La psicología detrás de las cábalas argentinas en el fútbol

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Desde repartirse la tenencia de un hijo el día de la final hasta encerrarse en el baño o quemar ajo y laurel frente al río. Las cábalas futboleras atraviesan generaciones en la Argentina y encuentran, según la psicología, una explicación clara: son una forma de crear una ilusión de control frente a aquello que no podemos manejar.
Historias como la de José, docente y padre divorciado, muestran hasta dónde pueden llegar estos rituales. Con tenencia compartida de su hijo de casi dos años, el calendario indicaba que la final del mundo debía verla con él. Pero su ex pareja recordó que en los últimos partidos, con el niño en su casa, la Selección había ganado. Para no «romper la cábala», acordaron que el pequeño mirara el encuentro decisivo con su madre y recién después se fuera con su padre.
También está el caso de Maximiliano, instructor de personas con discapacidad visual, que desde México 86 repite una ceremonia heredada de su abuelo: quema laurel y ajo, escribe los nombres de los defensores rivales, los reduce a cenizas y, de espaldas al río, las arroja al agua mientras pronuncia una frase ritual pidiendo que el resultado lo favorezca. Un gesto íntimo que mezcla creencia, tradición familiar y pasión futbolera.
Del baño a la camiseta sin lavar: el mapa de las costumbres
Yamila, locutora, descubrió su propia cábala casi por azar. Un día, obligada a esperar al plomero, se perdió el arranque de un partido. Cada vez que se acercaba a la pantalla, el rival marcaba; cuando se encerró en el baño, llegaron los goles argentinos. Desde entonces, familiares y amigos le piden que repita el ritual: encierrate y no salgas hasta que termine. El pedido se repitió en otros encuentros ajustados y, para muchos, “funcionó”.
Otros hinchas confiesan hábitos similares: evitar ponerse la camiseta oficial y elegir solo ropa celeste, no lavar nunca la casaca de la suerte, repetir el mismo pantalón, sentarse siempre en la misma silla o incluso prender el secador de pelo para no escuchar el relato del partido. Son gestos que, a simple vista, rozan lo irracional, pero que se sostienen porque parecen traer alivio.
“Ilusión de control”: qué explica la psicología
El psicólogo Alexis Alderete (MP 85367) define estas prácticas como expresiones de una «ilusión de control». El cerebro, explica, detesta la incertidumbre y la vive como una amenaza. Ante un evento cargado de emoción, como un partido decisivo, la ansiedad se dispara y la mente busca cualquier relación entre una conducta y un resultado favorable, aunque sea casual.
- Se genera una correlación ilusoria: si encerrarse en el baño coincidió con un gol, el cerebro asume una conexión.
- La cábala funciona como «conducta de seguridad»: al repetirla baja, al menos momentáneamente, la ansiedad.
- El problema aparece cuando el ritual se fija como única forma de enfrentar situaciones inciertas.
“El cerebro prefiere aferrarse a una causalidad mágica antes que aceptar la impotencia de ser un simple espectador”, señala Alderete.
Para el especialista, los rituales futboleros también son la continuidad de una tradición afectiva. Las cábalas que se heredan de abuelos y padres son, dice, «legados emocionales» que mantienen vivo el vínculo con la infancia y con quienes ya no están. En esa mezcla de nervios, pasión y superstición, el hincha no solo busca que su equipo gane: también intenta sentirse menos solo frente a lo imprevisible.

