Pokemon GO, la app que convirtió a sus usuarios en entrenadores de robots sin decirlo

Millones de usuarios aportaron imágenes que una empresa utilizó para desarrollar inteligencia artificial capaz de moverse en el mundo real, en un fenómeno que redefine el rol de los usuarios en la comunicación digital.

Lo que parecía una experiencia de entretenimiento terminó revelando una utilización tecnológica de gran escala. Una empresa confirmó que utilizó los videos subidos por los usuarios a su aplicación para entrenar una inteligencia artificial orientada a la movilidad en el mundo real.

A partir de ese material, el sistema construyó un mapa tridimensional detallado, basado en imágenes captadas desde la perspectiva humana. A diferencia de otros sistemas que registran el entorno desde vehículos o satélites, este modelo incorporó registros de espacios cotidianos como pasillos, plazas y rincones donde otros dispositivos no llegan.

El procesamiento incluyó más de 50 billones de imágenes recolectadas durante años. Según se explicó, mientras los usuarios utilizaban la aplicación, los servidores analizaban ese contenido para desarrollar un modelo denominado “Modelo Visual Geoespacial”.

La empresa indicó que este sistema no solo reconoce imágenes, sino que también interpreta la geometría del entorno. De ese modo, la inteligencia artificial puede diferenciar entre superficies transitables y obstáculos físicos, lo que permite su aplicación en robótica y sistemas autónomos.

De usuarios a “prosumidores”: el nuevo rol en la sociedad digital

El fenómeno se inscribe en un contexto más amplio vinculado a la evolución de las comunicaciones digitales. En la denominada “sociedad de la ubicuidad”, los modelos tradicionales de comunicación, basados en emisores y receptores, resultan insuficientes para explicar la dinámica actual.

El desarrollo de Internet y, especialmente, de la web 2.0 modificó el rol de los usuarios, que pasaron de ser receptores pasivos a convertirse en “prosumidores”. Es decir, no solo consumen contenidos, sino que también los producen y los integran a sistemas más complejos. Todo esto, lo anticipaba Marshal McLuhan a mediados de los 90´.

Este cambio se potencia con la expansión de los dispositivos móviles, que permiten generar y compartir información en cualquier momento y lugar. En este entorno, cada acción digital puede tener múltiples usos, incluso aquellos no previstos por los propios usuarios.

Desde la perspectiva de la ecología de medios, este proceso se vincula con la evolución histórica de las tecnologías de comunicación. Internet puede entenderse como una extensión de desarrollos anteriores, como el telégrafo, que representó una primera exteriorización del sistema nervioso humano.

Un modelo que aprende del comportamiento humano

El sistema desarrollado a partir de estos datos presenta una característica central: incorpora memoria visual. Esto le permite actualizar constantemente la información del entorno, en función de los registros generados por los usuarios.

Cada nueva imagen contribuye a perfeccionar el modelo, que puede detectar cambios en el espacio físico, como modificaciones en estructuras o intervenciones urbanas. De esta manera, el mapa se mantiene en permanente actualización.

La información obtenida resulta especialmente útil para el desarrollo de tecnologías como drones de reparto o robots autónomos. Estos dispositivos requieren comprender el entorno desde una perspectiva similar a la humana para poder desplazarse con precisión y evitar obstáculos.

En este contexto, el aporte de los usuarios adquiere un valor central. Las imágenes captadas desde la altura y el ángulo de una persona permiten entrenar sistemas que deben replicar ese mismo comportamiento en entornos reales.

Un cambio que redefine la comunicación digital

El caso evidencia una transformación profunda en la relación entre tecnología y usuarios. En la sociedad de la ubicuidad, cada interacción digital puede formar parte de sistemas más amplios que exceden el uso inmediato de una aplicación.

De acuerdo con el enfoque de Neil Postman, toda tecnología implica una filosofía. En este caso, el principio de comunicación permanente y accesible en todo momento genera nuevas formas de producción y circulación de información.

En ese escenario, los prosumidores se consolidan como actores centrales. Su participación no solo define los contenidos que circulan, sino también los sistemas que se desarrollan a partir de esos datos.

El resultado es un entorno en el que la inteligencia artificial aprende del comportamiento humano, utilizando información generada de manera constante y distribuida. Un proceso que redefine tanto la comunicación como el vínculo entre las personas y la tecnología.

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