Israel y el silencio nuclear: la estrategia detrás del secreto

La doctrina del silencio que sostiene el poder nuclear israelí

Instalaciones y símbolos vinculados al programa nuclear israelí

NewsITe

Israel nunca admitió públicamente tener armas nucleares, pero tampoco lo negó. Esa ambigüedad, lejos de ser un vacío de información, constituye una política de Estado conocida en el mundo académico como «proliferación opaca»: que todos sepan que el arsenal existe, sin que el Gobierno lo confirme formalmente. Detrás de ese silencio calculado se juega buena parte del equilibrio estratégico de Medio Oriente.

El ex subsecretario de Energía Nuclear de la Nación, Julián Gadano, analizó en diálogo con Radio Rivadavia el mapa actual de las potencias atómicas y ubicó el caso israelí como un modelo singular. Según detalló, hoy son nueve los países que disponen de armamento nuclear, pero sólo cinco –Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido– están reconocidos como tales por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y forman, además, el núcleo duro del Consejo de Seguridad de la ONU.

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Fuera de ese marco legal se ubican India, Pakistán, Corea del Norte e Israel, naciones que desarrollaron su capacidad militar nuclear por fuera de las autorizaciones del TNP. En tres de esos casos, los gobiernos realizaron pruebas y las exhibieron como herramienta de presión y negociación internacional. «Corea del Norte sería lo contrario de Israel: vocifera a los gritos que tiene armas nucleares. Ese es su negocio político», graficó Gadano.

Ventaja militar y disuasión en Medio Oriente

En el caso israelí, la decisión de no reconocer oficialmente su arsenal responde a una combinación de factores históricos y geopolíticos. La doctrina comenzó a gestarse en las décadas de 1960 y 1970, en plena Guerra Fría y en un contexto regional atravesado por guerras sucesivas, entre ellas la de Yom Kipur. Tras ese conflicto, la dirigencia israelí concluyó que el país necesitaba una ventaja militar «abrumadora» para garantizar su supervivencia frente a vecinos hostiles.

Según Gadano, el poder atómico cumple, en este y en otros escenarios, sobre todo un rol de disuasión. Desde los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en 1945, las armas nucleares no volvieron a emplearse en combate, pero condicionan todas las estrategias de defensa. «Las bombas nucleares están pensadas para no ser usadas. Uno sabe cómo entra eso, pero no cómo sale, y probablemente no haya ganadores», advirtió el especialista.

Bajo esa lógica, incluso sin admitir formalmente su arsenal, Israel obtiene una ventaja estratégica: la certeza generalizada de que posee capacidad nuclear actúa como freno para una ofensiva de gran escala por parte de sus rivales. Al mismo tiempo, el país evita quedar sujeto a las obligaciones y controles que implicaría reconocerse como potencia nuclear plena dentro del sistema internacional.

Irán, el umbral nuclear y la puja por el conocimiento

El análisis del experto argentino se detiene también en Irán, cuyo programa nuclear es seguido de cerca por las potencias occidentales e Israel. Antes del estallido del último conflicto en la región, Teherán se encontraba, de acuerdo con Gadano, en una fase muy avanzada de enriquecimiento de uranio: había alcanzado el 60%, cuando el uso militar requiere un grado cercano al 90%.

Ese nivel resulta difícil de justificar como parte de un proyecto pacífico de generación eléctrica o uso médico. Distintos ataques a instalaciones iraníes habrían deteriorado de manera significativa la infraestructura necesaria para completar el proceso, pero no eliminaron del todo la amenaza. De acuerdo con la información que manejan los organismos internacionales, Irán conservaría alrededor de 500 kilos de uranio enriquecido al 60%, cantidad insuficiente para un arma operativa, aunque tecnológicamente muy próxima al umbral militar.

  • El enriquecimiento al 90% marca el estándar para combustible de uso bélico.
  • La destrucción de instalaciones puede retrasar, pero no borrar, el know how acumulado.

«Destruir capacidades implica destruir instalaciones materiales, pero también atrasar al otro país en términos de conocimiento», remarcó Gadano, al subrayar que los conflictos alrededor del desarrollo nuclear suelen apuntar también al capital humano especializado.

En ese marco, las disputas por científicos, las ofertas de asilo y hasta los asesinatos selectivos forman parte de una guerra silenciosa que no siempre llega a los titulares. Entre el silencio de Israel y el avance de Irán hacia el umbral nuclear, Medio Oriente se consolida como uno de los escenarios más sensibles del equilibrio atómico global.

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