La economista advierte por el freno del crédito y el estancamiento de los ingresos

NewsITe
La economista Marina Dal Poggetto advirtió que la mejora observada en algunos sectores estratégicos de la economía argentina todavía no se traduce en un repunte del consumo de los hogares ni en una recuperación de los ingresos de las familias. En su análisis, el principal cuello de botella del modelo actual es el crédito, que se encuentra virtualmente paralizado tras el fuerte ajuste monetario del año pasado.
En diálogo con Splendid AM 990, Dal Poggetto describió un escenario de “dualidad” económica. Por un lado, sectores como energía, minería, agro y el sistema financiero muestran dinamismo y crecimiento; por el otro, su peso relativo en el Producto Bruto Interno y el empleo es limitado, lo que impide que esa mejora se irradie al resto de la economía. En conjunto, explicó, apenas representan alrededor del 15% del PBI y el 9% del empleo formal.
La economista recordó que entre 2024 y 2025 el crédito fue uno de los motores del repunte de la actividad, pero ese ciclo se quebró tras la suba abrupta de las tasas de interés. El apretón monetario, aplicado para contener la presión sobre el tipo de cambio en un contexto sin controles de capitales, encareció fuertemente el costo de financiamiento. La consecuencia fue un incremento sostenido de la morosidad y un freno en nuevos préstamos a familias y empresas.
Según Dal Poggetto, el impacto se observa con claridad en los indicadores de actividad y en el mercado laboral. Pese a que la economía creció 4,4% en 2025, los últimos datos disponibles muestran un nivel de actividad similar al de febrero de ese año, lo que sugiere una pérdida de impulso. Al mismo tiempo, los salarios se mantienen prácticamente estancados, con aumentos que igualan o apenas acompañan a la inflación, mientras continúa la caída del empleo formal.
Estancamiento de ingresos, más deuda y mayor morosidad
En su diagnóstico, Dal Poggetto subrayó que los ingresos de las familias están congelados en términos reales y que el deterioro del empleo registrado se combina con un crecimiento previo del endeudamiento. Entre abril de 2024 y febrero de 2025 se dio un ciclo de expansión del crédito que llevó el stock de deuda a niveles similares a los de 2018, pero con plazos más cortos y tasas de interés reales mucho más elevadas.
Ese esquema, aseguró, dejó a muchos hogares y empresas con una carga financiera difícil de sostener cuando se revirtió el ciclo crediticio. Los bancos comenzaron a endurecer sus condiciones, la mora siguió en aumento y el financiamiento al consumo se volvió cada vez más restrictivo. Aunque algunos indicadores de riesgo crediticio muestran cierta estabilización reciente, la economista considera que el problema de fondo persiste: no se logra recomponer un flujo de crédito que impulse de nuevo la demanda interna.
La política fiscal tampoco ayuda a revertir la tendencia. Dal Poggetto señaló que, en un contexto de actividad que no termina de despegar, el Gobierno mantiene una postura contractiva, con recaudación en baja y un ajuste del gasto que acota aún más la capacidad de recuperación del mercado interno. Para la economista, sin un shock de ingresos o un programa masivo de refinanciación de deudas —escenarios que hoy ve poco probables— es difícil imaginar una reactivación vigorosa del consumo.
Dólares del “colchón” y dudas sobre la sostenibilidad del modelo
Ante el freno del crédito en pesos, el Gobierno apuesta a que los ahorros en dólares que los argentinos mantienen fuera del sistema financiero se vuelquen a la economía real. Dal Poggetto recordó que una dinámica similar colaboró con el programa económico entre agosto de 2024 y febrero de 2025, cuando ingresaron fondos asociados a un blanqueo. Sin embargo, advirtió que en la actualidad esa estrategia parece perder fuerza: los depósitos en dólares no crecen al ritmo esperado y la preferencia por la divisa estadounidense se mantiene alta.
La economista detalló que, desde las últimas elecciones, los argentinos compraron más de US$ 42.000 millones, con un promedio cercano a los US$ 2.000 millones mensuales, aun cuando durante varios meses la tasa de interés en pesos superó ampliamente la variación del tipo de cambio. En este contexto, el Gobierno intenta controlar simultáneamente el dólar y la tasa, recurriendo a la intervención coordinada del Banco Central y el Tesoro para evitar saltos bruscos.
Dal Poggetto alertó que la segunda mitad del año podría ser más desafiante por una menor oferta estacional de divisas del sector externo. La incógnita central, planteó, es qué variable elegirá el Gobierno para ajustar si vuelve la tensión cambiaria: si recurre otra vez a un fuerte apretón monetario para contener el dólar, el costo del financiamiento subiría y el crédito podría resentirse aún más, profundizando la recesión del consumo. En este delicado equilibrio, concluyó, el principal obstáculo sigue siendo el mismo: “ahí está la traba”, en un sistema de crédito que no termina de recomponerse.
“Si vos me decís dónde se trabó, se trabó en el crédito”, resumió Dal Poggetto, al describir una economía con sectores dinámicos pero sin capacidad de arrastre sobre el empleo y el consumo masivo.

