La estadística corresponde a América Latina. El autismo está dentro de los trastornos del neurodesarrollo, que son una serie de alteraciones que ocurren en niños físicamente sanos. Si bien escuchamos hablar cada vez más de autismo en la actualidad, el neurólogo infantil Dr. Pablo Vercelli sostiene que “todos los trastornos del desarrollo representan una epidemia en los consultorios de neuropediatría, y el autismo es uno de ellos”.

De la Redacción de EL NORTE
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Cada vez se habla más del trastorno del espectro autista (TEA) y las familias lo tienen presente en el seguimiento del crecimiento de sus hijos. Según señalan las estadísticas, en América Latina 1 de cada 120 niños tiene autismo. “Todos los trastornos del desarrollo representan una epidemia en los consultorios de neuropediatría, y el autismo es uno de ellos”, afirmó a EL NORTE el neurólogo infantil Dr. Pablo Vercelli, quien indicó que “hay una epidemia de los trastornos del lenguaje más que de autismo”.
“El autismo está dentro de los trastornos del neurodesarrollo, que son una serie de alteraciones que ocurren en niños físicamente sanos. El cerebro es el único órgano que nace y no basta con nacer sano, sino que tiene que desarrollar la habilidad de ejercer una función, a diferencia de cualquier otro órgano. El cerebro, cuando nace, sabe las funciones básicas del ser humano, pero, a partir de ahí, la organización cerebral va a hacer que aprenda habilidades. Cuando se afecta este desarrollo de habilidades relacionadas con la comunicación, el lenguaje, el pensamiento, pueden aparecer estos trastornos en el neurodesarrollo. Entre ellos está el autismo”, comentó el especialista.
Quien marcó que “no se trata de una enfermedad, sino de un trastorno, por lo cual no hay una uniformidad en cuanto al cuadro clínico” y “no se sabe todavía las causas, por lo cual no se sabe cómo prevenirlo; influyen factores genéticos, ambientales y de todo tipo”. Sí hay tratamientos sintomáticos de rehabilitación para cada caso.
Afección
“El autismo es una conectopatía”, sostuvo el entrevistado y amplió: “En el autismo se afecta de manera muy importante la comunicación social, no solamente el lenguaje verbal, sino el no verbal, y la capacidad del cerebro de procesar toda esa información. Además, aparecen alteraciones en la conducta; generalmente son patrones restrictivos y repetitivos, donde no tienen una finalidad clara. Como, por ejemplo, acariciar objetos o llevarlos a la boca, incorporar el conocimiento del mundo que te rodea a través de sentidos de manera inapropiada.
Asimismo, no logran desarrollar relaciones vinculares con pares de forma adecuada a su edad, ello por una dificultad en la reciprocidad social. En cuanto a las alteraciones conductuales, estos patrones restrictivos y repetitivos pueden ser reiterar palabras fuera de contexto; son muy rígidos en cuanto a las rutinas diarias, les cuesta mucho cambiar un camino que hacen habitualmente o una rutina para despertarse a la mañana, o para jugar incluso. También hay una hiper o una hiporreactividad sensorial, como que molesten los sonidos o, al contrario, no responder a ningún sonido, ni siquiera a la voz humana. Ello puede afectar la conducta”.
La importancia del diagnóstico
Respecto de la tendencia en cuanto a cantidad de casos de autismo, el Dr. Vercelli consideró que “no están en aumento”. “La gran epidemia está en los trastornos del lenguaje que afectan varias áreas y esferas, y se parecen al autismo. Entonces gente no capacitada habla de autismo y la familia ya adopta ese concepto como propio”, explicó y agregó: “Si bien el autismo es un cuadro frecuente, hay muchos diagnósticos diferenciales que los deben establecer médicos especialistas. El diagnóstico es complejo. Aunque hay baterías de test para diagnosticar el autismo, la mirada experta de un profesional es más válida. A veces, de cada diez pacientes que vienen con test positivo de autismo, dos lo son y el resto no”.
Finalmente, refirió que “estos problemas del desarrollo donde está implicada la socialización, la comunicación, el aprender a vivir con otros, se dan en paralelo con un mundo donde cada vez estamos menos juntos. Vivimos más hacinados pero menos conectados, donde menos veces que antes se establecen reuniones familiares ampliadas”.
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