El cuerpo fue enterrado con apuro en los años 90. La Justicia intenta reconstruir quiénes habitaron el lugar antes del músico.

La investigación por los restos humanos hallados en la antigua casa que alquiló Gustavo Cerati en Coghlan sumó nuevos elementos clave. El hallazgo, ocurrido el 20 de mayo pasado, tomó otro rumbo tras conocerse que los huesos estaban a apenas 60 centímetros de profundidad. Esa característica sugiere que la fosa fue cavada con apuro y sin planificación.
El lugar donde apareció el cuerpo fue una medianera entre el terreno de Congreso 3742 y un chalet lindero. En esta segunda propiedad vive una mujer de 90 años, residente del barrio desde la década del 70. La mujer convive con uno de sus hijos, mientras que el otro vive a pocos metros. Ambos fueron señalados como personas de interés para los investigadores.

Fuentes allegadas al fiscal Martín López Perrando fueron contundentes: “Enterrar a una persona fuera del sistema legal es un delito. Nadie entierra a nadie en el fondo de su casa, salvo en una cuestión extraña”. La frase pone el foco sobre lo insólito de que un cuerpo aparezca en plena ciudad, en una casa particular, sin registro alguno.
Entre las 150 piezas óseas recuperadas había también una suela, piezas dentales y un reloj digital Casio CA-90. Este modelo, según confirmaron fuentes judiciales, comenzó a venderse en Argentina en 1992. Por eso, los investigadores creen que el crimen ocurrió a partir de esa fecha. El Gabinete Científico determinó preliminarmente que los huesos pertenecen a un varón de entre 20 y 22 años.

La demolición de la casa, que se preparaba para dar lugar a un edificio, fue lo que permitió descubrir la fosa. En ese mismo terreno, décadas atrás, había funcionado la primera sede de la parroquia Santa María de los Ángeles. Más tarde perteneció a una artista y fue alquilada por Cerati entre 2001 y 2003, como espacio artístico.
A la par de los análisis forenses, la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 61 busca reconstruir quiénes vivieron allí antes de Cerati. Para ello, se investiga a través del Registro Civil, empresas de servicios y otras bases de datos. “Que murió y lo enterraron, eso está claro. No es que era un indigente que se murió de frío”, remataron desde el entorno judicial.
Las imágenes del hallazgo, difundidas por TN, muestran huesos dispersos, dientes y objetos personales. La conexión con Cerati generó impacto mediático, pero la causa judicial apunta a reconstruir una historia mucho más antigua y oscura, con posibles implicancias en el vecindario.

