Una movilización masiva que combina fiesta y reclamo político

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Con una convocatoria estimada entre dos y tres millones de personas, la Marcha del Orgullo en la Ciudad de Buenos Aires se consolida como una de las cinco manifestaciones LGBTIQ+ más multitudinarias del mundo. Detrás de las carrozas, los colores y la música, existe una organización que trabaja todo el año para garantizar una jornada segura, representativa y con fuerte contenido político.
El abogado y activista Pedro Paradiso Sottile, fundador de la Fundación Igualdad y referente con más de tres décadas de militancia, integra el Consejo Asesor Histórico de la marcha. En diálogo con la prensa, detalló cómo se diagraman la logística, los consensos y el dispositivo de seguridad de un evento que combina protesta y celebración en pleno centro porteño.
La Comisión Organizadora está integrada por más de cien activistas de entre 60 y 100 organizaciones LGBTIQ+ y sociales de distintos puntos del país. Se reúnen de manera periódica durante todo el año para definir por consenso las consignas centrales, la grilla artística, la comunicación y cada aspecto operativo de la jornada. “La organización empieza apenas termina la marcha anterior”, suele sintetizar Paradiso Sottile.
Seguridad, logística y un recorrido cargado de simbolismo
Uno de los ejes innegociables es la seguridad. Para una movilización que convoca multitudes, se diseñan esquemas específicos de prevención y asistencia. Se coordinan habilitaciones y seguros para las carrozas, puestos de salud distribuidos a lo largo del recorrido, voluntariado capacitado para acompañar al público y articulación con organismos estatales para el operativo general.
El recorrido une la Plaza de Mayo con el Congreso de la Nación, donde se levanta el escenario principal, bautizado Carlos Jáuregui en homenaje a uno de los pioneros de la visibilidad gay en Argentina. Cada tramo de la Avenida de Mayo es entendido como un patrimonio colectivo, ganado a partir de décadas de lucha de los movimientos de diversidad y de derechos humanos.
La elección de noviembre como mes de la marcha también responde a una decisión histórica: se vincula con la creación del Frente de Liberación Homosexual en 1967 y con la primera marcha realizada en el país en 1992, protagonizada por referentes como el propio Jáuregui y César Cigliutti.
Orgullo, legado y respuesta frente a los discursos de odio
A diferencia de otros eventos del mundo que se volcaron fuertemente a la lógica comercial, la Marcha del Orgullo porteña mantiene un perfil mixto: es a la vez reclamo de derechos y fiesta popular. Para Paradiso Sottile, se trata de “la única marcha masiva que logra equilibrar el enfoque político de resistencia con la celebración festiva”.
Esa doble dimensión se expresa en las consignas de esta edición: visibilidad de las identidades LGBTIQ+, rechazo a los discursos de odio y exigencia de erradicación de los crímenes y violencias contra personas travestis y trans. Los recientes ataques contra trabajadoras sexuales travestis y trans en barrios porteños se leen como consecuencia de la habilitación social de mensajes intolerantes que degradan la convivencia democrática.
“El orgullo es la respuesta política a la vergüenza que nos querían imponer. Nuestra visibilidad salva vidas y fortalece la democracia”, recuerdan desde la organización, retomando las palabras de Carlos Jáuregui.
La jornada tendrá un cierre musical a cargo de la cantante María Becerra, quien se presenta de forma gratuita en apoyo a la causa. Las alianzas con el movimiento feminista, los organismos de derechos humanos y figuras de la cultura —desde las Madres de Plaza de Mayo hasta artistas populares— son parte de un entramado que sostiene, año tras año, una marcha que ya es patrimonio de Buenos Aires y símbolo de la lucha por la igualdad en Argentina.

