La tradición comenzó en la presidencia de José Figueroa Alcorta, quien quiso proteger al séptimo hijo varón de una familia rusa. La leyenda habla de revertir la “maldición rusa” que convierte al hijo en “lobizón” y a la hija en “bruja”.

La leyenda dice que el séptimo hijo varón puede convertirse en “lobizón” o la séptima hija mujer en “bruja”. Sobre esta leyenda de tradición rusa es que, durante la presidencia de José Figueroa Alcorta, este mandatario argentino intentó “proteger” a un niño de familia de inmigrantes rusos. Y para ello, el padrinazgo presidencial implicó un funcionario presente en el bautismo y una beca educativa. Hubo que esperar hasta 1974 para que el gobierno de María Estela Martínez de Perón convirtiera esta protección en ley, y desde entonces más de 11.000 ahijados gozan de este beneficio.
Leyenda, rito popular o maleficio. Por lo que fuera, la oleada rusa de principios del siglo pasado también trajo sus tradiciones y hábitos. Y en el caso de los ahijados y ahijadas, se importó la decisión de la zarina rusa Catalina la Grande, que esparcía su halo de protección contra los males y evitaba que estos niños fuesen abandonados. Fue en 1907 cuando el matrimonio alemán compuesto por Enrique Brost y Apolonia Holmann trajo al mundo a su séptimo hijo varón, José, quien nació en la provincia de Buenos Aires, y sus padres le escribieron al presidente para que lo apadrinara.
Con más de 11.000 apadrinados a lo largo de la historia, el mandatario con más ahijados fue Juan Domingo Perón. Durante su último mandato, su esposa Isabelita reglamentó y puso en vigencia la ley en 1974, y el creador de la doctrina peronista fue quien más casos tuvo a lo largo de sus 10 años en diferentes períodos al frente de la Casa Rosada. Fueron más de 1600. Luego hay que buscar en los dos períodos de Carlos Menem, con unos 1100, y Cristina, con dos presidencias continuas, con una cifra similar. El radical Raúl Alfonsín volvió a la democracia con unos 960 ahijados y la propia Isabelita con más de 470. Néstor con más de 300, entre ellos el caso del rosarino Brian Ojeda.
El protocolo establecía el envío de un edecán al bautismo y la entrega de lo que en un momento fue de oro y acuñada en la Casa de la Moneda, aunque con el tiempo este metal se convirtió en otro menos oneroso.
La norma originada 51 años atrás establecía que los beneficiarios tenían derecho a la educación gratuita desde el nivel primario hasta el universitario. Y se establecía el giro de fondos para atender estas necesidades. Luego, durante la primera presidencia de Cristina, en 2009 se eliminó la obligación de que los séptimos o séptimas sean consecutivos y sin la obligación de venir de una familia cristiana. De hecho, en 2014 se registró el primer ahijado presidencial judío.

