Carne de burro: el experimento productivo que divide a Chubut

NewsITe
La irrupción de la carne de burro en las carnicerías de Chubut encendió una fuerte discusión que mezcla crisis económica, tradición rural y tabúes alimentarios. El proyecto, impulsado por el productor Julio Cittadini en la zona de Punta Tombo, acaba de pasar de la fase experimental a la venta al público con cortes que se ofrecen en Trelew a unos 7.500 pesos por kilo.
Según explicó Cittadini, la iniciativa surge como una alternativa frente al deterioro de la producción ovina y a las limitaciones de los suelos patagónicos para el desarrollo del ganado vacuno. En ese contexto, el burro aparece como una especie más adaptable y con un costo de mantenimiento relativamente bajo, lo que abre la puerta a un nuevo nicho para la economía regional.
El productor sostiene que la carne de burro ofrece propiedades nutricionales y organolépticas comparables a las de la carne vacuna. Su objetivo es que se consolide como una opción más dentro de la mesa de los chubutenses, en un escenario de ingresos golpeados por la inflación y el encarecimiento de los alimentos.
Degustaciones públicas y resistencia social
Para ganar aceptación, el proyecto “Burros Patagones” apuesta a la validación social a través de eventos abiertos. El próximo 16 de abril se organizará una degustación en una parrilla de la zona donde vecinos y curiosos podrán probar diferentes platos elaborados con esta carne.
“La carne de burro es muy nutritiva, de buen sabor y de muy buena calidad”, remarcó Cittadini, confiado en que, si el público la prueba sin prejuicios, la demanda crecerá en paralelo a la producción. Sin embargo, el emprendimiento ya enfrenta un fuerte rechazo de sectores proteccionistas y defensores de los animales.
Las críticas se centran en el carácter histórico del burro como animal de trabajo y compañía en los campos argentinos, lo que para muchos impide naturalizar su consumo como alimento. A ese componente simbólico se suman cuestionamientos éticos sobre las condiciones de crianza y sacrificio, habituales en el debate por las carnes alternativas.
El desafío regulatorio y la mirada exportadora
Más allá de la aceptación social, el futuro de la actividad dependerá de una compleja trama regulatoria y comercial. Si bien el proyecto cuenta con avales locales para operar en Chubut, necesita la aprobación del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para poder ampliar la distribución al resto del país y eventualmente abrir mercados externos.
Obtener ese permiso suele ser uno de los principales escollos para las producciones no tradicionales en la Argentina, que deben demostrar estándares sanitarios y trazabilidad similares a los de las carnes más difundidas. Cittadini confía en que el cumplimiento de esos requisitos permitirá consolidar el modelo.
- La carne de burro se vende en Trelew a unos 7.500 pesos el kilo.
- El plan busca complementar la golpeada producción ovina en la Patagonia.
- La expansión nacional depende de la aprobación del SENASA.
- El proyecto incluye la exportación de cuero para la medicina tradicional china.
“Estoy convencido de que el consumo de carne va a venir en paralelo con el incremento que nosotros podamos tener de la producción”, afirmó el productor Julio Cittadini, al presentar el plan “Burros Patagones”.
Mientras la polémica se instala en la agenda pública, la experiencia chubutense se convierte en un caso de prueba sobre hasta dónde está dispuesta a avanzar la sociedad argentina en la adopción de nuevas fuentes de proteína animal frente a la crisis del campo y el encarecimiento de la canasta básica.

