Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, RSF ha identificado al menos a 100 periodistas víctimas de esta tecnología en 27 países, con consecuencias que van desde la difamación hasta el fraude, pasando por el peligro contra la integridad física. Los deepfakes también están marcados por la violencia de género: el 74% de los periodistas afectados son mujeres.

De la Redacción de EL NORTE
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Impulsados por el rápido auge de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG), los deepfakes, esos montajes digitales que usurpan la identidad de personas reales, se están imponiendo en el panorama informativo mundial. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha identificado de forma no exhaustiva, según una reciente publicación, al menos a 100 periodistas víctimas de esta tecnología en 27 países, con consecuencias que van desde la difamación hasta el fraude, pasando por el peligro contra la integridad física. Los deepfakes también están marcados por la violencia de género: el 74% de los periodistas afectados son mujeres. La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) y Laboratorio de periodismo, se han hecho eco de la alerta.
Cristina Caicedo Smit, periodista especializada en libertad de prensa para el medio internacional estadounidense Voice of America (VOA), descubrió en febrero de 2025 que su voz y su imagen habían sido utilizadas indebidamente en un deepfake. Dos vídeos difundidos en la plataforma X reprodujeron fielmente su voz y sus gestos ante la cámara. En ellos, la falsa voz de la periodista arremetía violentamente contra Donald Trump y Elon Musk, todavía al frente de DOGE, el Departamento de Eficacia Gubernamental de Estados Unidos, y defendía enérgicamente a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), una institución entonces atacada constantemente por la administración Trump antes de ser directamente desmantelada. “La estrategia de desinformación siempre ha sido hacer pasar a VOA, un medio público en el punto de mira de Donald Trump, por un actor militante contra el presidente estadounidense”, notan desde RSF. El caso de Cristina Caicedo no es en absoluto aislado: en 24 meses, entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, RSF ha contabilizado a 100 periodistas víctimas de al menos un deepfake en 27 países del mundo.
MANIPULACIÓN
La voz y el rostro de Pedro Benevides, presentador del canal portugués TV1, fueron manipulados en un vídeo que circuló por Facebook: una voz sintética, mal sincronizada con el movimiento de sus labios, le hacía afirmar que el Gobierno portugués conspiraba con la industria farmacéutica para imponer la vacunación contra la COVID-19
El medio francés de información internacional Radio France internationale (RFI), así como varios de sus periodistas, también fueron objeto de una usurpación de identidad visual en la República Democrática del Congo, en junio de 2025. “Este deepfake, con fines de desestabilización política, fue ampliamente considerado como un vídeo auténtico y generó numerosos comentarios”, señalaron desde la organización que advierte sobre esta práctica cada vez más generalizada.
“Los deepfakes políticos siguen siendo demasiado difíciles de rastrear, y es muy difícil que sus autores sean llevados ante la justicia. Después de ser víctima de una grabación de audio falsa destinada a hacer creer que estaba tramando un fraude electoral en 2023, la periodista eslovaca Monika Todova presentó una denuncia por difamación. Fue interrogada en marzo de 2024. Desde entonces, la investigación se ha estancado hasta que la policía, incapaz de encontrar al autor, ha archivado el caso”, marcaron.
IMPACTO EN LA ACTIVIDAD
“El mayor temor -según confiaron los periodistas en la investigación de RSF- es, sobre todo, ver cómo se utiliza su imagen para manipular a su propia audiencia”. El calvario de Leanne Manas, rostro emblemático de la cadena sudafricana South African Broadcasting Corporation (SABC), es una prueba escalofriante de ello. Objeto de una avalancha de deepfakes, la periodista aparece en anuncios falsos de productos farmacéuticos o estafas con criptomonedas, a veces mediante publicaciones patrocinadas en Facebook. Algunos contenidos incluso anuncian su encarcelamiento para engañar a los internautas.
Como consecuencia de este accionar, `las víctimas, convencidas de la veracidad de los contenidos, acuden a su lugar de trabajo para pedirle explicaciones o la inundan de mensajes —hasta 50 al día, según ella— reclamando una indemnización por los daños sufridos tras clicar en enlaces fraudulentos o, por el contrario, solicitando asesoría de inversión. La policía incluso acudió a interrogarla a su trabajo después de que se presentase una denuncia contra ella`.
`Ante el pánico suscitado por los deepfakes, algunos periodistas se plantean ralentizar su actividad profesional, o incluso tomarse un descanso`. Cristina Caicedo Smit, que publicaba un vídeo semanal sobre libertad de prensa, explicó a Reporteros Sin Fronteras que dejó de grabar vídeos durante dos semanas tras descubrir los deepfakes. Al reanudar su actividad, ella y su equipo idearon nuevas formas de producir sus vídeos, con la esperanza de reducir su exposición en Internet y limitar el riesgo de que su imagen volviera a ser utilizada en otros deepfakes.
VIOLENCIA DE GÉNERO
En los diferentes casos analizados por RSF, las mujeres representan el 74% del total de periodistas afectados por deepfakes. Y de ellas, el 13% ha sido objeto de contenidos de carácter pornográfico. Estos ataques se suman a un acoso ya masivo y estructural, como el que sufre la periodista Rana Ayyub, blanco desde hace años de campañas de odio.
“En Argentina, Julia Mengolini, periodista y fundadora de la emisora independiente Futurock y blanco predilecto de la extrema derecha de su país, fue víctima de un deepfake pornográfico particularmente violento y abyecto, en el que se escenificaba, con fines denigrantes, una relación incestuosa con su hermano. Aún peor: el presidente argentino, Javier Milei, contribuyó a amplificar esta campaña al compartir una publicación en la que se burlaba de los intentos de la periodista por poner fin a este acoso. Siempre combativa, Julia Mengolini presentó una denuncia contra el jefe del Estado y varias figuras de su entorno”, indicaron desde RSF.
Los deepfakes pornográficos suelen formar parte de campañas de ciberacoso dirigidas a mujeres periodistas, más expuestas que sus colegas masculinos, como ha documentado el informe.
En Francia, la periodista del medio Blast, Salomé Saqué, es una de las víctimas más mediáticas de estos ataques, cuyas repercusiones en su trabajo denuncia, al tiempo que pide que se regulen.
CONTROL Y RECOMENDACIONES
Las redes sociales son el trampolín para la difusión de deepfakes. Y no todas las plataformas colaboran en la lucha contra estos contenidos de desinformación. Si bien algunos periodistas contactados por RSF reconocieron que sus interlocutores, por ejemplo en Meta, retiraron rápidamente los contenidos maliciosos, otros, como Julia Mengolini, afirman tener enormes dificultades para lograr su atención. RSF ha podido constatar que todavía es posible encontrar en la plataforma cuentas que comparten imágenes del deepfake que la afecta o extractos del mismo.
Incluso una vez eliminados, los deepfakes pueden reaparecer en tan solo un instante.
“Para proteger el derecho a la información, el marco jurídico actual no es suficiente. RSF hace un llamamiento a las plataformas para que asuman su responsabilidad: deben reforzar la moderación y señalar explícitamente cualquier producción generada por inteligencia artificial. Es la única condición para limitar la capacidad de daño de estos contenidos y proteger el derecho a la información de los ciudadanos”, expresaron.
Entre las recomendaciones de RSF para frenar la amenaza de los deepfakes, se encuentran: generalizar la adopción de normas técnicas de trazabilidad por parte de los grupos mediáticos (marcado de sus contenidos), obligar a las plataformas a integrar mecanismos de certificación de la autenticidad de los contenidos y establecer un delito específico para los deepfakes maliciosos.

