Un día como hoy de 2006 fallecía el periodista que acompañó a través de las páginas de Diario EL NORTE y de las inolvidables transmisiones radiales de la época los progresos deportivos de las instituciones de San Nicolás en el básquetbol de la región y del país. Tenía 65 años.

Aquel 26 de septiembre de 2006, mientras la ciudad aún era cubierta por el aura de la Fiesta Mariana, fallecía a los 65 años Silvio Pedro Bonofiglio, el periodista que acompañó a través de las páginas de Diario EL NORTE y de las inolvidables transmisiones radiales de la época los progresos deportivos de las instituciones de San Nicolás en el básquetbol de la Argentina, en las décadas del ´80 y ´90; y también en los albores de este nuevo siglo, el que marcó su partida para volar hacia la eternidad.
Es que en cada artículo que, en todas sus expresiones, este medio publica al día de hoy relacionado con el básquet nicoleño está la huella de Silvio; aparece su legado, firme e inalterable. Porque aquel que, en la actividad en la cual se desarrolla, aun pudiendo equivocarse, obra con profesionalismo, seriedad, entusiasmo, voluntad y, sobre todo, buena fe -como él lo hacía- siempre termina ganándose el respeto de los que lo rodean. Eso le sucedió a Silvio, quien supo sortear los obstáculos de una profesión maravillosa pero por momentos ingrata y se convirtió en un referente en el mundo de la anaranjada en la región.
Bonofiglio nació el 7 de abril de 1941 en Rosario. Luego residió en Córdoba, en donde fue comerciante; hasta que se radicó en San Nicolás. A fines de los ´60 se incorporó a LT 24, en la que trabajó por casi veinte años, inclusive llegando a ser Jefe de Locutores, aunque cumpliendo varias funciones periodísticas a su vez, en el área política y de opinión, por ejemplo. Las transmisiones de esa época en la radio se abrían con su voz; y muchas veces también se cerraban con ella, apoyada en un tono inconfundible y distinguido. Volcó luego su pasión por el deporte, encabezando, como comentarista, las coberturas de básquet en la emisora junto al equipo “Carlos Cerutti”, acompañado en los relatos, en diferentes ciclos, por su hijo Luis Pedro, “Pedrín” (radicado en España y presentador oficial del equipo de básquet del Real Madrid) y Raúl “Buby” Lavecchia, junto a las presencias de “Beto” García, Fernando Wagner, Alfredo Eseverri, Oscar Clementini y “Angelito” Maiztegui. Más tarde, una vez creada Radio U comenzó a seguir desde dicha señal las campañas de Regatas (por el que simpatizaba) y de Belgrano, yendo a la par de sus conquistas de esos tiempos (por entonces ya acompañado también por Juan Manuel Lazzarino, Carlos Bertossi o Ignacio Arámburu). Ya como parte del staff periodístico de EL NORTE, Bonofiglio le dio todavía más visibilidad de la que tenía a una disciplina en constante crecimiento, ocupándose de los resultados y de las estadísticas de todo torneo que se jugara en San Nicolás o en la zona, en Primera División o en Inferiores, sin dejar de lado su rigurosidad y compromiso al tratar una u otra noticia. Cuando ni siquiera se hablaba de redes sociales.

Anotador y lapicera en mano, con un físico que se fue deteriorando de a poco, Bonofiglio, bonachón, pero serio y de pocas palabras, trabajó hasta que su cuerpo se lo permitió; en la redacción y en las canchas. Fue un laburante incansable. En cama y ya debilitado, con las energías que le quedaban, hasta redactó una nota para que la acercara al diario su esposa, Susana (con quien se había casado en 1969, madre de Luis Pedro y de María Emilia, su hija).
Una noche apagó su computadora, se levantó de su silla y se fue alejando de su escritorio de la segunda fila, ubicado junto a la ventana. Fue uno de los últimos en retirarse de su puesto, cuando ya el miércoles había pasado a ser jueves al calor de un partido de básquet, como casi todos los días (y ante la inquieta espera de los correctores y armadores). A paso lento fue bajando las escaleras, en silencio; como si no hubiese querido despedirse. Sin embargo, ese callado adiós fue el definitivo. Silvio ya no volvió a andar por acá. O, mejor dicho, no de la manera como se lo veía. Porque estar, está.

