Un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona reunió 124 dataciones de radiocarbono realizadas en 45 yacimientos. Los resultados muestran una presencia reiterada de comunidades humanas por encima de los 2.000 metros durante todo el Holoceno.

La arqueología en Pirineos reveló que distintas comunidades ocuparon las zonas de alta montaña durante los últimos 10.000 años. Los nuevos análisis contradicen la idea de que los primeros grupos humanos permanecieron exclusivamente en valles fértiles y cerca de los ríos, lejos de los sectores elevados e inhóspitos.
Investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona analizaron 124 dataciones de radiocarbono correspondientes a 45 yacimientos del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. El estudio, publicado en la revista ArcheoLogica Data, determinó que la presencia humana por encima de los 2.000 metros se mantuvo de manera reiterada durante el Holoceno, incluso en periodos de intensa variabilidad climática.
Desde hace dos décadas, el Grupo de Arqueología de Alta Montaña, dirigido por Ermengol Gassiot, desarrolla una investigación sistemática dentro del parque. El equipo documentó 380 yacimientos, entre ellos abrigos rocosos utilizados por grupos nómadas, posibles viviendas, monumentos funerarios y construcciones prehistóricas de piedra seca y madera.
Los investigadores también encontraron herramientas trasladadas desde lugares ubicados a más de 30 kilómetros. Estos materiales muestran la movilidad de las comunidades que recorrieron la alta montaña y las conexiones que mantuvieron con otros territorios durante la prehistoria.
“Los datos nos permiten rastrear esta información y revelan un hecho muy relevante: los yacimientos ubicados en zonas de alta montaña, lugares que para nosotros serían inaccesibles e inhóspitos, suelen presentar largos periodos de ocupación humana”, declaró Gassiot.
Una secuencia de ocupación que atravesó distintos periodos históricos
Los rastros más antiguos aparecieron en el Abric de les Obagues de Ratera, situado a 2.320 metros de altitud. El yacimiento conserva evidencias que abarcan desde el Mesolítico hasta los siglos XIX y XX, con ocupaciones correspondientes al Neolítico, el Calcolítico, las edades del Bronce y del Hierro y la Alta Edad Media.
“Esto es una secuencia temporal excepcional que muy pocos yacimientos de Cataluña tienen, no solo en la alta montaña”, indicó Guillem Salvador, coautor del estudio e integrante del Grupo de Arqueología de Alta Montaña. La continuidad registrada en el lugar permitió reconstruir diferentes formas de utilización del espacio a lo largo de miles de años.
La investigación determinó que uno de los periodos de mayor actividad ocurrió hacia el final del Neolítico, entre 5.300 y 4.500 años atrás. Los científicos también identificaron un aumento de la presencia humana durante la Antigüedad tardía y los comienzos de la Edad Media.
Las excavaciones realizadas en el Abric del Portarró, ubicado a 2.280 metros, permitieron descubrir las primeras evidencias de arquitectura prehistórica de la zona. Los arqueólogos encontraron estructuras de piedra seca y madera construidas hace aproximadamente 5.000 años.
Otro de los sitios estudiados fue la Cova del Sardo, situada a 1.780 metros de altitud. Allí, los especialistas reconstruyeron una prolongada secuencia de ocupación que comenzó hace unos 7.500 años.
La recopilación incorpora los informes de laboratorio, los contextos arqueológicos y el código empleado en el análisis estadístico. La información quedó disponible para la comunidad científica y el público general, con el objetivo de facilitar su comparación con los cambios climáticos y ambientales documentados en la región.
“Los datos publicados ahora en acceso abierto modifican la idea de que las áreas de alta montaña son espacios vírgenes y ponen de manifiesto la presencia humana continuada a pesar de los contextos de variabilidad climática”, subrayó Gassiot.
El hallazgo de Ötzi y el cambio en la arqueología de montaña
El descubrimiento de Ötzi, conocido como el “hombre de hielo” del Tirol, modificó la forma de estudiar la ocupación humana de las montañas europeas. Su cuerpo apareció en 1991 a más de 3.000 metros de altura y los análisis determinaron que murió hace alrededor de 5.300 años por el impacto de una flecha.
El hallazgo obligó a revisar la hipótesis que presentaba las zonas de alta montaña como territorios sin posibilidades de ocupación durante la prehistoria. A partir de entonces, diferentes investigaciones comenzaron a identificar vestigios humanos antiguos en sectores elevados de los Alpes, los Pirineos y los Cárpatos.
El trabajo iniciado por el Grupo de Arqueología de Alta Montaña en el año 2000 amplió esa revisión dentro del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Los descubrimientos permitieron establecer que el territorio registró una ocupación intensa y prolongada durante diferentes etapas históricas.
“Cuando Ötzi cruzó el glaciar Tisenjoch (y murió) hace unos 5.300 años, otras zonas de alta montaña, como el PNAESM, experimentaron un marcado aumento de la presencia humana por encima de los 2.000 metros”, explicó Gassiot en el estudio.
La investigación también mostró que muchas áreas frecuentadas actualmente por montañistas funcionaron como lugares de residencia y actividad durante milenios. Los restos incluyen viviendas, abrigos rocosos, monumentos funerarios, muros de piedra seca y círculos de piedra construidos sobre el suelo.
A 2.800 metros de altitud, los arqueólogos encontraron herramientas de sílex procedentes de un punto ubicado a 30 kilómetros. El traslado de esos objetos aporta información sobre la movilidad y las redes de intercambio de las comunidades prehistóricas.
La intervención humana transformó el paisaje de los Pirineos
Los resultados también modifican la interpretación del paisaje actual de la alta montaña catalana. Los investigadores sostienen que su configuración responde a una interacción prolongada entre las comunidades humanas, los bosques y las actividades ganaderas.
Hace dos milenios, las hayas y los robles dominaban los bosques de la vertiente sur de los Pirineos. En la actualidad, muchas de esas zonas presentan pinares, un cambio que Gassiot relacionó con la explotación forestal y la gestión ganadera.
“El hecho de que el bosque desaparezca hoy en día a una cierta altura es consecuencia de la práctica de la ganadería durante un largo periodo de tiempo, que habría hecho retroceder las zonas forestales”, afirmó el arqueólogo. Desde hace 5.300 años, la quema continuada de sectores boscosos para abrir pasturas también contribuyó a modificar el entorno.
La llegada de ovejas y la incorporación del cultivo de cereales profundizaron esa transformación. Ambas prácticas procedían de Oriente Próximo y fueron introducidas por las comunidades que se desplazaron hacia la región.
“Las ovejas eran animales importados del Oriente Próximo, porque no había ovinos para domesticar en la zona”, expuso Gassiot. Actualmente, la disminución de la ganadería extensiva permite que los bosques vuelvan a avanzar hacia sectores de mayor altitud.
Una base abierta para futuras investigaciones
El estudio desarrollado en Aigüestortes forma parte de un fenómeno arqueológico observado en distintas montañas europeas. En las últimas décadas, las investigaciones encontraron ocupaciones antiguas en territorios elevados que se extienden desde los Alpes hasta los Cárpatos.
El trabajo del Grupo de Arqueología de Alta Montaña y la Institució Milà i Fontanals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas indica que la ocupación de espacios de difícil acceso no fue exclusiva de los Pirineos. Los vestigios muestran que se trató de un patrón presente en diferentes regiones durante la prehistoria europea.
Parte de los hallazgos integra la exposición “Montañas en la Prehistoria. La arqueología en el Parc Nacional de Aigüestortes i l’Estany de Sant Maurici”, inaugurada en el Ecomuseu de les Valls d’Àneu. La muestra reúne vestigios que se remontan a 10.000 años y piezas correspondientes a periodos de hasta 3.000 años atrás.
La base de datos de carbono-14 ofrece por primera vez una serie sistemática de dataciones absolutas de una zona de alta montaña de los Pirineos. El material incluye los informes de laboratorio, los objetos analizados y el código utilizado para reconstruir los momentos de ocupación y las formas de utilización del espacio.
La publicación abierta permitirá comparar los registros arqueológicos con información climática y ambiental de otras regiones montañosas. Los datos documentan que las comunidades humanas ocuparon, recorrieron y transformaron los Pirineos durante miles de años, incluso bajo condiciones climáticas variables.

