Therians y furros: quiénes son los protagonistas del boom viral

NewsITe
En los últimos meses, TikTok y otras redes sociales se llenaron de videos de jóvenes que caminan en cuatro patas, usan colas y orejas postizas o corren por plazas imitando a distintos animales. La escena, que para muchos resulta llamativa o desconcertante, responde a dos subculturas distintas que suelen meterse en la misma bolsa: los therians y los furros, también conocidos como furries.
Si bien en la conversación pública aparecen mezclados, se trata de universos con motivaciones, prácticas y sentidos de pertenencia muy diferentes. Mientras que los therians se reconocen desde una vivencia espiritual o identitaria vinculada a lo animal, los furries se organizan más como un fandom creativo ligado al arte, al diseño de personajes y a los trajes antropomórficos.
En un contexto donde los algoritmos potencian tendencias visuales impactantes, las imágenes de “humanos-animales” se viralizan sin explicación y alimentan mitos, burlas y prejuicios. Sin embargo, detrás de cada video hay personas que encuentran en estas comunidades un espacio de pertenencia, juego e incluso construcción de identidad.
Therians: identidad espiritual y vínculo interior con lo animal
Quienes se identifican como therians sostienen que su alma es un híbrido entre humano y animal. No se trata simplemente de admirar a una especie, sino de sentir, de manera profunda y persistente, que su verdadero ser está ligado a ella: algunos se reconocen como lobos, otros como felinos, toros u otras criaturas.
Esta dimensión es esencialmente espiritual o introspectiva. A diferencia de otras expresiones performáticas, los therians suelen prescindir de trajes completos y se inclinan por accesorios puntuales, como colas, orejas o collares, que funcionan como símbolos de esa conexión interna.
En redes, una de las imágenes más difundidas es la de jóvenes que caminan en cuatro patas, ensayan saltos o trotes y buscan reproducir el movimiento del animal con el que se identifican. Para sus protagonistas, ese gesto no es solo un “acting” para la cámara: es una forma de expresar hacia afuera algo que viven como parte de su identidad.
Furros o furries: fandom creativo y cultura de los FurSuits
En la vereda de enfrente —aunque muchas veces se crucen— aparece la comunidad furry. A diferencia de los therians, los furries no creen ser animales ni sostienen una explicación espiritual sobre su identidad. Se organizan como un fandom internacional de amantes de los animales antropomórficos: personajes con rasgos humanos que hablan, usan ropa y caminan en dos patas.
El término surgió hacia 1980, en una convención de ciencia ficción, a partir del cómic Albedo Anthropomorphics de Steve Gallacci. Desde entonces, la escena fue creciendo de la mano del arte, la ilustración, la animación y, más tarde, los foros y redes sociales. Cada integrante desarrolla su propia “fursona”: un personaje original con nombre, colores, historia y rasgos específicos.
La expresión más visible de esta cultura son los “FurSuits”, trajes elaborados que pueden incluir cabezas esculpidas, manos acolchadas, patas y colas articuladas. Lejos de limitarse a los eventos, muchos furries generan contenido para redes, clips humorísticos o coreografías que hoy encuentran en TikTok una vidriera global.
El fenómeno en Argentina: encuentros, ferias y una comunidad en expansión
En Argentina, tanto therians como furries tienen presencia sostenida y espacios organizados. En distintas ciudades se realizan “Meets” y “FurMeets”, encuentros donde los participantes se reúnen en plazas, centros culturales o salones para socializar, mostrar sus trajes, sacar fotos y compartir actividades.
El punto de mayor visibilidad de la escena furry local es la Argentina Fur Fiesta (ARFF), convención que se consolida año a año. Su última edición, realizada en agosto de 2024 en un hotel de la zona de Abasto, en la Ciudad de Buenos Aires, reunió a cerca de 500 asistentes, muchos de ellos vistiendo FurSuits de producción nacional e internacional.
Alrededor de estos eventos se mueve también un pequeño pero creciente mercado creativo: ilustradores, diseñadores, costureros y artesanos que ofrecen desde dibujos personalizados hasta el diseño y confección integral de trajes. Para varios de ellos, la comunidad furry representa una fuente de trabajo sostenida y una vidriera para exportar piezas a otros países de la región.
En paralelo, especialistas en cultura digital señalan que fenómenos como el de los therians y los furries muestran cómo las redes amplifican identidades que antes permanecían en el ámbito privado o en nichos reducidos. Frente a la mirada ajena, los protagonistas insisten en un punto: más allá del impacto visual o la curiosidad que generan, se trata ante todo de espacios de expresión, creatividad y pertenencia.

