El avance del sobrepeso revela profundas diferencias en todo el mundo: mientras que en los países desarrollados las tasas tienden a estabilizarse, en regiones como América Latina el aumento es sostenido y preocupante, según un análisis de datos poblacionales publicado en la revista Nature. En Argentina, la prevalencia llegó al 22% en niñas y niños, y se mantuvo alta en adultos (39% en mujeres y 37% en hombres).

Según un reciente análisis de Nature, el aumento de la obesidad se estabilizó en la mayoría de los países desarrollados, mientras que en las naciones de ingresos bajos y medios la tendencia continúa al alza, con diferencias marcadas entre regiones, grupos de edad y género.
En el mundo, la obesidad dejó de ser un fenómeno exclusivo de los países desarrollados. Los datos recopilados por una red internacional de casi 2000 investigadores, publicados en Nature, señalan que la prevalencia de la obesidad aumentó en casi todos los países entre 1980 y 2024, pero la velocidad y magnitud del fenómeno varían de manera significativa. En los países de altos ingresos, la aceleración inicial entre niños y adolescentes se desaceleró en la década de 1990 y, en muchos casos, se estabilizó a partir de la década de 2000. En adultos, esta estabilización llegó aproximadamente una década después, aunque con prevalencias que se mantienen en niveles críticos.
De acuerdo con el equipo internacional liderado por Majid Ezzati, profesor de salud ambiental global en el Imperial College de Londres, en la mayoría de los países de altos ingresos la obesidad ha dejado de crecer aceleradamente y en algunos casos comenzó a disminuir. Así ocurre, por ejemplo, en Francia, Italia y Portugal, donde se han registrado descensos leves en la última década. En Estados Unidos y el Reino Unido, aunque los niveles siguen siendo de los más altos del mundo (40-43% y 27-30% en adultos, respectivamente), el ritmo de crecimiento se ha desacelerado.
Por contraste, en la mayoría de los países de ingresos bajos y medios, la prevalencia de obesidad no solo sigue aumentando, sino que en muchos casos se intensifica. El estudio destaca que la variación anual absoluta de la prevalencia se ha mantenido estable o ha crecido, y en numerosos países emergentes la obesidad ya supera las tasas históricas de los países desarrollados. Este fenómeno se observa especialmente en regiones de África, Asia, América Latina y el Caribe.
América Latina
Según datos del NCD Risk Factor Collaboration, la prevalencia de obesidad en adultos supera el 30% en países como Brasil, Rumania y República Checa. En Brasil, el incremento se aceleró en todos los grupos de edad y alcanzó el 17% en niñas, 18% en niños, 35% en mujeres y 27% en hombres. En México, la obesidad en niñas y niños parece haberse ralentizado (16% y 21%, respectivamente), pero en adultos las cifras continúan creciendo (43% en mujeres y 34% en hombres).
En Argentina, la prevalencia llegó al 22% en niñas y niños, y se mantuvo alta en adultos (39% en mujeres y 37% en hombres). En Perú, el fenómeno también es creciente: 15% en niñas, 19% en niños, 34% en mujeres y 26% en hombres. En Colombia, la obesidad aumentó especialmente entre los más jóvenes.
Malnutrición y abordaje
La obesidad es la forma más frecuente de malnutrición porque la mayoría de las personas que la padecen carecen de nutrientes esenciales como vitaminas y minerales.
Otro estudio publicado en The Lancet precisó que “desde 2018, los informes internacionales ya hablaban de 850 millones de desnutridos en el mundo, 2000 millones de personas con hambre oculta —es decir, con peso adecuado o elevado, pero con carencia de micronutrientes— y cerca de dos mil millones con sobrepeso, incluyendo obesidad”.
Los especialistas coinciden en que el origen de la epidemia es multicausal y depende de la interacción entre factores individuales, ambientales, sociales y tecnológicos.
La respuesta debe ser integral y multisectorial, con alimentos de calidad, inclusión de propuestas como que el etiquetado frontal de los alimentos también incluya a los alimentos de panadería, delivery o productos frescos, educación nutricional en escuelas y comunidades, regulación de publicidad de alimentos no saludables y espacios públicos que inviten a la actividad física.

