Los electores nicoleños acudirán a las urnas el próximo 7 de septiembre para la elección provincial y el 26 de octubre para la nacional. Este distrito registra altos niveles de participación en los procesos electorales recientes. El desafío en las Legislativas 2025 será revalidar el compromiso cívico, en contraposición al desinterés creciente que ha quedado expuesto en las elecciones llevadas a cabo en diferentes jurisdicciones. ¿Por qué? Fundamentalmente, porque el sistema democrático se fortalece desde la acción propositiva de cada uno de los ciudadanos.

De la redacción de EL NORTE
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Mientras en otros distritos federales las experiencias electorales de este año dejaron como saldo bajas participaciones de sus respectivos electorados, la provincia de Buenos Aires se prepara para una elección histórica, por primera vez separada de los comicios nacionales.
Cada nuevo proceso electoral representa una formidable oportunidad de robustecer el sistema de representación democrático y republicano. De allí que acudir al llamado de las urnas es, antes que una obligación, una responsabilidad que todo ciudadano debe asumir.
En los últimos 25 años, el promedio de participación de electores en San Nicolás se ubica en el 80,88%. El porcentual expresa lo que sucedió en las doce elecciones que definieron cargos. Es decir, no entran en esa cuenta las siete elecciones PASO.
Tomando solo las legislativas, el promedio de participación local de los últimos 25 años fue del 79,07% (con cargos ejecutivos en juego, es del 80,88%).
El número más bajo de la serie es el 74,18% de participación de las elecciones legislativas de 2021, las más recientes. En las otras cinco el presentismo había sido más alto: 79,71% en 2017; 81,88% en 2013; 78,62% en 2009; 80,47% en 2005; y 79,60% en 2001.
La de 2001 fue aquella elección previa al estallido social y político de aquel año. En esa oportunidad, más que apatía lo que se expresó en las urnas fue enojo. Más significativo que la participación del 79,6% de los electores nicoleños había sido el 15,21% del voto en blanco.
El enojo es válido, pero no se evapora desentendiéndose de votar. Todo lo contrario. Sólo basta recordar la felicidad de la jornada histórica de 1983 con la recuperación de la vida en democracia.
Obligatoriedad
Todos los argentinos nativos o por opción (es decir, cuando una persona es hija de padres argentinos y elige esta nacionalidad) desde los 18 y hasta los 70 años están obligados a votar en las elecciones, tanto en la nacional como en la bonaerense.
En caso de no votar, estos electores deben afrontar el pago de una multa o pueden recibir sanciones, salvo que se encuentren dentro de los grupos de exceptuados y justifiquen su ausencia en los comicios, de acuerdo con el Código Electoral Nacional.
El derecho al voto constituye una instancia fundamental de participación, entre las muchas que propone nuestro sistema democrático. Sin duda, tiene una importancia destacada por tratarse al mismo tiempo de un acontecimiento individual y colectivo en el que se enlazan los derechos y los deberes de la ciudadanía.
En la Argentina actual el voto es secreto, universal y obligatorio, pero no siempre fue así. Y es que en algunos momentos de nuestra historia muchos sectores de la sociedad no tenían derecho al voto. Hasta 1912 solo votaban los hombres de las clases dirigentes y recién en 1947 las mujeres pudieron acceder a este derecho. Además, desde 2012, también pueden votar las y los jóvenes a partir de los 16 años.
La obligatoriedad del voto no implica únicamente sanciones para quienes incumplan este deber ciudadano, sino que desde 1983 representa una responsabilidad y un compromiso con la vida democrática por parte de toda la sociedad argentina.

