Inflación: señales de desaceleración y desafíos hacia 2025

La baja de la inflación abre una nueva etapa, pero con desafíos

Billetes de peso argentino y gráfico de inflación

NewsITe

La variación de precios de abril marcó el primer freno significativo tras diez meses de aceleración y abrió la puerta a un escenario desinflacionario en la Argentina. El dato, mejor de lo previsto por buena parte de las consultoras privadas, fue recibido con alivio por el Gobierno nacional, que busca sostener una tendencia a la baja del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en los próximos meses.

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Si bien el oficialismo había planteado la posibilidad de alcanzar registros mensuales por debajo del 2% más temprano, en el corto plazo luce difícil quebrar ese piso. Sin embargo, economistas señalan que el proceso de reordenamiento de precios relativos y la moderación de algunos factores externos permiten pensar en un horizonte más constructivo para la inflación, siempre y cuando no reaparezcan shocks importantes.

Un informe reciente de la Fundación Libertad, elaborado por el economista Joaquín Aránguiz, destaca que en abril los precios regulados avanzaron 4,7%, empujados sobre todo por combustibles, mientras que la inflación núcleo se ubicó en apenas 2,3%. Esta brecha refleja que los ajustes administrados siguen presionando, pero el ritmo del resto de los precios comienza a ceder.

Otro dato clave es la diferencia entre bienes y servicios. En los últimos doce meses, los bienes acumulan una suba de 27,4%, contra 43,1% de los servicios. Este desfasaje muestra que la recomposición de tarifas y algunos consumos específicos todavía están en proceso de corrección, mientras que otros rubros ya se acercan a una dinámica más estable.

Precios relativos, comparación con 2019 y herencia 2023

Según la Fundación Libertad, la actual estructura de precios relativos exhibe un mayor grado de alineamiento si se la compara con 2019. El contraste es fuerte respecto de 2023, último año de gestión del Frente de Todos, cuando las distorsiones eran mucho más marcadas: vestimenta y calzado se encontraban alrededor de un 35% por encima de su nivel “histórico”, mientras que vivienda, agua, electricidad y gas se situaban 40% por debajo.

Este reordenamiento es central para sostener en el tiempo cualquier intento de estabilización. Cuanto más equilibrados estén los precios relativos —es decir, la relación entre lo que valen distintos bienes y servicios entre sí— menor es la necesidad de aplicar nuevos “tarifazos” o correcciones bruscas que reaviven la inflación o consoliden la inercia.

El informe remarca que el proceso no está exento de tensiones sociales y políticas, dado que la corrección de tarifas y servicios públicos impacta de lleno en el bolsillo de los hogares. No obstante, los autores afirman que avanzar en esa dirección es condición necesaria para lograr una desinflación sostenible y evitar ciclos recurrentes de atraso y salto de precios.

Lo que enseñan Chile, Israel y otros países

La experiencia internacional muestra que bajar la inflación de manera duradera es un camino largo. Casos como Chile, Israel, Polonia, Perú y Uruguay son citados como ejemplos exitosos de programas de estabilización. Allí, las políticas desinflacionarias demandaron entre 8 y 10 años con inflaciones anuales consistentemente por debajo del 10% para consolidarse.

En la comparación, el programa argentino actual recién transita su mes 28, mientras que los procesos exitosos analizados promediaron 124 meses. Uruguay necesitó 103 meses, Perú 89, Polonia 116 e Israel 151. Estas cifras dan la dimensión del desafío local y del tiempo que requiere cambiar expectativas y conductas de fijación de precios y salarios.

Los especialistas advierten, además, que los episodios de desinflación rara vez son lineales: suelen registrarse interrupciones, repuntes transitorios y luego retornos a la trayectoria descendente. La convertibilidad de los años noventa aparece como la gran excepción local, aunque su final abrupto funciona también como recordatorio de los riesgos de ataduras cambiarias rígidas.

Combustibles, Medio Oriente y el rol del contexto internacional

El frente externo se volvió un factor clave en los últimos meses. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente impulsó el precio internacional del petróleo, que llegó a superar los US$ 100 por barril, con una revalorización superior al 50%. Ese salto se tradujo en mayores costos de los combustibles y, por arrastre, en aumentos de transporte y logística.

Aun con el congelamiento parcial de YPF por 45 días, la petrolera aplicó un ajuste del 1% y los analistas proyectan que el traslado total del shock externo supera el 15%. De repetirse episodios similares, la desaceleración inflacionaria podría encontrar nuevos obstáculos. Sin embargo, Aránguiz plantea que, si el conflicto se encauza y el crudo corrige a la baja, parte de ese impacto podría revertirse.

En ese escenario, el combo de tipo de cambio estable, precios relativos más ordenados y un contexto internacional menos tenso configuraría un entorno “más constructivo” para seguir bajando la inflación. El interrogante pasa por la capacidad del Gobierno de sostener el ancla cambiaria y fiscal sin profundizar la recesión.

Expectativas, 2% mensual y el termómetro del REM

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central sugiere que la inflación recién podría perforar el piso del 2% mensual a partir de agosto, lo que implica un retraso respecto de las metas políticas del oficialismo. El riesgo es que varios meses con registros cercanos a ese nivel consoliden una “zona de confort” para formadores de precios y negociadores salariales.

“El problema de tantos meses con inflación en torno al 2% es que los agentes podrían haber internalizado esta cifra dentro de sus expectativas”, advierten desde la Fundación Libertad. Esa inercia podría sostenerse, sobre todo, a través de nuevos ajustes en precios regulados, aun cuando el resto de los componentes del IPC se muestren más tranquilos.

Los próximos meses serán decisivos para confirmar si el actual proceso desinflacionario logra profundizarse sin sobresaltos o si aparecen nuevos focos de tensión que obliguen a recalibrar la estrategia. Por ahora, el dato de abril ofrece un alivio y una señal de que, pese a las dificultades, la pelea contra la inflación entra en una fase distinta.

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