El debate por el fin de las primarias abre una nueva pulseada
NewsITe
La decisión del presidente Javier Milei de avanzar con la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) volvió a instalar en el centro de la agenda política el modo en que la Argentina define a sus candidatos. La iniciativa oficial no sólo apunta a modificar un instrumento electoral vigente desde 2009, sino que también podría recalibrar el equilibrio de poder entre las principales fuerzas partidarias.
Las PASO fueron creadas con el objetivo de ordenar la competencia interna de los partidos y ampliar la participación ciudadana en la selección de postulantes. En la práctica, funcionaron como una gran encuesta nacional previa a las generales, permitiendo medir la fuerza real de cada espacio y depurar las boletas que no superaban el umbral mínimo de votos.
En ese esquema, los votantes no sólo elegían quién encabezaría las listas de cada partido o coalición, sino que además obtenían una primera foto de cómo se perfilaba el escenario electoral de octubre. Para la dirigencia, se transformaron en una herramienta clave para ajustar estrategias, recalibrar discursos y negociar alianzas.
Cómo impacta la eliminación en Milei y en el resto de los partidos
La Libertad Avanza, el espacio que lidera Milei, llega a esta discusión con una estructura altamente verticalizada y sin grandes disputas internas visibles. En ese contexto, la eliminación de las PASO no implicaría grandes cambios en su mecanismo de selección de candidatos, que hoy se define, principalmente, en la mesa chica del oficialismo.
La situación es muy distinta para el peronismo y las coaliciones opositoras, que suelen contener múltiples corrientes con liderazgos en tensión. Sin primarias obligatorias, las pujas deberían resolverse puertas adentro, mediante negociaciones y acuerdos entre dirigentes. Ese proceso puede derivar en fracturas, listas paralelas o candidaturas que no logren sintetizar a todo el espacio.
Distintos analistas advierten que, en ausencia de una competencia abierta y reglada, las candidaturas podrían perder legitimidad frente al electorado, especialmente en aquellos casos donde el recambio generacional o las diferencias programáticas vienen ganando peso. También se reducen las chances de que liderazgos emergentes desafíen a las cúpulas partidarias.
Costos fiscales, participación ciudadana y tablero electoral
Entre los argumentos centrales del Gobierno aparece el costo económico de organizar las PASO, una elección de alcance nacional que demanda recursos logísticos y presupuestarios relevantes. La Casa Rosada sostiene que, en un contexto de fuerte ajuste fiscal, suprimir esa instancia permitiría ahorrar fondos y simplificar el calendario electoral.
Los críticos de la reforma responden que el ahorro puede traducirse en un retroceso en términos de participación y transparencia interna. Sin primarias, el ciudadano pierde una herramienta de control sobre quiénes terminan representando a cada fuerza, y se fortalece el peso de las estructuras partidarias más cerradas.
- Los espacios con liderazgos fuertes y disciplina interna podrían verse favorecidos.
- Las coaliciones amplias y heterogéneas enfrentarían mayores riesgos de fragmentación.
- Desaparecería una medición nacional previa que ordenaba el clima político.
La eventual eliminación de las PASO no sólo cambia una fecha del calendario electoral: redefine la forma en que se construye poder dentro de los partidos y cómo se presenta la oferta política ante la sociedad.
En este escenario, el proyecto de Milei avanza como una pieza más de su estrategia para reconfigurar el sistema político argentino. Si el Congreso termina avalando la reforma, el próximo turno electoral se desarrollará bajo reglas nuevas, en un tablero donde los partidos deberán aprender a dirimir sus internas lejos de las urnas y más cerca de las negociaciones de cúpula.


