Diego Ramos reveló cómo superó sus complejos físicos

NewsITe
Diego Ramos abrió su intimidad en una reciente entrevista radial y contó cómo fue su relación con el cuerpo a lo largo de los años. Lejos de la imagen segura y relajada que suele transmitir en televisión y teatro, el actor reconoció que durante mucho tiempo convivió con fuertes complejos vinculados a su extrema delgadez.
En diálogo con Mario Pergolini en el programa Otro día perdido, el artista repasó distintas etapas de su carrera, desde su trabajo más reciente como director teatral hasta su participación en el fenómeno escénico Sex, de José María Muscari, espectáculo en el que estuvo siete años. Allí, Ramos aclaró que, a diferencia de su personaje, no se considera una persona especialmente “sexual” y marcó distancia con ciertos estereotipos sobre los artistas: “Hay algo en el bailarín y en otros artistas que son más toquetones, yo no”, afirmó.
Actualmente, el actor se encuentra enfocado en su rol de director en la obra Adán y Eva, protagonizada por Patricia Palmer y Mario Pasik en el teatro Picadilly. Según contó, fue el propio elenco el que lo convocó para ponerse al frente del proyecto, confiando en su experiencia y en el vínculo profesional que ya tenían construido.
Complejos, disciplina y una mirada funcional sobre la comida
Al abordar el tema de su físico, Ramos recordó que, de joven, su mayor problema era la dificultad para subir de peso. “Era muy delgado, empecé a cambiar porque no podía subir de peso, incluso tenía complejos por mi delgadez”, relató. En ese contexto, confesó que solía recurrir a un truco para disimularlo: se ponía varias capas de ropa con el objetivo de aparentar mayor volumen corporal.
Con los años, esa inseguridad dio paso a una rutina mucho más ordenada y consciente. “Soy muy metódico”, reconoció, dejando en claro que su actual estado físico es producto de constancia, disciplina y una mirada casi “técnica” sobre la alimentación. Para él, comer no es un premio ni un capricho, sino parte de un sistema que le permite sostener su rendimiento laboral y su bienestar general.
“Comer no es un lujo para mí, es nafta para el cuerpo, lo tomo como una necesidad”, resumió Ramos, al explicar que prioriza lo que considera funcional para su organismo y su actividad. Aun así, se permite algunos gustos: contó que una de sus comidas favoritas es el mondongo, un plato que lo conecta directamente con recuerdos familiares y con la cocina de madres, esa que suele remitir a la infancia y a los encuentros alrededor de la mesa.
“Incluso tenía complejos por mi delgadez, me ponía capas de ropa para parecer más voluminoso”, recordó Diego Ramos al hablar de su relación con el cuerpo.
Entre la autoexigencia propia de la profesión, el paso por espectáculos de alto impacto como Sex y su presente como director, la charla dejó ver a un Diego Ramos reflexivo, que logró transformar antiguos complejos en una forma más equilibrada de cuidar su cuerpo, sin perder de vista el costado humano y emotivo que todavía le despierta la comida casera y el recuerdo del hogar.

