Hay casi tres veces más suicidios que homicidios en San Nicolás

NÚMEROS QUE PREOCUPAN

Desde el comienzo del año se registraron 18 muertes violentas en la ciudad. Una fue producto de un homicidio doloso y cuatro a causa de accidentes de tránsito. Las otras 13 fueron autoprovocadas. El Ministerio de Seguridad informó que actualmente es la principal causa de muerte violenta en el país. Especialistas sostienen que, en la mayoría de los casos, la conducta suicida puede ser advertida a tiempo y modificada.

Ilustración

De la Redacción de EL NORTE
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En menos de cinco meses se produjeron 13 suicidios en nuestra ciudad. Este número casi triplica la cantidad de muertes ocurridas por homicidios dolosos y culposos que en suma llegaron a cinco. El último informe emitido en diciembre de 2024 por el Ministerio de Seguridad de la Nación da cuenta de que con el 38,1% es la principal causa de muerte en el país. En lo que va del año, el porcentaje en San Nicolás alcanzaría el 72%. De todas formas, la tasa por cada cien mil habitantes medida en este período se encuentra en consonancia con la informada en la última estadística, que es de 9,8 cada cien mil habitantes para el orden nacional y de 7,4 para el provincial. Durante el año 2023 se registraron 4197 muertes autoprovocadas en el país. En nuestra ciudad, además de los 13 suicidios consumados, se registraron al menos 12 tentativas, en su mayoría entre personas de menos de 30 años. Los números podrían ser bastante más altos si tenemos en cuenta que existe un subregistro de información, ya que la fuente de datos, en general, es policial, por lo que se vuelcan solo los recogidos cuando son llamados ante el suicidio consumado o una tentativa que requiera intervención de la fuerza. Otra dificultad está relacionada con la imposibilidad, en algunos hechos, de contar con evidencia que denote que se trata de un suicidio a primafacie y, por lo tanto, ingresen al sistema como “muerte dudosa”. También puede ocurrir que la persona resulte gravemente lesionada en un intento de suicidio y fallezca con posterioridad: si las policías no hacen seguimiento del caso, ese deceso no se registra.

Sistema de alerta temprana

Los últimos datos del “Sistema de alerta temprana” difundidos por el Ministerio de Seguridad de la Nación provienen del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC). Si bien el suicidio no constituye un delito, su inclusión responde a la necesidad de registrar todas las modalidades de muertes violentas ante las que interviene la policía.

El informe señala que es importante saber lo siguiente:

La persona que se suicida no desea morir, sino que está transitando una situación de ambivalencia, es decir, desearía morir si su vida continúa de la misma manera. Es un mito el que dice que la persona que amenaza con quitarse la vida no lo hace. Toda persona antes de cometer un intento de suicidio evidencia una serie de señales que, de ser detectadas a tiempo, pueden ayudar a evitarlo. Los comportamientos suicidas se han asociado con depresión, abuso de sustancias, esquizofrenia y otros padecimientos mentales, además de comportamientos destructivos y agresivos. Sin embargo, esta asociación no se debe sobrestimar. No hay una relación directa entre el sufrimiento que padece quien desea terminar con su vida y los padecimientos o enfermedades mentales. Dialogar sobre el tema reduce la posibilidad de cometerlo y puede ser una oportunidad para ayudar a quien está padeciendo. No debe asociarse el suicidio y el intento de suicidio con acciones de cobardía o valentía, tampoco con hechos románticos o heroicos. La tendencia al suicidio no es hereditaria. Lo que sí puede transmitirse por medio de la educación es la visión sobre el suicidio como una forma de solución a los problemas.

Prevención

Los especialistas sostienen que el suicidio no es ni bueno ni malo, tampoco un hecho delictivo, sino que es una situación de sufrimiento y que muchas veces es posible reconocer en los potenciales suicidas signos de alerta como aislamiento, persistencia de ideas negativas, dificultad para comer, dormir y trabajar; desesperanza; llanto inconsolable o repentino cambio de conducta. El psicólogo Santiago Gómez, miembro fundador de la Red Federal de Terapias Cognitivas Conductuales, en diálogo con EL NORTE manifestó que “el suicidio es una conducta y como tal debe ser evaluada, tratada, discutida y modificada. No es una conducta cualquiera; en general, se da dentro de un cuadro de depresión. Una persona que está bien anímicamente, aunque tenga problemas, no piensa ni intenta suicidarse”. “El psicólogo en estos casos deberá estar entrenado en técnicas específicas para tratar la problemática. Las ideas y creencias que presente el terapeuta a la hora de tratar a pacientes suicidas son esenciales, pues de ellas dependerá que sus argumentos ejerzan una intervención efectiva para disuadirlo. El paciente nunca tiene un deseo genuino de suicidarse; se encuentra sesgado por su estado de ánimo. Habrá entonces que modificar esa percepción sobre su vida, curar la depresión y luego de esos cambios, ver qué decide”, indicó el psicólogo. “El suicidio siempre constituye una medida extrema, exagerada y en general no acorde a las circunstancias. Justamente, nuestro trabajo apunta a enseñar al paciente habilidades específicas para resolver algunos problemas y, a veces, a saber aceptar cuando ellos no admiten solución. También nos apoyamos en la comparación de situaciones extremas que ofrezca un parámetro más objetivo para medir la gravedad de los problemas. La búsqueda de alternativas es otra técnica aplicable de corte cognitivo cuando el paciente ve en el suicidio la única opción viable, sin haber evaluado otros recursos posibles. No olvidemos que la valoración del contexto que efectúa un paciente depresivo no es muy objetiva. Se le enseña que el suicidio es una alternativa, pero que es la más extrema e irreversible. También es necesario ayudarlo a tomar conciencia de las consecuencias de su suicidio. Procuramos que vislumbre el estado en el que quedará su familia o la gente que lo quiere si se suicida, incluso su mascota. Normalmente no ha tenido en cuenta estos elementos o los ha distorsionado con ideas como que los demás se sentirán mejor si él se muere. El trabajo con ellos implica mucho entrenamiento técnico, ideas claras respecto de la muerte y sus consecuencias. Involucra por parte del terapeuta un ferviente deseo de ayudarlo a salir de la drástica decisión, sustentados en que mientras hay vida, siempre habrá algo por hacer para solucionar los problemas que nos aquejan, aunque sea un trabajo complejo y que siempre vale la pena intentarlo”, concluyó el psicólogo Santiago Gómez.

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