“Que la cultura de la indiferencia no se transforme en la cultura de la impotencia”, expresó en su homilía el Obispo Hugo Santiago

En el 42° aniversario del Acontecimiento Mariano en San Nicolás, Mons. Hugo Norberto Santiago presidió la misa central en el campito minutos después de las 16 horas. En su homilía, invitó a los fieles a mantener viva la esperanza frente a las dificultades y no caer en la impotencia. Se expresó también contra el aborto y la eutanasia, a las que señaló como parte de la “cultura de la muerte” que impera en la actualidad.

"Que la cultura de la indiferencia no se transforme en la cultura de la impotencia”, expresó en su homilía el Obispo Hugo Santiago
Monseñor Hugo Santiago en la misa central. Foto: EL NORTE.

El obispo de San Nicolás, Mons. Hugo Norberto Santiago, presidió la misa central del 25 de septiembre en el Campito del Santuario, en el marco del 42° aniversario del Acontecimiento Mariano. En la misa estuvo presente el intendente de la ciudad Santiago Passaglia, junto a autoridades del concejo deliberante. También hubo presencia de representantes del Ejército y Prefectura Naval.

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Tras la procesión y el saludo a la imagen de la Virgen con lluvia de pétalos, el prelado pronunció una homilía centrada en la esperanza, en línea con el lema del jubileo 2025. Recordó las palabras del Papa León XIV sobre el “grito de Cristo en la cruz” y afirmó: “Jesús no muere en silencio, no se apaga como una luz que se consume, sino que deja la vida con un grito”. Para el obispo, ese gesto resume dolor, abandono, fe y entrega, pero también esperanza: “Quien grita y quien llora lo hace como una queja ante quien lo puede ayudar”.

Un llamado a transformar la impotencia en esperanza

Durante la homilía, Mons. Santiago advirtió sobre la tentación de caer en la indiferencia y la impotencia frente a la enfermedad, el desempleo o los vínculos rotos. “Ante un joven que descubre que tiene una enfermedad grave, diríamos impotentes y silenciosos: no hay nada por hacer”, expresó, pero subrayó la necesidad de gritar a Dios con fe.

“Quienes se quedaron sin trabajo se tienen que unir y pedir ayuda con un grito pacífico que busque el diálogo”, afirmó, y agregó que también quienes padecen enfermedades graves o vínculos rotos deben elevar su súplica al Padre y a la Virgen María. “La Virgen, como en Caná, intercederá ante Jesús y Dios te puede sorprender con una fiesta de reencuentro”, destacó.

El obispo llamó a construir la paz en todos los ámbitos: “Nuestro grito esperanzador tiene que ser desarmado y desarmante. Tenemos que trabajar por la paz, pacificando las redes sociales, diciendo no a la cobardía de destruir escondidos detrás de una pantalla”.

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Escuchar los gritos silenciados y defender la vida

El obispo subrayó también la importancia de escuchar y ponerse en el lugar del otro. “Tenemos que saber escuchar a quienes gritan y lloran para que la cultura de la indiferencia no se transforme en cultura de la impotencia”, sostuvo.

En este marco, hizo referencia a temas de la vida y la dignidad humana. “Tenemos que escuchar los gritos silenciosos de tantos niños que fueron ultimados en el seno de sus madres por una ley insensata”, advirtió en relación al aborto. Asimismo, alertó sobre la eutanasia, a la que calificó como parte de la “cultura de la muerte” del mundo de hoy: “La vida es un regalo de Dios y nosotros, que somos simples creaturas, no tenemos la autoridad de ponerle fin por nuestros propios medios”.

Al concluir, Monseñor recordó a la Virgen Dolorosa como modelo de fe y esperanza. “La Virgen, como Jesús, también llora ante la Cruz con un gesto de esperanza. Hoy con el nombre de María del Rosario de San Nicolás, nos invita a gritar ante los desafíos dolorosos de nuestro peregrinar, como un grito pacífico y esperanzado que confía en el Padre Dios, capaz de lo inaudito”.

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