Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Jn 20, 19-23)

Por Monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
“Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y, poniéndose en medio de ellos, les dijo: ‘¡La paz esté con ustedes!’. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ‘¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes’. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: ‘Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan’.
Palabra del Señor.
Padre y Amigo
Celebramos Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Hace dos domingos, Jesús decía en el Evangelio: “No los dejaré huérfanos, les enviaré el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo, que los cristianos recibimos en el bautismo, interioriza nuestra relación con Dios, ya que se une a nuestro espíritu haciéndonos hijos, por lo cual llamamos a Dios “Abba”, es decir: “Padre”. Desde nuestro bautismo, Dios es nuestro Padre, protector y guía; eso nos da paz y nos hace creativos e ingeniosos para el gesto bueno con los demás, a quienes consideramos nuestros hermanos.
Nos guía con su auxilio
El Espíritu Santo, además de hacernos hijos de Dios, nos regala sus siete dones para que podamos pensar, sentir y actuar como Jesús. “Sabiduría”, que viene del latín “sapere”, es el don que nos da el gusto y la alegría de concretar el gesto bueno; por eso, perfecciona nuestro amor al prójimo. El don de “Inteligencia”, del latín “intus légere”, significa “leer dentro”. El don de inteligencia profundiza nuestro conocimiento de las personas, de Dios y sus misterios; hace crecer nuestra fe. El don de “Ciencia” nos hace ver en la creación vestigios de Dios: su poder, su belleza y su bondad —es un don que desarrolló mucho san Francisco de Asís, el cual llamaba “hermanas” a las cosas creadas—; nos ayuda a ver la creación como la “casa común” y a cuidarla; perfecciona nuestra esperanza en un final feliz. El don de “Fortaleza” nos ayuda a llevar con paciencia los desafíos y sufrimientos de la vida sin quebrarnos ni sucumbir a la desesperanza. El don de “Piedad” nos hace sentir a Dios como alguien cercano y a dialogar con Él todos los días, alabándolo, dándole gracias por la vida, la salud, los hijos y el trabajo; nos ayuda a vivir con gusto sus mandamientos como consejos de sabiduría que nos guían por un camino que nos hace nobles y valiosos como personas. El Padre Nuestro es la oración que expresa estos sentimientos. El don de “Temor de Dios” —no hace referencia al miedo— viene a perfeccionar la virtud de la templanza para que evitemos los excesos en las comidas y bebidas, evitando que nos dañen la salud y que perdamos la conducción sensata de nuestra persona, poniéndonos violentos o imprudentes en relación con los demás. De hecho, detrás de la violencia familiar y los accidentes viales, muchas veces está la adicción al alcohol o a la droga, excesos que nos quitan el autodominio de nuestras personas.
Hacia lo que es bueno, noble y justo
El Espíritu Santo, desde dentro de nosotros y de manera libre, nos guía hacia todo lo que es bueno, noble y justo, dándonos empatía y generando amor social. Los cristianos sabemos que tanta creatividad para ayudar a las personas más vulnerables son inspiración del Espíritu Santo. Soy testigo de sacerdotes y sus equipos de colaboradores que, desde Caritas, preparan diariamente una cantidad importante de viandas que gente humilde lleva a su familia porque se ha quedado sin trabajo o la realidad los ha sometido a la indigencia y no tienen para comer; hay psicólogos y trabajadores sociales que voluntariamente ofrecen su ayuda para acompañar a jóvenes adictos a las drogas en su recuperación. Otros voluntarios dan apoyo escolar a niños vulnerables en centros de día; otras parroquias tienen hogares para varones o mujeres en situación de calle. Hay que mencionar también a tantos empresarios que, con creatividad y audacia, sostienen sus empresas en momentos socioeconómicos difíciles con la conciencia de que están sosteniendo en dignidad a muchas familias. Es el Espíritu Santo, Espíritu Bueno de Dios, que desde dentro nos inspira para darnos una mano y estar presente cuando más lo necesitábamos. ¡Bienvenido, Espíritu Santo! Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Buen domingo!

