Con la instalación de la cruz en la torre central, el templo de Barcelona alcanzó los 172,5 metros y culminó un hito histórico tras más de 140 años de obras.

La Sagrada Familia de Barcelona completó este viernes un paso decisivo en su construcción al instalar la cruz que remata la torre central, dedicada a Jesucristo. Con esta incorporación, el templo alcanzó los 172,5 metros de altura y se consolidó como la iglesia más alta del mundo.
Una grúa de gran porte elevó la cruz blanca, de 17 metros de alto y 13,5 metros de ancho, hasta la cima de la torre más elevada de las 18 concebidas por Antoni Gaudí. La maniobra fue seguida por cientos de turistas desde el exterior, mientras operarios asegurados con arneses guiaban la colocación final de la estructura.
Desde su cuenta oficial, la Sagrada Familia comunicó: “Hoy se ha colocado el brazo superior de la cruz de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, un hito que completa la construcción exterior de la torre más alta del Templo. Esta instalación completa el conjunto de las seis torres centrales de la Sagrada Familia”.
La iglesia más alta del mundo
Con la culminación del punto más alto, la basílica no solo pasó a ser el edificio más elevado de Barcelona, sino que también superó a la iglesia de Ulm, en Alemania, que hasta ahora ostentaba el récord mundial. Aun así, el templo quedó por debajo de los 177 metros del monte Montjuic, en línea con el criterio de Gaudí de no sobrepasar lo que consideraba una creación divina.
Aunque la cruz ya se encuentra instalada, la torre conserva andamios que se retirarán de manera progresiva antes del 10 de junio, fecha prevista para la bendición oficial. La ceremonia coincidirá con el centenario de la muerte de Gaudí y podría contar con la presencia del León XIV, cuya asistencia aún no fue confirmada.
Un avance simbólico tras décadas de obra
La colocación de la cruz representó un avance simbólico y estructural en el templo de pago más visitado de España, que en 2024 vendió 4,8 millones de entradas. La obra atravesó interrupciones a lo largo del tiempo —incluida la pandemia— y obligó a abandonar el objetivo de finalización en 2026.
La junta constructora, una fundación canónica privada, evitó fijar una nueva fecha definitiva de conclusión. No obstante, fuentes vinculadas al templo estimaron que las principales obras podrían completarse en aproximadamente una década, siempre que no surjan nuevos contratiempos.
El debate por los accesos
El futuro del proyecto también depende de resolver la controversia por los accesos a la fachada de la Gloria, la entrada principal aún no edificada. El diseño contempla una gran escalinata y una plaza frontal, lo que implicaría demoler edificios residenciales, una posibilidad rechazada por los vecinos.
El Ayuntamiento de Barcelona deberá intervenir en el conflicto y, en el marco de la crisis habitacional de la ciudad, aseguró que no respaldará ningún acuerdo que no incluya garantías habitacionales para los residentes afectados.

