Derrumbe en Parque Patricios: el calvario de una pareja

“Perdimos nuestras vidas”: el relato de los vecinos del Estación Buenos Aires

Derrumbe en el complejo Estación Buenos Aires, en Parque Patricios

NewsITe

El derrumbe parcial del complejo de edificios “Estación Buenos Aires”, en el barrio porteño de Parque Patricios, dejó mucho más que daños materiales. Entre las familias afectadas se encuentran Fabiano Perotto y Giselle French, quienes vivían en el departamento 6° F del sector 2 y hoy describen el siniestro como si hubiera caído “un misil iraní”. Aseguran que, además de sus pertenencias, perdieron el proyecto de vida que venían construyendo.

La madrugada del 3 de marzo los sorprendió con un estruendo que, en un primer momento, pocos pudieron dimensionar. La losa del estacionamiento subterráneo se desmoronó y varios autos quedaron enterrados bajo los escombros. “Estábamos durmiendo, escuché un ruido fuerte pero no entendí qué pasaba. Después Fabi vino y me dijo: ‘tenemos que irnos, hay que bajar’”, recordó Giselle, todavía conmocionada por lo ocurrido.

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Al descender, la escena fue devastadora: vidrios estallados, polvo en el aire, partes del garage desplomadas y una sensación de peligro constante. “Parecía un camión con acoplado que se cayó encima. Es una imagen que no me saco de la cabeza”, relató la mujer, que sufre problemas respiratorios y se descompensó por los nervios. En el estacionamiento también quedó su bicicleta, que utilizaba a diario para estudiar y trabajar.

La pareja, que había comenzado a convivir hacía pocos meses, denuncia que el derrumbe se produjo en un edificio de reciente construcción, parte del proyecto “Estación Buenos Aires” lanzado bajo el Plan Procrear durante el gobierno de Alberto Fernández. “No existe que en un departamento con tan poca antigüedad se derrumbe el garage”, cuestionó Giselle, quien señaló además deficiencias en terminaciones, paredes de durlock y baldosas que se despegaban.

Críticas al operativo oficial y a la empresa constructora

Tras el siniestro, los damnificados relatan que pasaron largas horas a la intemperie sin respuestas claras. “Nos tuvieron 12 horas esperando a que nos derivaran o nos dieran un hospedaje. Había una sola carpa para cuatro cuerpos de edificios, recién después trajeron algunas más y nos dieron agua”, describió Giselle.

En el lugar se presentó una apoderada de Constructora Sudamericana S.A. (COSUD), la firma a cargo del desarrollo del complejo. Según los vecinos, la representante les pidió “tranquilidad” y prometió que se iba a “resolver todo”, mientras ofrecía empanadas y agua. “No me interesaba comer, quería saber cómo se pudo llegar a este accidente”, reprochó la mujer.

Hoy, Giselle y Fabiano están alojados en la casa de un tío de ella, en el barrio de San Cristóbal. La alternativa del hotel, ofrecida para parte de los damnificados, resulta inviable por la situación de su nieto de seis años, que tiene autismo. “No podés llevar a una persona autista a un lugar donde está todo alborotado. Yo también estoy muy enojada”, admitió.

Una rutina rota y familias obligadas a empezar de cero

La incertidumbre sobre el futuro es el sentimiento dominante entre los afectados. Muchas familias habían llegado desde otros distritos para acceder a una vivienda propia a través del complejo Estación Buenos Aires. Un vecino se mudó desde Mar del Plata, compró un auto 0 kilómetro para trabajar con aplicaciones y hoy está sin empleo porque el vehículo quedó aplastado bajo la losa.

“Si se cae, perdés todo, perdés tu vida. Tenés que volver a acomodarte a una realidad que no está. Te preparaste para estar bien, para no volver al alquiler. ¿Por qué tenemos que retroceder, si ya teníamos nuestra casa?”, planteó Giselle, que pide que se esclarezcan responsabilidades y se indemnice a las víctimas.

El vínculo cotidiano con su nieto también se vio interrumpido. Los fines de semana, el chico solía visitar el departamento, donde ella había pintado una pared a modo de pizarrón para dibujar y compartir juegos. “Menos mal que no estaban ellos cuando pasó esto”, dijo, al recordar el peligro que implicó el derrumbe.

Demoras judiciales y denuncias por maltrato institucional

Una semana después del siniestro, la pareja volvió al edificio para retirar algunas pertenencias. El procedimiento estuvo marcado por la burocracia: la fiscalía debía autorizar a la comisaría para cada ingreso, lo que derivó en largas esperas y quejas por desinformación. Fabiano sostuvo que la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N° 31 “miente todo el tiempo” y calificó el trato a las víctimas como “un maltrato permanente”.

El hombre contó que, tras horas de espera, pudo entrar solo con una mochila y una bolsa, acompañado por un bombero que, por orden judicial, no podía ayudarlo a bajar las cosas. Sin ascensor, subió seis pisos por escalera con apenas diez minutos para elegir lo imprescindible. “Está toda la comida podrida, es una tristeza enorme; no podés hacer nada”, describió al salir.

“Hay que tener mala suerte para que se te caiga el edificio, pero también para que te toque esta fiscalía”, lamentó Fabiano al repasar el derrotero burocrático posterior al derrumbe.

Mientras tanto, el complejo permanece vallado y bajo custodia de la Policía de la Ciudad. Defensa Civil y Bomberos continúan trabajando en la zona, y los comerciantes del barrio aseguran que las ventas cayeron por el traslado de los vecinos a hoteles y viviendas temporarias. Todos, desde los damnificados hasta los frentistas, comparten un mismo deseo: que se esclarezcan las causas del derrumbe y que el barrio pueda volver, cuanto antes, a una vida mínimamente normal.

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