Boca, bajo la lupa: cuatro años de compras sin ventas

La gestión Riquelme y un modelo de mercado que no genera retorno

NewsITe

Desde que Juan Román Riquelme asumió la conducción futbolística de Boca Juniors en 2020, el club cambió de raíz su política de incorporaciones. Sin embargo, un dato contable encendió las alarmas puertas adentro de la Bombonera: en este período, ningún refuerzo adquirido por la institución fue luego vendido, por lo que la tesorería aún no logró recuperar ni un dólar de las fuertes inversiones realizadas.

De acuerdo con un relevamiento realizado sobre las operaciones de los últimos cuatro años, las únicas entradas de dinero por transferencias provinieron de futbolistas juveniles o de jugadores que ya formaban parte del plantel antes de 2020. Las compras realizadas durante la denominada “era Riquelme” no generaron, hasta ahora, ventas que compensen el gasto efectuado.

El caso de los defensores y delanteros que pasaron sin dejar retorno económico es elocuente. Carlos Zambrano llegó desde el Dynamo Kiev a cambio de unos US$ 1,5 millones y terminó rescindiendo su contrato. Un destino similar tuvo el delantero Nicolás Orsini, por quien Boca desembolsó cerca de US$ 1,95 millones, y el extremo Norberto Briasco, comprado en US$ 3,5 millones: ambos se marcharon con el pase en su poder. Esteban Rolón, por quien se pagaron alrededor de US$ 500.000, también rescindió sin dejar ingresos por transferencia.

El patrón se repite con otros nombres relevantes de los últimos mercados. Juan Ramírez (US$ 2,227 millones) y el peruano Luis Advíncula (US$ 2,2 millones) también abandonaron el club en condición de libres. En tanto, Nicolás Figal (US$ 2,6 millones), el arquero Leandro Brey (US$ 450.000) y el delantero uruguayo Miguel Merentiel (US$ 3 millones) continúan en el plantel, pero aún no hubo ofertas que permitan recuperar la inversión.

Refuerzos caros, poco uso y nulo impacto en el balance

Algunos casos llaman especialmente la atención. Lucas Blondel, incorporado por unos US$ 1,8 millones, y Lucas Janson, por quien se abonaron cerca de US$ 4 millones, dejaron de ser tenidos en cuenta en la consideración futbolística hace varios torneos. Blondel incluso fue prestado a Huracán, pero la cesión no incluyó una venta definitiva, con lo cual Boca sigue siendo dueño del pase sin lograr capitalizarlo.

Darío Benedetto, ídolo y figura en su primera etapa, regresó a cambio de alrededor de US$ 7 millones y terminó rescindiendo, mientras que Guillermo “Pol” Fernández, adquirido por unos US$ 2 millones, también se marchó libre. Marcelo Saracchi, comprado por US$ 1,96 millones, fue cedido a préstamo y Cristian Lema, por quien se invirtieron US$ 500.000, dejó el club sin dejar retorno económico.

Las incorporaciones más recientes muestran la misma tendencia. Futbolistas como Kevin Zenón (US$ 3,405 millones), Tomás Belmonte (US$ 4 millones), Milton Giménez (US$ 4 millones), Brian Aguirre (US$ 5 millones), Agustín Martegani (US$ 2,6 millones), Juan Barinaga (US$ 3,165 millones), Carlos Palacios (US$ 4,8 millones), Ayrton Costa (US$ 3,5 millones), Rodrigo Battaglia (US$ 1,6 millones), Agustín Marchesín (US$ 1,5 millones), Alan Velasco (US$ 10 millones), Williams Alarcón (US$ 3 millones), Marco Pellegrino (US$ 3,8 millones), Malcom Braida (US$ 1,8 millones) y Leandro Paredes (US$ 3 millones) fueron sumados como apuestas fuertes para competir en el plano local e internacional, pero ninguno de ellos fue transferido hasta el momento.

Un modelo en cuestión: inversión sin ventas y presión financiera

A la nómina se suman Ángel Romero, quien llegó con el pase en su poder; Santiago Ascacibar, por quien se pagaron alrededor de US$ 3,2 millones más el préstamo de Brian Aguirre; y Leandro Lozano, incorporado por unos US$ 3,5 millones. En conjunto, el club destinó una suma millonaria en dólares para reforzar el plantel sin que, hasta hoy, se haya concretado una sola venta de un futbolista comprado en este ciclo.

  • No se registran transferencias salientes de jugadores adquiridos desde 2020.
  • Las únicas ventas provienen de juveniles o de refuerzos previos a la actual gestión.
  • Varios futbolistas rescindieron o se fueron libres, sin dejar un peso en concepto de traspaso.

El problema ya no es solo deportivo: Boca invirtió fuertes sumas sin recuperar capital mediante ventas, en un mercado local atravesado por la devaluación y las restricciones cambiarias, lo que obliga a los clubes a afinar al máximo su política de compras y ventas.

Este escenario abre un debate profundo en el mundo Boca: mientras la dirigencia defiende la competitividad del plantel y los títulos obtenidos en los últimos años, los números de mercado reflejan un modelo con serias dificultades para generar plusvalías. En un fútbol argentino cada vez más dependiente de la exportación de jugadores, la falta de ventas de las incorporaciones representa un desafío mayúsculo para el futuro económico de la institución xeneize.

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