Abejas inteligentes: investigadores revelaron que aprendieron a evitar el polen contaminado con agroquímicos

Abejas que aprenden: hallan cómo evitan el polen con agroquímicos

Abeja recolectando polen en una flor

NewsITe

Un equipo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) demostró que las abejas melíferas son capaces de aprender a evitar el polen contaminado con agroquímicos, lo que podría funcionar como un mecanismo natural de defensa frente a la creciente presión de pesticidas en los ecosistemas agrícolas.

La investigación fue desarrollada en el Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental (DBBE) por Catalina Hunkeler, Rocío Lajad, Walter Farina y Andrés Arenas, y sus resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Scientific Reports. El trabajo aporta evidencias sobre la capacidad de estos insectos sociales para discriminar entre alimentos sanos y contaminados, y ajustar así su dieta.

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Para el estudio, las y los investigadores expusieron a abejas jóvenes a dos fuentes de alimento: un polen contaminado con agroquímicos y otro libre de contaminantes. Sin forzarlas ni entrenarlas de manera artificial, observaron sus elecciones y cómo estas cambiaban con el tiempo. Al inicio, los insectos consumían ambos tipos de polen de forma indistinta. Sin embargo, tras un período de exposición, comenzaron a mostrar una clara preferencia por el polen no contaminado.

Glifosato e insecticidas bajo la lupa

El equipo trabajó con dos compuestos muy presentes en ambientes rurales: el glifosato, un herbicida ampliamente utilizado, y el imidacloprid, un insecticida neonicotinoide. En el caso del glifosato, se sabe que altera la microbiota intestinal de las abejas y puede provocar síntomas asociados a desbalances digestivos, como diarrea y debilitamiento general. El imidacloprid, por su parte, tiene efectos neurotóxicos y afecta la sensibilidad gustativa, el aprendizaje, la memoria y la orientación.

En los ensayos se utilizaron pólenes de dos plantas florales distintas, colza y una flor amarilla, que difieren en olor, sabor y color. Las abejas fueron colocadas en cajas de acrílico transparente, de unas 80 por caja, donde podían elegir libremente entre dos muestras: una contaminada con alguno de los pesticidas y otra sin contaminar, ambas en concentraciones comparables a las halladas en el ambiente.

La clave está en la memoria de las abejas

Tras comprobar que las abejas modificaban su consumo en favor del polen limpio, el siguiente paso fue determinar si ese comportamiento se debía a un verdadero aprendizaje, es decir, a la formación de una memoria asociada al alimento más adecuado.

Para ello, las abejas que ya habían participado en la primera experiencia fueron colocadas en nuevas cajas donde se les ofrecieron nuevamente polen de colza y polen de flor amarilla, pero esta vez sin ningún tipo de contaminante. Al no haber agroquímicos presentes, cualquier preferencia debía explicarse por lo vivido previamente.

Según explicó Arenas, los distintos grupos de abejas tendieron a elegir el polen que en la experiencia anterior habían asociado como “más adecuado” o menos dañino. En términos prácticos, evitaban el tipo de polen que antes había estado contaminado, lo que sugiere que recordaban cuál alimento les había generado malestar y ajustaban su conducta en consecuencia.

Implicancias para la salud de las colmenas y la producción

  • Las abejas jóvenes, encargadas de alimentar a las larvas, podrían reducir la entrada de polen contaminado al interior de la colmena.
  • Este mecanismo de aprendizaje funcionaría como una barrera biológica frente a la exposición crónica a pesticidas.
  • La capacidad de discriminación alimentaria podría mejorar las chances de supervivencia en paisajes agrícolas fuertemente intervenidos por la actividad humana.

“Observamos que, al principio, los individuos consumían indistintamente el polen contaminado y el polen sin contaminar. Pero, al cabo de un tiempo, podían discriminar cuál era el polen que estaba contaminado (…) y entonces sesgaba su consumo hacia el otro polen”, explicó el investigador Andrés Arenas.

Si bien este comportamiento adaptativo no elimina el riesgo que representan los agroquímicos para los polinizadores, abre una ventana de esperanza sobre la resiliencia de las abejas en ambientes hostiles. Las y los especialistas advierten, de todos modos, que reducir el uso de pesticidas y promover prácticas agrícolas más sustentables sigue siendo una condición clave para proteger a estos insectos esenciales para la producción de alimentos y la conservación de la biodiversidad.

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