Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 20,27-38)

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
«Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos ha ordenado: ‘Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda’. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer? Jesús les respondió: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que son juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección no se casan. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor ‘el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob’. Porque Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él”». Palabra del Señor.
Fe y opción de vida
Los saduceos del Evangelio de este domingo le plantean a Cristo el tema de la resurrección de los muertos. La resurrección de Cristo después de la muerte, como un anticipo de nuestra propia resurrección, es el fundamento de la fe cristiana. Sin esta fe no hay razón para una ética, para vivir esta vida según los valores que Cristo nos dejó. De hecho, san Pablo dice que la otra opción es: “Comamos y bebamos porque total mañana moriremos”. Esto quiere decir que hay solo dos modos de vivir en esta tierra: los que creen en ese final feliz y entonces tratan de llevar una vida según los valores que Cristo nos dejó como camino para llegar a la meta, y los que no creen y simplemente intentan pasarla bien y no ven que tengan que vivir según un “valor objetivo”, porque piensan que tarde o temprano morirán y luego de la muerte no hay nada. Entonces, si les conviene, roban, mienten a los demás o se perpetúan en un cargo por el cargo mismo y no trabajan para el bien común, son infieles en su vida matrimonial, buscan todo lo que los ayude a tener dinero, aunque el camino para llegar a eso sea inmoral.
Fe y bien común
Al final, los hombres vivimos según los valores de Cristo o según lo que consideramos la propia conveniencia. Es un poco lo que nos pasa a los argentinos hoy; vamos perdiendo la fe y entonces no nos importan los valores; cada uno vive según le parece, aunque eso sea inmoral. La consecuencia es que, por ese camino, es muy difícil, por no decir imposible, lograr el bien común. Esa opción genera desigualdad y la vida de todos, especialmente la de los más desvalidos, se hace muy difícil de vivir; la inseguridad y la violencia van aumentando, porque sin equidad no hay paz posible. El resultado es que mucha gente vive crispada, la confrontación aumenta, en el fondo, porque tenemos la sensación generalizada de que “algo no va”, de que no le estamos encontrando el camino a nuestro país, al bien común, a una patria más justa, con más calidad de vida para todos, porque tenemos la conciencia de que estamos en una tierra amplia y rica, que debería alcanzar para saciar a todos, al menos, a la enorme mayoría, y, sin embargo, no es así.
Educación y valores
Solemos poner la esperanza en la “educación” o en la “capacitación”, pensando en un acceso de todos a un nivel primario, secundario, terciario y universitario. Obviamente, esta intuición es buena; la educación es necesaria para desarrollar la inteligencia, la responsabilidad y las habilidades para una profesión. Sin embargo, no alcanza. Supongamos que hay un joven que ha tenido en la escuela media todos “10”; intelectualmente es un genio, pero ese joven no tiene valores fundamentados en una meta trascendente de su vida. Por la influencia de sus amigos cae en la droga; luego, para seguir consumiendo, necesita dinero y roba; al hacerlo, la víctima resiste y cae en la violencia. De este modo, este joven tan capaz, con un futuro tan promisorio para él y para la sociedad, cayó en una espiral de inmoralidad y se degradó como persona porque no encontró el fundamento para vivir una vida en función de los valores que vienen de Cristo y de la convicción de una meta trascendente de la vida.
Creer es razonable y conveniente
Es admirable que quienes no nos dimos la vida no tengamos poder para permanecer en la vida; sin embargo, vivamos. Si la vida no tiene fundamento en nosotros mismos, la tiene en “Otro”. Para los cristianos, ese “Otro” que nos sostiene en la vida nos dio una “hoja de ruta” a través de Cristo, un modo de vivir, una ética que optimiza el bien común y lleva a una meta trascendente. Como Dios nos ama, nos dejó libres; mirando las consecuencias, lo inteligente es acertar en la opción.
Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

