Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Lc 10,25-37).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
«Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”. Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?”. Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”. “Has respondido exactamente –le dijo Jesús–; obra así y alcanzarás la vida”. Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”. “El que tuvo compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve y procede tú de la misma manera”». Palabra de Dios.
Los “cercanos lejanos”
La respuesta de Jesús al doctor de la Ley es una llamada de atención fenomenal que lo deja muy mal parado. El que le está hablando es un “especialista” en la ley de Dios y Jesús, para responderle, le pone como ejemplo el modo de actuar de un samaritano. Salvando distancias y diferencias, es como si hoy un obispo le hiciera la pregunta y Jesús le respondiera con el ejemplo de un no creyente y al final le dijera: “Haz lo mismo que él”.
Jesús nos advierte que hay “cercanos lejanos”. El sacerdote y el levita que pone como ejemplo en su parábola pertenecen a la “comunidad elegida” o “de los practicantes”, y, sin embargo, están lejos de Dios y de los demás, porque “pasan de largo”, es decir, son indiferentes ante la persona asaltada y herida que está caída en el camino. Representan la indiferencia y la falta de sensibilidad de tantas personas de hoy, de una sociedad que hace estadísticas de la pobreza, pero se ha olvidado de que la misma tiene “rostros”, de mujeres víctimas de la violencia familiar, de hombres en situación de calle, de huérfanos, de personas sin hogar, de obreros que se quedaron sin trabajo, de la pobreza generacional no incluida, donde los abuelos fueron pobres, los padres son pobres y los hijos lo seguirán siendo, mientras la sociedad o alguien no los promueva dándoles acceso a una vida más digna. Con palabras más nuestras podríamos decir que Jesús nos dice: no basta la “chapa” de católico si no vives como tal en la vida concreta. Si no tienes la empatía necesaria para ponerte en lugar del que sufre y comprometerte con un gesto de ayuda, tu ‘título’ está vacío de contenido.
Los “lejanos cercanos”
Hay “lejanos cercanos” como el samaritano, que representa, diríamos, a un “no creyente”, que aparentemente es “no practicante”; sin embargo, y paradójicamente, ante el sufrimiento del prójimo se conmueve, se solidariza, da su tiempo, sus talentos y su dinero para organizarse como voluntario de un hogar para varones en situación de calle o de mujeres víctimas de violencia familiar, o de un hogar de niñas judicializadas, o para visitar a los privados de libertad porque es consciente de que llegaron allí tal vez porque la vida no les dio nada, porque nacieron fuera del sistema y quisieron entrar en él a través de un camino equivocado. De él, Jesús nos dice: “Ese no creyente es prójimo porque se acerca y ayuda a los más heridos de esta sociedad; míralo y hacé vos lo mismo”.
¿Qué nos quiere decir Jesús?
¿Qué quiere decir entonces Jesús? ¿Que no hay que ser practicantes, no hay que participar de la Misa dominical para salir de la indiferencia y ser solidarios? No. Lo que quiere decir es que no basta con rezar sin comprometerse por el bien de los demás, especialmente por los más vulnerables cuando su sufrimiento es evidente y reclaman una mano. Por otra parte, para un católico, no basta el compromiso social sin oración, sin recurrir a Dios, porque el compromiso sin oración, tarde o temprano, se queda sin alma y sin valores por carecer de la motivación fundamental que es Dios, que no solo nos dice “ama a tu prójimo”, sino que nos da la fuerza y la creatividad y la alegría para realizarlo.
Buen domingo.

