciales. La marcha celebró estos avances, pero al mismo tiempo reclamó políticas concretas de inclusión laboral y acceso a la salud.
Del reclamo por justicia a la marea multitudinaria actual
A partir de 2015, el asesinato de Diana Sacayán visibilizó los conceptos de travesticidio y transfemicidio, exigiendo a la justicia que los reconozca como crímenes de odio. Al mismo tiempo, el movimiento LGBT+ fortaleció sus lazos con el feminismo y la Campaña por el Aborto Legal, sumando a su plataforma la demanda por la separación de la Iglesia y el Estado.
La masividad de la marcha se profundizó: en 2016 superó las 250 mil personas, en 2019 se estimaron más de 400 mil y, tras la interrupción presencial por la pandemia en 2020, en 2021 más de medio millón de personas colmó el centro porteño. Ese año se celebró la incorporación de la opción “X” en el DNI y la Ley Diana Sacayán–Lohana Berkins, que impulsa el cupo laboral travesti-trans en el sector público.
Entre 2022 y 2025, la marcha superó el millón de asistentes en ediciones consecutivas, en un contexto atravesado por la crisis económica, los debates por la nueva ley de VIH y el reclamo por la aparición con vida de Tehuel de la Torre. También se alzaron voces contra el avance de discursos de extrema derecha, los recortes en políticas públicas y el cierre de organismos estatales dedicados a combatir la discriminación.
- Defensa de las leyes conquistadas: Matrimonio Igualitario, Identidad de Género y cupo laboral trans.
- Acceso a medicamentos, tratamientos hormonales y políticas de salud integrales.
- Rechazo a la criminalización de la protesta y a los discursos de odio.
- Reclamo de justicia ante travesticidios y transfemicidios.
“Cuando el odio avanza, el orgullo resiste” sintetiza más de treinta años de organización, desde las máscaras de cartón hasta las columnas multitudinarias que hoy llenan Buenos Aires de colores.
En la antesala de una nueva Marcha del Orgullo, la historia de estas tres décadas funciona como recordatorio: cada derecho conquistado fue fruto de la persistencia de quienes se animaron a salir a la calle cuando casi nadie los miraba, y hoy siguen movilizándose para que ningún retroceso ponga en riesgo lo conseguido.

