Homilía del Obispo: “Agradecidos”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 17, 11-19).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

«Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: “Jesús, ¡Maestro, ten compasión de nosotros!”. Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba sanado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: “¿Cómo?, ¿no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”. Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”». Palabra del Señor.

El asombro de Jesús

Jesús pregunta asombrado por qué, si curó a diez leprosos, solo uno volvió a dar gracias. Suele decirse que las personas, en general, miramos la mitad del vaso de agua que nos falta, en vez de mirar la mitad que tenemos, y por eso somos quejosos en vez de ser agradecidos. Por otro lado, suele ocurrir que nos tiene que faltar algo que teníamos, por ejemplo, la salud, para darnos cuenta de lo valioso que era estar sanos. En este sentido, parecería que no valoramos lo que tenemos o no nos damos cuenta de que “Alguien” nos regaló las cosas fundamentales que tenemos: la vida y la salud que nos permiten alcanzar las demás, estudiar para lograr la profesión que amamos, trabajar para tener una vida digna, amar y ser amados, vivir felices.

La clave para ser agradecidos

La clave para ser agradecidos es tener conciencia de que lo fundamental que tenemos es un regalo. Que esto sea verdad se descubre con claridad en el hecho de estar vivos y tener salud; ambas cosas no dependen de nosotros y son las realidades que nos permiten lo demás: estudiar, trabajar, comunicarnos, practicar un deporte, divertirnos, viajar, tener hijos, formar una familia, experiencias que disfrutamos y son regalos que dependen de las dos primeras. El regalo de la vida y la salud nos remiten a Dios; por eso en los santuarios marianos, por ejemplo, en Nuestra Señora de Luján, Nuestra Señora de Itatí, María del Rosario de San Nicolás, Lourdes o Fátima, los sacerdotes constatamos que la enorme mayoría de los peregrinos van a agradecer o a pedir fundamentalmente por la salud propia o de los familiares. El segundo motivo por el cual los cristianos vamos a los santuarios son los agradecimientos o pedidos por vínculos que se rompieron y rehicieron, y por el trabajo que se había perdido y se reencontró.

La vida y la salud, que no dependen de nosotros, nos ayudan a remitirnos y a creer en un Dios que es Padre Creador; que nos fue tejiendo en el seno de nuestra madre (cf. Salmo 139), que nos dio no solo el regalo de la vida y de la salud, sino también el de las personas que nos acompañan y nos quieren; de los que nos promocionaron humanamente, como por ejemplo los docentes que nos enseñaron el “abc” de la vida; nuestros padres que se gastaron y desgastaron para que seamos alguien, los amigos con los cuales aprendimos que no éramos una isla, las oportunidades de estudiar, trabajar, el poder ver, oír, gustar, caminar…, ¿tenemos que esperar que nos falten para agradecerlos a Dios?

Tomar conciencia

Jesús, en el Evangelio de este domingo, nos habla de la importancia de ser agradecidos. Hay un escritor que, en este sentido, dice así: “Un seno nos llevó antes de nacer, otro seno nos ha acogido y nos sigue llevando el resto de nuestra vida, signo de una realidad que ha sido madre para nosotros, dándonos siempre mucho más de cuanto hemos merecido o pedido. Tanta gente que estuvo en nuestro camino y tuvo para nosotros gestos de bondad, de acogida, de cuidado, de perdón, de comprensión, de apoyo, de estímulo, de paciencia, etc. Esas personas que fueron para nosotros ‘bendición’, fueron a la vez, mediación quizá inconsciente y sin duda imperfecta, de aquella ‘Voluntad Buena’ –Dios–, que amándonos ha querido que existiéramos, que fuéramos dignos de existir”. Por eso lo natural en cada despertar es agradecer. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Buen domingo.

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