Se retiró a los 23, fue campeón con Boca y hoy, a los 62, trabaja como portero en el mismo edificio desde hace 38 años.

El surgimiento de Franco Mastantuono, la nueva promesa de River, trajo de vuelta a Jorge Cecchi a la conversación en el mundo deportivo del país, el nicoleño tenía apenas 17 años, 6 meses y 19 días cuando se puso por primera vez la camiseta de la Selección Argentina mayor. Fue en diciembre de 1980, en un amistoso frente a la Unión Soviética en Mar del Plata.
Con ese debut, quedó como el segundo futbolista más joven en la historia moderna de la Selección, apenas por detrás de Diego Maradona, quien se estrenó con 17 años, 3 meses y 28 días. Y aún si el joven mediocampista de River debuta este jueves ante Chile por la Selección, no podrá romper su marca: lo haría con 17 años, 9 meses y 20 días. El récord del nicoleño sigue intacto, más de cuatro décadas después de su debut.
En tiempos donde cada talento juvenil es seguido con lupa, su historia parece una rareza. Un chico del interior, sin partidos en Primera, que saltó de la Reserva de Boca a la Selección campeona del mundo. Y que, tras rozar la gloria, eligió otra vida.
Una história de sorpresas
“Es un récord que solo tenemos Mascherano y yo”, dice con una mezcla de orgullo y resignación, al hablar de uno de los aspectos más llamativos de su carrera futbolística: al momento de debutar con la celeste y blanca aún no había debutado en la Primera de Boca Juniors. Ni siquiera se había sentado en el banco de suplentes del equipo xeneize.
Mascherano también debutó en la Selección antes de hacerlo en River, en 2003. A ellos se suman Trobbiani (1973), Débole (1980) y Mammana (2014), otros pocos que vivieron una experiencia parecida.
La escena parece inverosímil, pero está documentada. En ese entonces, Cecchi solo había disputado unos pocos partidos en la Reserva de Boca, adonde había llegado en 1979 desde la Séptima División. El entrenador de la Selección, César Luis Menotti, lo citó luego de observarlo en entrenamientos con la juvenil. “Me vio que me animaba a Passarella, que no arrugaba con Olguín y que eludía al Tolo Gallego, que eran campeones del mundo. Entonces me llamó para jugar contra la Unión Soviética”, recuerda Cecchi en una nota para TyC.
De San Nicolás a la cima, en tiempo récord
La carrera de Cecchi se vivió a velocidad supersónica. Nació el 15 de mayo de 1963 y comenzó a jugar al fútbol en el club 12 de Octubre de San Nicolás, su ciudad natal. Luego pasó a Somisa, donde fue parte de la Sexta División en 1978, para el año siguiente dar el salto a Boca y fue campeón con la Séptima. Un año después, sin escalas, ya entrenaba con la Selección y estaba a punto de debutar.
“En 1980 había jugado en la Cuarta y en la Reserva de Boca, pero muy poco, porque casi siempre estaba con la selección juvenil. Hacíamos giras, éramos sparrings de la mayor”, relata Cecchi. Fue Menotti quien decidió subirlo.
La convocatoria a la selección lo sorprendió en el campo, de vacaciones. “Pensé que era una joda de mis compañeros de La Candela. Me volví loco, me puse a llorar”, admite.
En total, jugó dos partidos oficiales con la Selección mayor: el debut ante la Unión Soviética en Mar del Plata, y otro frente a Suiza el 16 de diciembre en Córdoba. Recién en abril de 1981, ya con experiencia internacional, debutaría en la Primera División de Boca Juniors. Ese mismo año, integró el plantel campeón del Metropolitano junto a Maradona, Ramón Díaz y Gatti. “Fue un sueño. Estuve en la gloria muy rápido, pero duró poco”, dice.

La carrera que se apagó con total discreción y la vida después del fútbol
Tras jugar la Copa Libertadores 1982 con Boca, Cecchi fue perdiendo lugar. En 1983 pasó a Temperley, su última experiencia en Primera División. Después jugó en Almirante Brown, El Porvenir, Aldosivi (en la liga de Mar del Plata) y Tigre, donde se despidió del fútbol en 1987. Tenía solo 23 años.

“Cuando tenía menos de 20 años, Boca me dejó libre. No lo podía entender. Ni siquiera me lo comunicaron personalmente. Boca era un desastre en esa época”, confiesa, sin rencor pero con la herida aún abierta. “Me quedó la cabeza en cualquier lado. Tendría que haberme ido a otro club. ¡Tenía fotos con Maradona y todo! Pero viví en la época equivocada”. Su retiro fue silencioso.
Sin prensa ni homenajes, cambió los botines por un guardapolvo. Desde 1987 trabaja como encargado de un edificio en Barrancas de Belgrano. “Me alejé completamente del ambiente. Lo mío fue increíble, pero ya está. Me gusta el silencio”, afirmó. Lleva 38 años en el mismo lugar y está a punto de jubilarse. Tiene 62 años y dice que solo dio un par de entrevistas radiales desde entonces.
*Con información de TyC

