La UBA se sube al regreso de la humanidad a la Luna

NewsITe
La Universidad de Buenos Aires (UBA) será protagonista del histórico regreso de la humanidad a la Luna, previsto para los primeros días de abril, a través de su participación en la misión Artemis II de la NASA. La Facultad de Ingeniería (FIUBA) contribuyó al desarrollo de Atenea, un microsatélite argentino que viajará a bordo del cohete que transportará a la nave Orion en la primera misión tripulada hacia la órbita lunar en más de cinco décadas.
Atenea es un CubeSat de clase 12U, de aproximadamente 30 x 20 x 20 centímetros, que partirá desde Cabo Cañaveral, en Estados Unidos, dentro del Orion Stage Adapter (OSA), el adaptador que conecta la nave con el cohete. Allí compartirá espacio con otros tres microsatélites y será desplegado unas cinco horas después del lanzamiento, cuando el módulo se separe de Orion, antes del acercamiento a la Luna.
Argentina es uno de los cuatro países que logró cumplir los exigentes requisitos técnicos y de seguridad de la NASA para integrar un CubeSat en esta misión, junto con Corea del Sur, Arabia Saudita y Alemania. De casi 50 países que firmaron el convenio para participar del programa Artemis, solo cuatro fueron seleccionados para ocupar los 14 lugares disponibles para cargas útiles como microsatélites.
Un laboratorio argentino en el espacio profundo
Las autoridades de la FIUBA explicaron que Atenea tiene como objetivo principal validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales, aportando información clave a la NASA y a la comunidad científica internacional. Entre sus tareas se destaca la medición de radiación en órbitas bajas y profundas, la evaluación de blindajes y componentes comerciales, y la recopilación de datos GPS por encima de la constelación, útiles para maniobras en órbitas de transferencia geoestacionaria.
- Medición de dosis de radiación en distintas órbitas para evaluar el comportamiento de materiales y componentes.
- Prueba de fotomultiplicadores de silicio (SiPMs), dispositivos clave en comunicaciones y sensores de alta precisión.
- Captura de señales GPS en alturas superiores a la constelación actual, para optimizar trayectorias orbitales.
- Validación de enlaces de comunicación de largo alcance, orientados a misiones de exploración del espacio profundo.
Según los especialistas, estas pruebas permitirán elevar el Nivel de Madurez Tecnológica (TRL) de diversos subsistemas, un paso imprescindible para que puedan ser incorporados en misiones más complejas y ambiciosas. En la práctica, se trata de comprobar en condiciones reales aquello que se diseñó y ensayó en laboratorios y bancos de prueba terrestres.
“Solo cuatro quedamos seleccionados habiendo 14 lugares en el cohete que permitirían llevar cargas útiles como un microsatélite. Hubo que cumplir estándares de seguridad extremadamente estrictos para no poner en riesgo una misión tripulada como esta”, remarcó Alejandro Martínez, decano de la Facultad de Ingeniería de la UBA.
Trabajo colaborativo y protagonismo estudiantil
El proyecto ATENEA es liderado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y reúne a varias instituciones académicas y científicas del país: la Facultad de Ingeniería de la UBA, el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la empresa VENG S.A., entre otras.
Desde la UBA participaron los departamentos de Electrónica y de Física, con la intervención de diversos laboratorios e investigadores. Un aspecto destacado del proyecto es el rol central de los estudiantes, que integran casi en su totalidad el equipo que diseñó y desarrolló los distintos subsistemas del satélite, desde la electrónica embarcada hasta los sistemas de comunicación y control.
El profesor Fernando Filippetti, director del Proyecto ASTAR y responsable de FIUBA en ATENEA, subrayó que el objetivo de estos desarrollos es validar en órbita tecnologías propias, tanto a nivel de componentes como de procedimientos. Recordó que la última vez que se intentó incorporar un satélite diseñado en la Facultad a una misión espacial fue en el año 2000, experiencia que finalmente no pudo concretarse. Por eso, la presencia de Atenea en Artemis II es leída dentro del sistema científico-tecnológico argentino como una oportunidad histórica para consolidar capacidades espaciales de alto nivel y proyectar nuevas misiones en el mediano plazo.

