El país registra el mayor nivel de préstamos en situación irregular de la región, mientras que el crédito representa apenas el 14,3% del PBI. La combinación expone las dificultades que atraviesan hogares y empresas para acceder al financiamiento formal.

La Argentina quedó al frente del ranking de morosidad bancaria de América Latina y, al mismo tiempo, ocupa el último lugar en profundidad crediticia. Los datos corresponden al primer trimestre de 2026 y fueron difundidos por la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban).
Según el relevamiento, el 7,3% de los préstamos otorgados al sector privado en la Argentina se encuentra en situación irregular, más del doble del promedio regional, que alcanza el 2,78%. El análisis contempla a 16 países de América Latina.
El contraste se profundiza al observar el volumen de crédito disponible en relación con el tamaño de la economía. En la Argentina, el crédito equivale al 14,3% del PBI, el porcentaje más bajo de la región, frente a un promedio latinoamericano del 47,3%.
La situación plantea una paradoja: el sistema financiero argentino tiene una participación reducida en el financiamiento de la economía y, dentro de ese universo limitado, presenta una proporción elevada de préstamos con dificultades de pago.
La morosidad también golpea a las familias
El deterioro no se limita a las empresas. La morosidad de los hogares viene mostrando un fuerte crecimiento y alcanza especialmente a los préstamos personales y las tarjetas de crédito.
Datos recientes señalan que la morosidad del sector privado con los bancos llegó al 7,6% en junio de 2026. Entre las familias, la irregularidad alcanzó el 12,8%, mientras que en las empresas se ubicó en el 3,5%.
El escenario también se refleja en el crecimiento del financiamiento a través de billeteras virtuales y fintech, que se convirtieron en una alternativa para sectores con mayores dificultades para acceder al sistema bancario tradicional.
La combinación de poco crédito y elevada morosidad representa un desafío para la economía argentina. Para ampliar el financiamiento será necesario, al mismo tiempo, mejorar el acceso al sistema formal y evitar que el endeudamiento de hogares y empresas continúe creciendo por encima de su capacidad de pago.

