Murió Sebastiana Barrera, madre del soldado Omar Carrasco

Falleció Sebastiana Barrera, emblema en la lucha por el caso Carrasco

Sebastiana Barrera, madre del soldado Omar Carrasco

NewsITe

Murió en las últimas horas Sebastiana Barrera, madre del soldado conscripto Omar Carrasco, cuyo asesinato en 1994 en el Grupo de Artillería de Zapala, provincia de Neuquén, marcó un antes y un después en la historia reciente del país al provocar el fin del Servicio Militar Obligatorio en la Argentina.

Familiares y amigos despidieron a Barrera con un mensaje cargado de emoción durante el velatorio: destacaron su amor, su fortaleza y su lucha incansable por justicia, y señalaron que hoy descansa en paz junto a sus hijos Claudia Estela y Omar Octavio Carrasco. Su figura quedó asociada para siempre a una de las causas emblemáticas de derechos humanos en democracia.

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Junto a su esposo, Francisco Carrasco, Sebastiana recorrió primero los tribunales de Neuquén y luego todo el país para exigir el esclarecimiento del crimen de su hijo y denunciar las responsabilidades dentro del Ejército Argentino. Aquella muerte, ocurrida en tiempos de colimba, dejó al descubierto una trama de abusos, encubrimientos y silencios que impactó de lleno en la institución castrense.

El caso que terminó con la colimba en la Argentina

Omar Carrasco fue visto con vida por última vez el 6 de marzo de 1994, cuando dos soldados lo llevaron a lo que en la jerga militar se conoce como un “baile”: una rutina física extrema que, según se probó luego, se convirtió en una golpiza brutal. Nunca regresó. Dos semanas después, sus padres fueron a visitarlo al regimiento de Zapala y se encontraron con la versión oficial de que el joven había desertado, algo que ellos rechazaron de plano y denunciaron como una mentira.

El 6 de abril de 1994 el cuerpo de Carrasco apareció en un descampado del Grupo de Artillería 161 de Zapala, cerca del Cerro Gaucho. El cadáver presentaba signos de momificación, piel ennegrecida, lesiones visibles y un pantalón militar prolijo y planchado, detalles que alimentaron desde el principio las sospechas de un armado y de maniobras para ocultar lo ocurrido.

Contradicciones, peritajes y una red de encubrimiento

La investigación judicial estuvo atravesada por contradicciones desde el primer momento. El cuerpo fue hallado por el entonces capitán Rodolfo Correa Belisle en un sector que ya había sido rastrillado sin resultados. Incluso, antes de que finalizara el operativo de búsqueda, el comandante de la Sexta Brigada de Infantería de Montaña, Carlos Díaz, anunció públicamente la aparición de un cuerpo, lo que reforzó las sospechas sobre la secuencia de los hechos.

Los peritajes oficiales terminaron por desmentir la versión inicial del Ejército, que sostenía que Carrasco había intentado escapar y había muerto de hipotermia. El médico legista de la Policía Federal, Alberto Brailovsky, concluyó que el conscripto presentaba costillas fracturadas y que no había fallecido por un golpe en el ojo ni por un hemotórax agudo, sino por una contusión pulmonar traumática, tras una larga agonía en la que una hemorragia interna fue comprimiendo su pulmón derecho hasta provocarle la muerte por asfixia.

El perito oficial Enrique Prueger también fue categórico: señaló que a Carrasco “lo mataron a patadas”, que no recibió atención médica adecuada y que podría haberse salvado si hubiera sido asistido a tiempo. Además, determinó que la posición del cuerpo no coincidía con el lugar del hallazgo y que las condiciones climáticas, junto con estudios entomológicos, indicaban que el cadáver había estado en otro sitio, vinculado a una letrina de un baño abandonado del regimiento.

Condenas, absoluciones y el impacto político

La causa judicial derivó en la condena del subteniente Ignacio Canevaro a 15 años de prisión por el crimen de Carrasco, mientras que los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar recibieron penas de 10 años. El suboficial Carlos Sánchez fue condenado a tres años de prisión por encubrimiento. Un segundo proceso, conocido como “Carrasco II”, investigó a otros siete militares por presunto encubrimiento, pero finalmente todos fueron sobreseídos.

El caso golpeó con fuerza al Ejército y a la política nacional. Bajo la presión social y el fuerte cuestionamiento público a la colimba, el 31 de agosto de 1994 el entonces presidente Carlos Saúl Menem dispuso el fin del Servicio Militar Obligatorio y lo reemplazó por un sistema de voluntariado rentado. La muerte de Carrasco y la lucha de sus padres, con Sebastiana como rostro visible, quedaron así asociadas a una transformación estructural de las Fuerzas Armadas argentinas.

El legado de una madre que no dejó de pedir justicia

  • Encabezó junto a su esposo una batalla judicial y mediática que recorrió todo el país.
  • Cuestionó públicamente a la cúpula del Ejército y denunció la cultura de abusos en los cuarteles.
  • Se convirtió en referencia para otras familias que reclamaban por violaciones de derechos humanos en tiempos de paz.

“Quiero mirar a los ojos a los asesinos de mi hijo”, le dijo Sebastiana al entonces jefe del Ejército, general Martín Balza, en una de las escenas más recordadas del caso.

Con la muerte de Sebastiana Barrera se cierra un capítulo central en la historia del caso Carrasco, pero su legado persiste en cada debate sobre el rol de las Fuerzas Armadas, los límites de la disciplina militar y la obligación del Estado de proteger a los jóvenes que sirven bajo bandera. Su lucha, marcada por el dolor y la perseverancia, permanece como símbolo de resistencia frente al encubrimiento y la impunidad.

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