Brasil busca convertir sus tierras raras en motor de desarrollo

NewsITe
Brasil avanza en el debate sobre cómo transformar sus reservas de tierras raras en una palanca de desarrollo económico y social para las regiones mineras. En un seminario organizado por la Asociación Brasileña de Prensa (ABI), especialistas, académicos y referentes del sector minero coincidieron en que el país tiene una ventana de oportunidad para agregar valor a estos minerales estratégicos, clave para la transición energética y las tecnologías de punta.
Las tierras raras son un conjunto de elementos fundamentales para la fabricación de autos eléctricos, turbinas eólicas, celulares, computadoras y equipamiento médico, entre otros. Por su importancia geopolítica y económica, numerosos países compiten por asegurarse reservas y capacidad de procesamiento. En ese contexto, la discusión en Brasil se centra en cómo evitar un modelo meramente extractivo y pasar a uno que genere empleos calificados, innovación y desarrollo regional.
La periodista y escritora Tânia Malheiros, que investigó a fondo la presencia de compañías vinculadas a estos minerales en distintas zonas del país, remarcó la necesidad de escuchar a las comunidades locales donde se desarrollan los proyectos. Según relató, en sus visitas al sur del estado de Minas Gerais dialogó con residentes que conviven con la expansión de la actividad minera y que plantean inquietudes sobre el impacto ambiental, la infraestructura y la distribución de los beneficios.
Malheiros sostuvo que, en cada entrevista con empresas del sector, formula la misma pregunta: “¿Qué va a ganar Brasil con este trabajo de ustedes?”. Para la comunicadora, ese interrogante debe estar en el centro de cualquier estrategia nacional sobre tierras raras: no se trata solo de exportar materia prima, sino de garantizar que los proyectos generen mejoras concretas en calidad de vida, empleo, capacitación y protección ambiental.
Ingenieros piden sumar valor y empleo en el territorio
El seminario también reunió a referentes del Club de Ingeniería de Brasil, que creó un comité específico para estudiar las perspectivas de las tierras raras. Su presidente, Francis Bogossian, subrayó que se trata de minerales críticos y estratégicos, con fuerte impacto en el mercado laboral. De acuerdo con datos expuestos en el encuentro, las actividades vinculadas a este grupo de minerales alcanzaron 129.423 empleos en 2025, el 57 % de los 226.634 puestos asociados a la industria extractiva mineral mencionada en su presentación. El número de empleos ligados a estas tareas creció un 8,6 % respecto de 2023, lo que confirma la expansión del sector.
Para el vicepresidente del Club de Ingeniería de Brasil, Fernando Peregrino, y académico de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), el desafío pasa por extender la cadena de valor dentro del territorio brasileño. Esto implica no solo extraer el mineral, sino avanzar en el procesamiento, la refinación y la fabricación de componentes tecnológicos que utilicen tierras raras, impulsando a la vez la industria local y la formación de profesionales especializados.
- Mayor coordinación entre empresas, universidades y gobiernos locales para definir proyectos de largo plazo.
- Programas de capacitación y calificación profesional en regiones mineras para aprovechar la demanda laboral.
- Inversión en investigación aplicada que permita desarrollar tecnología propia para procesar los minerales.
- Planificación ambiental y social que incorpore la voz de las comunidades afectadas.
“Hay que llevar la cadena de valor lo máximo posible a nuestro territorio”, planteó Peregrino, al insistir en que Brasil debe avanzar en el procesamiento de los minerales y en el desarrollo de capacidades industriales asociadas.
El encuentro formó parte de la campaña de la ABI “Las tierras raras son nuestras”, que busca instalar el tema en la agenda pública. Los participantes coincidieron en que, con una planificación adecuada, estos recursos pueden convertirse no solo en un activo de interés internacional, sino también en una herramienta para fortalecer las economías locales, diversificar la matriz productiva y posicionar a Brasil como un actor relevante en la transición energética global.

