Se inaugura en la Galería de Arte del Teatro (Maipú 22) la exposición de dibujos y pinturas del artista nicoleño Miguel Ángel González. La muestra se denomina “Más allá de mi obra, por amor, sin medidas”.

De la Redacción de EL NORTE
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Mañana a las 20:00 se inaugura en la Galería de Arte del Teatro (Maipú 22) la exposición de dibujos y pinturas del artista nicoleño Miguel Ángel González. La muestra se denomina “Más allá de mi obra, por amor, sin medidas”.
Artista autodidacta, comenzó desde niño construyendo sus propios juguetes de barro y a colaborar en las escenografías teatrales del colegio primario. Continuó sus estudios en la escuela técnica ya que quería ser arquitecto. Pero conforme pasaba el tiempo, se daba cuenta de que su verdadera pasión era el arte. A los 18 años comenzó a trabajar en el estudio de uno de los arquitectos que más tarde participó en el diseño de Brasilia, dibujando planos. A los pocos meses decide presentarse con sus trabajos en la Escuela de Bellas Artes de Rosario (Santa Fe). El director le recomendó que “no entrara ya que allí desperdiciaría su talent”. Ese mismo año junto a su hermano Zenón creó una revista de historietas que comenzó a circular por la ciudad.
Trabajó 15 años como técnico proyectista en una fábrica de altos hornos, hasta que decidió dejarlo y dedicarse completamente a la pintura y la escultura.
El arte como terapia
“Me apasiona el cuerpo humano. Es tan perfecto que me alucina”, dice el artista afincado en Lleida (España), obsesionado por el ser humano, en su aspecto corporal como en los conocimientos que atesora y su capacidad para hacer el bien y el mal.
“Me preocupa cómo el hombre puede mostrarnos al mismo tiempo las cosas más bellas y las más rastreras”, asegura.
El ser humano es, por lo tanto, el hilo conductor de la obra que González presenta en San Nicolás. Al argentino no le gusta hablar de estilos o referentes artísticos para definir su obra. ‘No busques en mí técnicas ni tendencias, busca en mí algo que te hable de la humanidad. Esta es mi única meta con mi obra’. Según su parecer, no hay arte moderno ni antiguo, ni tendencias artísticas mejores o peores. Tanto solo hay una cosa fundamental: que el arte guste, que aporte cosas positivas, que sirva para vivir. Aun así, reconoce que hay maestros que en ocasiones lo han servido de inspiración: un abanico ecléctico de nombres que va desde el dibujante de cómic Burne Hogarth hasta genios como Picasso, Dalí o Miquel Ángel (todos ellos también con una gran predilección por el cuerpo humano).
Para González, “el arte es una terapia”. “Es el que me permite soportar los avatares de la vida, es lo que me mantiene vivo. El arte es el único que puede vencer al amor –añade–. Siempre lucho contra las tormentas, porque salir airoso es un pase –asegura–, pero a menudo me pregunto si mis obras tendrían la misma fuerza si no tuviera que luchar constantemente, si mañana mismo me tocara la lotería”, afirma.
Nacido para volar
Entre las tormentas que ha tenido que combatir, figura un doloroso proceso migratorio desde su Argentina natal hasta el Segrià.
“En Argentina, vivir del arte era una quimera. Yo estimaba mi país y mi gente con mucha fuerza, pero llegó un punto en que me di cuenta de que lo más importante era yo mismo”, explica. Para González fue la hora de ver si verdaderamente podría llegar a ser aquello que quería ser, y cruzó el océano. “Me corté las piernas, empecé desde abajo de todo, pero con un gran caudal de conocimiento. El hombre ha nacido para volar, tonto quien no lo vea. Y si hay que cortarse las piernas para tomar el vuelo, pues se hace”, dice.
Y así fue que pagó con el desarraigo, el poder cristalizar su ilusión. Desarrollar su talento en Europa le costó dejar su sentir en San Nicolás.

