Cada 21 de mayo se conmemora a San Cristóbal Magallanes y sus compañeros, ejecutados por profesar su fe entre 1915 y 1937.

La Iglesia Católica celebra este 21 de mayo a San Cristóbal Magallanes y 24 compañeros mártires. Todos murieron entre 1915 y 1937 por mantener su fe en medio de la persecución religiosa en México.
Los mártires cristeros fueron sacerdotes y laicos que enfrentaron amenazas, detenciones y ejecuciones. Su testimonio de fidelidad al Evangelio se convirtió en un símbolo de resistencia espiritual para los católicos mexicanos.
Quiénes fueron los mártires cristeros
San Cristóbal Magallanes nació en Jalisco en 1869 y fue párroco de Totatiche. Ante el cierre de seminarios, fundó uno clandestino para formar nuevos sacerdotes. Fue detenido sin juicio y ejecutado el 21 de mayo de 1927.
A él se suman otros sacerdotes rurales como Agustín Caloca, David Uribe, Jenaro Sánchez y José Isabel Flores. También se recuerda a laicos como Manuel Morales, un joven panadero que lideraba la Acción Católica en su comunidad.
Muchos de ellos fueron capturados durante catequesis, misas o mientras servían a sus comunidades. Rechazaron renunciar a su vocación o colaborar con el régimen, y murieron perdonando a sus verdugos.
La Cristiada: persecución religiosa y resistencia católica
Entre 1926 y 1929, el gobierno de Plutarco Elías Calles endureció las leyes anticlericales que ya estaban vigentes desde la Constitución de 1917. Se cerraron templos, se suspendió el culto público y se prohibió a los sacerdotes ejercer libremente su ministerio.
El Estado expulsó a religiosos extranjeros, cerró seminarios y confiscó bienes de la Iglesia. El culto se redujo a la clandestinidad. Muchos católicos se organizaron para defender su fe, dando origen a lo que se conoce como la Cristiada.
Hubo dos formas de respuesta: una resistencia armada por parte de grupos rurales que se alzaron en defensa de la libertad religiosa, y otra pacífica, expresada por quienes siguieron celebrando su fe en la clandestinidad.
San José Sánchez del Río, el mártir adolescente
Uno de los testimonios más conmovedores es el de San José Sánchez del Río, un adolescente de 14 años. José apoyaba a los cristeros sin portar armas. Su función era auxiliar a los combatientes como abanderado y mensajero.
En 1928 fue capturado por el ejército y sometido a torturas para obligarlo a renegar de su fe. Le arrancaron la piel de las plantas de los pies y lo obligaron a caminar hasta el cementerio, donde lo asesinaron.
Antes de morir, gritó “Viva Cristo Rey”. Fue canonizado en 2016 y es patrono de la juventud católica mexicana. Su historia representa el coraje de miles de fieles anónimos que no renunciaron a su fe.
Legado espiritual y vigencia actual
La Iglesia reconoce en estos mártires un símbolo de valentía, esperanza y fidelidad al Evangelio. Su memoria se mantiene viva especialmente en los estados de Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas y Colima.
La canonización del grupo, realizada en el año 2000 por el entonces Papa San Juan Pablo II, buscó sanar heridas, pero también reafirmar el derecho a la libertad religiosa. Hoy, en tiempos donde la persecución religiosa persiste en muchas partes del mundo, su ejemplo sigue siendo actual.
Los mártires cristeros invitan a vivir la fe con coherencia, a defender los derechos fundamentales y a construir una sociedad con respeto a la diversidad religiosa, la justicia y la dignidad humana.

