Infierno en la Catedral: a nueve años del feroz incendio

SE PERDIÓ UN PATRIMONIO DE VALOR INCALCULABLE

El 26 de enero de 2017, un voraz incendio consumió el interior de la Catedral de San Nicolás de Bari. Piezas invaluables de más de 200 años quedaron reducidas a cenizas. Las llamas destruyeron la mayor parte del patrimonio histórico. El hecho causó dolor y generalizada indignación cuando se supo que el fuego fue provocado intencionalmente. Un mayor y un menor de 16 años habían sido quienes desataron el infierno.

Imagen de archivo diario EL NORTE

De la redacción de EL NORTE
[email protected]

Mañana se cumplen nueve años de aquel fatídico 26 de enero cuando la calma de la ciudad se interrumpió con la noticia de un incendio. Se estaba quemando la Catedral de San Nicolás de Bari.

Eran casi las tres de la tarde de un jueves de calor agobiante cuando un video comenzó a circular y a replicarse en medio del estupor y el miedo. En la filmación podía verse a la Iglesia Catedral, a su antigua construcción de 25 metros de largo por 15 de ancho, ardiendo mientras se consumía con ella parte de nuestra historia.

La plaza Mitre que hasta hacía apenas un momento se encontraba casi deshabitada, comenzó a llenarse de gente que no podía creer lo que tenía frente a sus ojos. Las llamas y sus gruesas columnas de humo podían verse desde la calle. Las sirenas, el estupor, el miedo a la expansión del fuego ganaron pronto la ciudad.

En poco tiempo el incendio devoró el altar principal y el cielorraso. Arruinó las paredes y los elementos de madera del templo. Piezas históricas como la imagen de San Nicolás de Bari, que tenía aproximadamente 200 años, se redujeron a cenizas. También se quemó el órgano, que era antiguo y de un valor material e histórico incalculable.

Rápidamente el fuego llegó hasta los techos e hizo temer por un posible derrumbe cuando ganó el campanario. Los bomberos llegaron enseguida, pero las llamas ya habían avanzado dentro del antiguo edificio que fuera reconstruido en el final del siglo XIX, luego de que el estallido de un polvorín aledaño la destruyera por completo en 1852.

Seis dotaciones de bomberos, cinco de San Nicolás y una de Villa Constitución, trabajaron incesantemente durante más de dos horas, hasta que lograron sofocar el fuego que cesó dejando el penoso saldo de la pérdida de gran parte de nuestro patrimonio cultural e histórico.

El primer paso era cercar el fuego y dominarlo, evitar que ganara los edificios linderos. El paso siguiente era determinar sus causas. La Policía Científica y los bomberos debieron esperar a que se enfríe la estructura para comenzar a realizar las pericias y encontrar el origen del foco ígneo. Afortunadamente no hubo heridos.

El origen

En principio la investigación apuntó a algún tipo de desperfecto eléctrico en la zona donde estaba ubicado el órgano del templo, pero a medida que avanzaba se confirmaron las peores sospechas, el incendio había sido intencional.

El informe elaborado por Policía Científica, bomberos y peritos de La Plata determinó que el inicio del proceso de combustión se debió al aporte de una fuente de energía de activación sobre los materiales combustibles.

El documento preliminar elaborado por los peritos descartaba la posibilidad de un desperfecto eléctrico como origen de las llamas al tiempo que desestimaba que lo haya provocado un artefacto a gas.

A partir de estos resultados comenzó la tarea de dar con los responsables del hecho. La investigación recayó en la UFI Nº 3 a cargo del fiscal Julio Tanús.

El templo no tenía cámaras de seguridad, pero la policía buscó filmaciones que se hubieran registrado en los alrededores en busca de sospechosos.

Las grabaciones tanto de las cámaras de monitoreo como las de los locales comerciales de la zona fueron claves para dar con los autores del hecho. En ellas puede verse a dos personas ingresando a la Catedral minutos antes del incendio, y saliendo luego ya con el fuego consumado.

En tanto, algunos testigos dijeron haber visto a tres hombres burlándose del incendio. Las cámaras externas del edificio captaron a dos personas de características similares a las descriptas en los testimonios. Los investigadores pudieron identificar a los sospechosos. Al mismo tiempo y cuando ya iban a ser citados a declarar, se presentó voluntariamente en la Comisaría Primera un menor de 16 años afirmando que junto a un amigo, habrían sido los autores del incendio que causó los graves daños en la Catedral.

Poco después identificaron al sujeto mayor que aparecía en las imágenes. Era Mauro Sosa, quien sería el coautor del hecho. Fue detenido, permaneció en esa condición durante ocho meses hasta que lo excarcelaron. Finalmente, Sosa fue juzgado y declarado culpable por la jueza Laura Fernández, quien lo consideró coautor penalmente responsable del delito de incendio con peligro común para los bienes en los términos del artículo 186, inciso primero del Código Penal. La jueza consideró como “agravante, la extensión del daño causado, habiéndose destruido parte del acervo cultural y religioso de la ciudad y haber herido la sensibilidad de los católicos”. Sosa fue condenado en un juicio abreviado a tres años y seis meses de prisión de efectivo cumplimiento. El coautor, menor al momento del hecho, continuó en libertad.

– Publicidad –
- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -