Mientras vuelve a discutirse la continuidad de la Ley de Etiquetado Frontal, especialistas en nutrición advierten sobre el impacto que tuvo la medida en los hábitos de consumo y en el acceso a información clara sobre los alimentos. La licenciada en Nutrición Patricia Chávez analizó el escenario actual y señaló que el debate excede a los octógonos negros, ya que también involucra regulaciones sobre publicidad, escuelas y compras públicas.

De la redacción de EL NORTE
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En las últimas semanas volvió a instalarse el debate sobre la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida popularmente como ley de etiquetado frontal. La discusión surgió luego de que el Poder Ejecutivo impulsara un proyecto para derogarla, una iniciativa que generó cuestionamientos de organizaciones científicas, profesionales de la salud y entidades vinculadas a la nutrición.
La licenciada en Nutrición Patricia Chávez explicó que quienes promueven cambios en la normativa sostienen que el sistema actual de sellos “es binario” y que, al utilizar parámetros de la Organización Panamericana de la Salud, muchos productos terminan teniendo advertencias similares. Sin embargo, señaló que buena parte de la comunidad científica defiende la ley por considerar que permitió transparentar información que antes resultaba difícil de comprender para la mayoría de los consumidores.
“Antes de la ley, solo el 13 por ciento de la población entendía la tabla nutricional tradicional. Hoy más del 55 por ciento utiliza los sellos como referencia habitual”, afirmó la especialista. Según indicó, los datos oficiales también muestran cambios en los hábitos de compra, especialmente en productos como bebidas, yogures y galletitas.
En la industria
Además, Chávez sostuvo que la implementación de los sellos también generó modificaciones dentro de la propia industria alimenticia. “Muchas empresas reformularon productos reduciendo grasas, sodio o azúcares para evitar advertencias en los envases”, explicó. Aunque aclaró que esos cambios no se dieron de manera uniforme, consideró que la ley impulsó una mayor discusión pública sobre la composición de los alimentos y el consumo cotidiano.
La nutricionista remarcó además que la normativa no se limita únicamente a los octógonos negros impresos en los envases. “La ley también regula entornos escolares, restringe publicidad dirigida a chicos y ordena compras públicas del Estado”, explicó. En ese sentido, especialistas y organizaciones vinculadas a la salud sostienen que una eventual derogación implicaría “un retroceso en el derecho a la información”.
Chávez señaló que el debate actual también coincide con cambios más amplios en la forma de pensar la alimentación. Explicó que la tradicional pirámide nutricional fue quedando atrás y que hoy las guías alimentarias ponen el foco no solo en calorías o grasas, sino también en el grado de procesamiento de los alimentos.
En ese marco explicó que actualmente se busca promover una alimentación basada en alimentos reales, con mayor presencia de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, además de reducir el consumo de ultraprocesados. También destacó que el agua pasó a ocupar un lugar central dentro de las recomendaciones alimentarias, desplazando a las bebidas azucaradas y saborizadas.
Contexto
En relación al contexto económico, Chávez advirtió que muchas familias terminan priorizando alimentos rendidores y de menor costo por sobre opciones de mayor calidad nutricional. “La elección alimentaria no depende solo de la voluntad individual, sino también del poder adquisitivo y del acceso real a alimentos frescos”, sostuvo.
La especialista también mencionó que actualmente existe una sobrecarga de información sobre alimentación en redes sociales, muchas veces sin respaldo científico. Frente a eso, recomendó evitar soluciones mágicas o dietas extremas que eliminan grupos enteros de alimentos y señaló que una alimentación saludable no depende de productos “light”, suplementos o fórmulas rápidas.
Por último, consideró que la organización diaria también juega un papel importante en los hábitos alimentarios. Preparar viandas, planificar comidas y tener opciones simples disponibles en casa puede ayudar a reducir el consumo de productos ultraprocesados o comidas rápidas vinculadas a la falta de tiempo.

