Desesperada búsqueda de sobrevivientes tras el terremoto en Colombia

NewsITe
A 48 horas del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el noroeste de Colombia, el país atraviesa jornadas de desesperada búsqueda y duelo. Con un saldo provisorio de al menos 240 fallecidos y miles de personas aún sin localizar, equipos de emergencia trabajan sin descanso entre edificios colapsados y estructuras seriamente dañadas en varias ciudades.
El Gobierno colombiano activó pedidos formales de asistencia internacional y solicitó el arribo de brigadas altamente especializadas de Estados Unidos, El Salvador, Ecuador e Israel. Las autoridades priorizaron grupos con certificaciones internacionales en búsqueda y rescate urbano, ante el temor de que los recursos locales se vean rápidamente desbordados por la magnitud de la tragedia.
David Tamayo, al frente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), confirmó que solo se aceptará apoyo de esos cuatro países, debido a sus estándares técnicos y protocolos de trabajo. En paralelo, el canciller Omar Bula señaló que comenzaron a llegar vuelos con ayuda humanitaria, entre ellos desde El Salvador y México, con insumos médicos, carpas y provisiones básicas.
Víctimas, ciudades más afectadas y duelo nacional
El Instituto Nacional de Medicina Legal informó que hasta el momento recibió 202 cuerpos identificados, aunque reportes de autoridades regionales elevan la cifra de muertes a 240, e incluso la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) habla de 241 víctimas fatales. Entre los fallecidos figuran al menos cinco menores de edad.
Las víctimas proceden principalmente de Cali, Pereira, Manizales, Belén de Umbría, Tuluá, Buenaventura, Sevilla, Buga y Quibdó. Asocapitales detalló que 172 muertes se produjeron en ciudades capitales: 74 en Cali, 83 en Pereira, 9 en Quibdó y 6 en Manizales. La plataforma en línea “Colombia te busca” estimó que quedaban más de 4.000 personas por localizar y que cerca de un millar ya habían sido encontradas con vida.
Frente a este escenario, el presidente Abelardo de la Espriella decretó tres días de duelo nacional. El Gobierno expresó su “profundo dolor” por las víctimas y llamó a la unidad del país para acompañar a las familias afectadas. Desde Estados Unidos, el Departamento de Estado anunció el envío de dos equipos USAR de los condados de Fairfax (Virginia) y Los Ángeles (California) para sumarse a las tareas de búsqueda.
Manizales y Cali: relatos desde las zonas devastadas
Manizales, una de las ciudades más golpeadas, ofrece un paisaje de edificios averiados, viviendas inhabitables y templos históricos dañados. La catedral de la ciudad registró severos perjuicios estructurales. Vecinos describen escenas de pánico, con columnas de polvo, humo y el sonido constante de sirenas.
Sebastián Aristizábal, quien conducía por la zona al momento del sismo, recordó que primero creyó tener un problema en los neumáticos de su auto, hasta que advirtió el violento movimiento de los edificios. “Fue terrible ver cómo se sacudían las fachadas y cómo la gente se abrazaba para darse consuelo”, relató. Aun así, considera que fue “un milagro” que no se produjera un desastre mayor, algo que especialistas atribuyen a la presencia de numerosas construcciones antisísmicas.
En Cali, la destrucción también dejó huellas profundas. Olga Lucía Lizcano, trabajadora de la administración de impuestos, regresó a su barrio y se encontró con su edificio colapsado. Su familia logró evacuar a tiempo, pero perdió su vivienda y todas sus pertenencias. Pese al dolor, destaca la enorme solidaridad de la comunidad: voluntarios que ayudan a remover escombros, donan alimentos y ofrecen alojamiento a los damnificados.
“Es increíble ver ríos de personas llevando agua, cargando ladrillos y preguntando cómo ayudar. Hay mucha gratitud en medio de la tragedia”, contó Lizcano.
Solidaridad en Pereira: restaurantes convertidos en cocinas comunitarias
En Pereira, otra de las ciudades duramente afectadas, también se multiplican las historias de colaboración. Allí, una discoteca se transformó en centro de acopio y un restaurante se reconvirtió en cocina comunitaria para asistir a quienes lo perdieron todo. Trabajadores que habían quedado a resguardo regresaron voluntariamente, no para atender clientes, sino para preparar y servir comidas.
El empresario gastronómico Gabriel Jaime Montoya relató que la escena tras el temblor fue “desoladora”, con edificios colapsados y numerosos inmuebles dañados e inhabitables. Ante esa realidad, su local Don Ángel Parrilla abrió sus cocinas para elaborar entre 1.000 y 1.500 raciones diarias de alimentos destinados a familias evacuadas, rescatistas y voluntarios.
Mientras continúan las tareas de remoción de escombros y búsqueda de sobrevivientes, el desafío para Colombia será sostener la ayuda humanitaria, reforzar la atención psicológica y acelerar la evaluación de daños estructurales. La cooperación internacional y la red de solidaridad interna aparecen como claves para atravesar una de las emergencias más graves de su historia reciente.

