Científicos analizaron la huella de carbono de más de 50 ciudades principales del mundo

TAMBIÉN SE ESTUDIARON EMISIONES COMBINADAS

El trabajo, publicado en AGU Advances y divulgado recientemente en Phys, utilizó imágenes satelitales para ofrecer una radiografía inédita de la huella ambiental de los centros urbanos. Los investigadores no realizaron un ranking, pero concluyeron que “Tokio (Japón) muestra las emisiones más altas, mientras que Róterdam (Países Bajos) las más bajas”.

Un avance científico permitió observar desde el espacio cómo se distribuyen las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) en 54 de las principales ciudades del mundo. El trabajo, publicado en AGU Advances y divulgado recientemente en Phys, utilizó imágenes satelitales para ofrecer una radiografía inédita de la huella ambiental de los centros urbanos. Los científicos analizaron datos de lugares como Seúl, Nueva York, Los Ángeles, Róterdam, Chicago, Tokio, Nueva Delhi, Houston, Ciudad de México, Calcuta, São Paulo, Dubái, Roma, Río de Janeiro, Buenos Aires y Toronto, entre otros.

Si bien no realizaron un ranking, dejaron este resultado: “Entre estas ciudades, Tokio (Japón) muestra las emisiones más altas, mientras que Róterdam (Países Bajos) las más bajas”. Veamos cómo llegaron a este planteo y qué otros datos encontraron.

Economía y población

Según los datos reportados, las emisiones combinadas de las ciudades estudiadas reflejan 1735 millones de toneladas métricas de CO₂, “lo que se encuentra entre las emisiones anuales de Rusia y Japón, los cuartos y quintos países emisores más grandes, respectivamente”.

El estudio también compara lo siguiente: “Las ciudades de Norteamérica emiten 0,1 kilos de CO₂ por cada dólar de producción económica, mientras que las ciudades africanas emiten 0,5 kilos de CO₂ por cada dólar”. Este resultado refleja que los centros urbanos con mayor desarrollo económico producen menos emisiones por unidad económica que los de menores ingresos, según los autores.

El trabajo presenta además una relación inversa entre la densidad de población y las emisiones per cápita. Los autores señalan que “las emisiones per cápita disminuyen cuanto más poblada es la ciudad, de 7,7 toneladas de CO₂ por persona en urbes con menos de 5 millones de habitantes hasta 1,8 toneladas por persona en las ciudades con más de 20 millones de habitantes”. De esa forma, las ciudades más grandes muestran mayor eficiencia climática por individuo.

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Cálculos

Las estimaciones ascendentes se calculan a partir de datos concretos sobre actividades humanas, como el uso de combustibles, el consumo de energía o la producción industrial en una ciudad. Al sumar estos datos y aplicar factores de emisión específicos, los científicos obtienen un valor total de emisiones para ese lugar. Este método se utiliza ampliamente en los inventarios ambientales convencionales.

El análisis vincula parte de los desajustes a la antigüedad de los factores de emisión y a la resolución espacial limitada de muchos inventarios.

En el análisis, los investigadores compararon los resultados de las mediciones satelitales con los valores de dos bases de datos internacionales muy usadas para estimar emisiones: EDGAR y ODIAC. Estos sistemas calculan las emisiones a partir de información sobre consumo de combustibles y actividad económica en las ciudades.

El equipo indica en el documento que las mediciones satelitales del instrumento OCO-3 de la NASA arrojan diferencias en relación con los inventarios convencionales, sobre todo en algunos continentes. Según los autores, “las estimaciones ascendentes tienden a sobrestimar las emisiones en las ciudades de Asia Oriental Central y del sur y oeste de Asia, mientras que suelen subestimarlas en África, Asia Oriental y Sudeste Asiático y Oceanía, Europa y América del Norte”.

El equipo calculó las emisiones de CO₂ en 54 ciudades a partir de mediciones satelitales directas de la atmósfera, en vez de basarse solo en datos de consumo energético o actividades urbanas. Para ello, analizaron información recolectada entre 2019 y 2023 por el satélite OCO-3.

A las mediciones de dióxido de carbono sumaron los niveles de dióxido de nitrógeno (NO₂), tomados por el satélite europeo TROPOMI, que sirvieron para confirmar que las emisiones observadas estaban relacionadas con actividades humanas.

Para los autores, el avance de las mediciones satelitales permite a las ciudades contar con herramientas más precisas para monitorear sus emisiones, ajustar sus políticas climáticas y orientar inversiones hacia acciones de impacto.

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