12 de Junio: A 57 años del histórico fallo que legalizó el matrimonio interracial en Estados Unidos

En este 12 de junio se conmemora la histórica sentencia que en 1967 declaró inconstitucionales las leyes contra el matrimonio interracial en EE.UU

12 de Junio

El 12 de junio de 1967, la Corte Suprema de Estados Unidos emitió uno de los fallos más trascendentes en la historia de los derechos civiles: en el caso Loving vs. Virginia, declaró inconstitucionales las leyes estatales que prohibían el matrimonio interracial. La decisión, unánime, invalidó normas vigentes en 16 estados y marcó un antes y un después en la lucha contra el racismo institucional.

El fallo respondió a la apelación de Richard Loving, un hombre blanco, y Mildred Jeter, una mujer afrodescendiente, casados legalmente en Washington D.C. en 1958. Al regresar a su hogar en Virginia, fueron arrestados en plena madrugada por violar la Ley Racial de Integridad, que prohibía los matrimonios “mixtos”. La pena: un año de prisión o el exilio del estado por 25 años.

El racismo como ley: estructuras legales e imaginarios religiosos

Las leyes contra el matrimonio interracial, también conocidas como anti-miscegenation laws, estaban vigentes desde la época colonial, marcada por una fuerte influencia puritana, propia de los primeros colonos ingleses que arribaron a norteamérica. Su función era preservar lo que se consideraba la “pureza racial blanca”. Ya entrados los siglos XVIII y XIX servía, además, sostener la jerarquía social impuesta por siglos de esclavitud.

Virginia, como otros estados del sur, fundamentaba estas leyes no solo en preceptos racistas, sino también en interpretaciones bíblicas rígidas y descontextualizadas. Desde los púlpitos se defendía la separación entre razas citando pasajes del Antiguo Testamento o el relato de la Torre de Babel, interpretado malsanamente como mandato divino de separación cultural y étnica. Estas lecturas literalistas y etnocéntricas eran frecuentes en esos sectores cristianos baptistas, metodistas y evangelistas del sur profundo, donde la religión operaba como respaldo moral del sistema legal segregacionista.

Una típica iglesia Bautista del Sur

Estos direccionamientos ejercían profunda influencia en una población hondamente religiosa, que sólo tenía acceso a esas visiones distorsionadas de “cristianismo” sectario, que poco tenían que ver con lo profesado históricamente por la Iglesia. Tanto para el catolicismo como para la ortodoxia, las principales ramas cristianas con vinculación directa con los apóstoles, el matrimonio es un sacramento que sólo exige el bautismo de la mujer y el hombre se unen: ningún impedimento debe haber del tipo racial, ya que todos los seres humanos somos iguales ante los ojos de Dios. Sin embargo, para las sectas nacientes, y sobre todo las que proliferaban en aquel contexto norteamericano, el mandato era bien distinto.

Un fallo que cambió la historia y abrió nuevos frentes

La Corte Suprema, en una decisión redactada por el juez Earl Warren, fue contundente: “La libertad de casarse reside en el corazón del derecho a la libertad. Privar a una persona de esta libertad sobre la base del color de piel viola los principios fundamentales de la igualdad protegidos por la Constitución”.

La sentencia no solo habilitó el matrimonio interracial en todo el país, sino que echó por tierra los argumentos morales y científicos esgrimidos por los defensores de la segregación. Además, preparó el terreno para futuros fallos que ampliarían derechos civiles, como la legalización del matrimonio igualitario en 2015.

Un símbolo cultural que aún interpela

El caso Loving no se convirtió en un simple expediente judicial. Fue resignificado como ícono de la igualdad y del amor frente a la opresión. Mildred Loving, antes de morir en 2008, expresó: “No estamos tratando de cambiar el mundo. Solo queremos vivir juntos”.

En 2017, al cumplirse 50 años del fallo, se estableció el Loving Day, conmemoración que se mantiene cada 12 de junio en distintas partes del mundo. En Estados Unidos, también sirvió para visibilizar el racismo estructural que aún persiste, más allá de las leyes.

El fallo Loving vs. Virginia no solo legalizó el matrimonio interracial: desarmó una red legal alimentada por siglos de supremacismo blanco y por una cosmovisión religiosa que, en nombre de la Biblia, sostenía la exclusión.

A casi seis décadas, sigue siendo un hito que interpela los discursos actuales sobre diversidad, derechos, religión y racismo en las democracias modernas.

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