La compañía Whirlpool argumentó falta de competitividad y fuerte ingreso de productos importados. La UIA advierte que producir en Argentina es hasta 30% más caro que en Brasil, mientras trabajadores relatan un cierre sorpresivo y doloroso.

El cierre inesperado de la planta de Whirlpool en la localidad bonaerense de Pilar, que dejó a 220 trabajadores sin empleo, reactivó las alarmas del sector industrial frente al modelo económico del Gobierno de Javier Milei. La apertura de importaciones, sumada a la pérdida de competitividad respecto de Brasil y a la caída del consumo interno, fue señalada por la empresa como el motivo principal de la decisión. El cese de actividades impactó de manera directa en cientos de familias y profundizó el malestar en un sector que ya advertía sobre el ingreso masivo de productos del exterior.
Motivos del cierre y advertencias del sector industrial
Según informó la compañía, la pérdida de competitividad para exportar y la competencia con productos importados fueron determinantes para cerrar la planta, pese a la inversión que había realizado en los últimos años. La Unión Industrial Argentina (UIA) sostuvo que producir en el país es entre un 25% y un 30% más caro que en Brasil, lo que agrava la situación de las empresas nacionales en un mercado abierto.
A principios de mes, Paolo Rocca, titular de Techint, había anticipado posibles cierres en el sector de línea blanca. Indicó que la importación de lavarropas había pasado de 5.000 a 87.000 por mes, mientras que la de heladeras aumentó de 10.000 a 80.000. Según su análisis, estos números empujan a las compañías a optar entre seguir produciendo o cerrar para enfocarse en la distribución de productos importados.
La caída de la producción y el impacto sobre las operaciones de Whirlpool
Cuando Whirlpool inauguró su planta en 2022, el escenario era muy distinto. Con una inversión de 52 millones de dólares, proyectaba fabricar 300.000 lavarropas por año, emplear a 1.000 personas y abastecer a toda la región con el 70% de su producción. La instalación contaba con 30.000 metros cuadrados y producía un lavarropas cada 40 segundos.
En los últimos meses, la producción cayó un 50% y pasó de 600 a alrededor de 400 unidades diarias, según los operarios. La reducción se relacionó con la caída de ventas tras la devaluación de 2024 y la baja de aranceles para productos importados, que pasaron del 35% al 20% en heladeras y lavarropas. Esta situación afectó no solo a Whirlpool, sino también a empresas como Mabe (Drean), Electrolux, Gafa y Newsan.
Pese al cierre, la marca mantendrá su oficina comercial sobre la ruta 8 y su estructura de distribución, donde continuarán trabajando unas 110 personas. La empresa continuará operando en el país, pero con productos importados.
El impacto humano: testimonios de los trabajadores despedidos
El anuncio tomó por sorpresa a los empleados, lo que quedó registrado en un video viralizado en redes sociales. En él, un delegado explicó que la compañía alegó falta de rentabilidad para seguir produciendo en Argentina. La escena mostró la angustia y el desconcierto de quienes se enteraron de que era su último día de trabajo.
Ignacio Cabezas, uno de los trabajadores despedidos, afirmó que el cierre fue “completamente sorpresivo”. Explicó que esperaban una suspensión temporal, pero nunca un cierre definitivo. Por su parte, Nahuel Gauna contó que imaginaban medidas como vacaciones adelantadas o recortes transitorios. “No se nos pasó por la cabeza, por la inversión de 70 millones de dólares que hicieron en 2022. Hasta ayer trabajamos normalmente y a las 14 cerró”, relató en diálogo con C5N.
Los testimonios reflejaron el impacto emocional y económico del cierre, que dejó sin sustento a cientos de familias en el distrito y reavivó el debate sobre el futuro de la industria nacional en un contexto de apertura comercial acelerada.

