Los préstamos comerciales lideraron la expansión del crédito en 2025, mientras los hogares mantuvieron una postura prudente y aumentó la mora.

El crédito en la Argentina cerró 2025 con una expansión significativa, impulsada principalmente por los préstamos comerciales y los créditos de mayor plazo, aunque el consumo de los hogares mostró un avance más lento y la morosidad continuó en aumento, según datos oficiales y reportes del sector privado.
De acuerdo con el Banco Central de la República Argentina (BCRA), la intermediación financiera con el sector privado en pesos registró en noviembre un incremento del 0,9% mensual y un crecimiento interanual del 33,8%. El desempeño estuvo liderado por el segmento comercial, en un contexto de mayor cautela por parte del consumo.
En paralelo, el crédito no bancario ganó protagonismo. Según el estudio “Crédito no bancario y banca digital” de la consultora Eco Go, basado en datos del BCRA y citado por Credicuotas, este segmento creció 51,2% hasta octubre de 2025. La cifra reflejó el avance de los proveedores de crédito no financieros y de los canales digitales en un año atravesado por la volatilidad y el reacomodamiento macroeconómico.
El impulso de los préstamos comerciales
El informe monetario de diciembre del BCRA, citado por Alprestamo, indicó que el crédito en pesos al sector privado aumentó 1,1% mensual y 29,6% interanual. En relación con el PBI, el stock de crédito alcanzó el 8,8%, lo que representó 1,8 puntos porcentuales más que a fines de 2024. Si se incorporan los préstamos en dólares, el crédito total al sector privado llegó al 11,6% del PBI.
Dentro de ese escenario, los préstamos comerciales encabezaron la expansión, con un crecimiento mensual del 3,6%.
Julián Sanclemente, CEO y cofundador de Alprestamo, señaló que este proceso respondió a un reordenamiento del sistema financiero. “El BCRA plantea una etapa de remonetización donde la oferta monetaria acompaña la recuperación de la demanda de dinero, con control de agregados y acumulación de reservas como anclas del programa”, sostuvo.
Desde la mirada de bancos y fintechs, afirmó que esto “implica que podría haber más fondeo en pesos disponible para intermediación, siempre y cuando la desinflación se consolide”. En ese marco, proyectó que “la expansión del crédito va a depender de que la inflación, la liquidez y las expectativas se alineen”, aunque aclaró que no se espera un proceso lineal.
Consumo cauteloso y suba de la morosidad
El crédito al consumo mostró un desempeño más débil. Los préstamos personales retrocedieron 0,7% mensual, aunque mantuvieron una suba interanual del 47,1%. En tanto, las financiaciones con tarjetas de crédito cayeron 0,6% mensual, pese a un incremento del 15,8% en los últimos doce meses.
Para Sanclemente, este comportamiento se explicó por la prudencia de los hogares, la selectividad de la oferta y la sustitución parcial del financiamiento bancario por promociones comerciales y esquemas fuera del sistema tradicional. “El crédito minorista suele reaccionar con rezago, cuando mejora la demanda, el apetito de riesgo y la percepción de estabilidad”, explicó.
Los datos del BCRA reforzaron este diagnóstico. En noviembre, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado se ubicó en 5,2%, con un aumento mensual de 0,7 puntos, mientras que la mora de las financiaciones a los hogares alcanzó el 8,8% de la cartera.
Expectativas y proyecciones para 2026
En este contexto, el crédito no bancario se consolidó como un canal relevante durante 2025. Ezequiel Weisstaub, cofundador y CEO de Credicuotas, explicó que “la primera mitad del año fue de mucho crecimiento, mientras que en el tercer trimestre la incertidumbre macroeconómica se tradujo en una desaceleración de la oferta crediticia”.
Superada la etapa preelectoral, indicó que comenzó un proceso de baja de tasas y proyectó para 2026 “un aumento de por lo menos 50% en la cantidad de préstamos otorgados”. Entre los desafíos, mencionó el avance de la morosidad y el ingreso de competidores internacionales, y destacó medidas recientes del BCRA, como la restitución del débito directo para el cobro de cuotas, por su impacto potencial en la reducción de la mora.
Con un bajo nivel de penetración del crédito en relación con el PBI y un mayor grado de digitalización, el sistema financiero enfrenta oportunidades para 2026, aunque el crecimiento estará condicionado a la estabilidad macroeconómica y la consolidación del proceso de desinflación.

