Artritis reumatoidea: cuándo hay verdadero control de la enfermedad

Sentirse mejor no siempre equivale a tener la artritis controlada

NewsITe

La artritis reumatoidea (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica y autoinmune que afecta principalmente a las articulaciones de manos y pies, pero que también puede comprometer otros órganos. En Argentina, especialistas remarcan que, aun cuando el dolor disminuye y el paciente dice sentirse mejor, eso no siempre significa que la enfermedad esté realmente controlada.

En el marco del Día Mundial de la Artritis, que se conmemora cada 12 de octubre, reumatólogos y asociaciones de pacientes insisten en un cambio de paradigma: pasar de conformarse con un alivio parcial de los síntomas a fijar como meta la remisión o, al menos, una baja actividad de la enfermedad. Este enfoque se conoce como Treat to Target (T2T), o tratamiento orientado a objetivos.

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Según explican los especialistas, la remisión implica la ausencia de signos y síntomas de actividad inflamatoria significativa. No se trata solo de que el dolor sea tolerable, sino de reducir al mínimo la inflamación que, a largo plazo, puede producir daño articular irreversible, deformidades y pérdida de funcionalidad. Por eso, el seguimiento regular con el reumatólogo y los controles clínicos y de laboratorio resultan claves.

Controlar el dolor no alcanza: qué mirar además de los síntomas

El Dr. Gustavo Citera, jefe de la Sección Reumatología en el Instituto de Rehabilitación Psicofísica, señala que centrarse únicamente en el dolor ofrece una imagen incompleta del cuadro. La artritis reumatoidea involucra múltiples dimensiones: articulaciones dolorosas o hinchadas, fatiga, rigidez matinal, capacidad funcional, calidad de vida y, sobre todo, riesgo de progresión del daño articular.

“Hoy sabemos que podemos ser más ambiciosos. El objetivo es controlar la enfermedad de la manera más completa posible y, cuando las características de cada paciente lo permiten, buscar la remisión. Para eso es fundamental evaluar periódicamente la actividad de la enfermedad y mantener un diálogo abierto entre el paciente y su reumatólogo”, explicó Citera.

Persistir con dolor, inflamación, rigidez o limitaciones para actividades cotidianas —como vestirse, tomar objetos pequeños o caminar sin molestias— puede ser una señal de que el tratamiento debe revisarse. Los especialistas recomiendan no naturalizar estas dificultades como si fueran una consecuencia inevitable de la enfermedad.

La voz de los pacientes y el rol de los hábitos saludables

Mariana Cambiasso, fundadora y presidenta de ACAPER (Asociación Civil Argentina de Personas con Enfermedades Reumáticas), convive con la artritis reumatoidea desde hace 34 años. Atravesó cirugías y distintos tratamientos hasta alcanzar la remisión hace 14 años. Para ella, el camino incluyó adherir de forma sostenida a la medicación indicada, sumar hábitos saludables y redefinir proyectos personales y laborales.

“Adaptarse no debería significar conformarse. Vivir mejor también es poder recuperar actividades, hacer planes y hablar con el médico sobre qué objetivos podemos plantearnos con el tratamiento”, relata Cambiasso.

ACAPER impulsa campañas de concientización como “No se ve, pero está ahí”, presente en la vía pública de la Ciudad de Buenos Aires, para visibilizar que la artritis reumatoidea muchas veces no deja marcas evidentes a simple vista, aunque impacta de lleno en la vida cotidiana. El lema de la organización, “diagnóstico no es sentencia”, sintetiza la idea de que, con diagnóstico precoz, tratamiento adecuado y acompañamiento, es posible alcanzar un mayor control de la enfermedad.

Cuándo consultar y qué signos no pasar por alto

  • Dolor articular persistente, especialmente en manos y pies.
  • Inflamación o hinchazón de las articulaciones.
  • Rigidez al despertar que se prolonga durante más de 30 minutos.
  • Fatiga marcada o sensación de cansancio constante.
  • Dificultad para realizar tareas habituales, como abrir frascos o subir escaleras.

El Dr. Gustavo Rodríguez Gil, presidente electo de la Sociedad Argentina de Reumatología, subraya que quienes ya tienen diagnóstico no deben acostumbrarse a convivir con síntomas que pueden indicar actividad de la enfermedad. Controlar algunos signos puede ser solo una parte de la historia; la clave es preguntarse si se está alcanzando el objetivo terapéutico definido con el especialista.

Cuando se trata de artritis reumatoidea, mirar la “imagen completa” implica combinar medicación, controles periódicos, hábitos saludables y un vínculo activo entre paciente y equipo de salud. Sentirse un poco mejor es importante, pero hoy la medicina aspira a mucho más: lograr el mayor control posible de la enfermedad y, cuando se puede, la remisión.

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