El tortugo Jorge vivió 40 años en cautiverio y ya nadó 800 kilómetros en 18 días

Estaba en el Aquarium Mar del Plata, que cerró a finales de marzo; fue liberado el pasado 11 de abril.

El tortugo Jorge cuando llegaba a Mar del Plata desde Mendoza

Nació en el norte de Brasil. Vivió unos 20 años en mar abierto. Casi frente a la Patagonia quedó atrapado en una red de pesca, viajó en buque a la costa y pronto en avión, de Bahía Blanca hasta el límite con la Cordillera de Los Andes. Vivió casi dos décadas en un estanque de acuario y hace muy poco, el recorrido inverso: una van, un vuelo de Mendoza a Mar del Plata, otro tramo en combi y tres años más en una pileta mucho más holgada; de nuevo transporte terrestre, luego a bordo de un guardacostas de Prefectura Naval y, por fin, el reciente y esperado chapuzón de regreso a su hábitat natural.

Menuda historia la del tortugo Jorge que, con unos 60 años, no solo se acaba de reencontrar con el Océano Atlántico sino que en apenas 18 días ya recorrió más de 400 millas –casi 800 kilómetros- para andar haciendo de las suyas por las cálidas aguas de Laguna Mangueira, en el sur de Brasil.

El telémetro que lleva incorporado en su caparazón y transmite señal satelital cada vez que asoma a superficie permite seguir paso a paso sus movimientos y, con ello, su adaptación al mundo que lo vio nacer. Todo luego de una experiencia de más de 40 años en cautiverio.

Pertenece a la especie conocida como tortuga cabezona, científicamente definida como caretta caretta, y pasó más de la mitad de su vida en el Acuario Municipal de la ciudad de Mendoza, desde 1984 en que fue capturado por pescadores hasta 2022, cuando se empezó a diseñar este plan de reinserción en el mar que tuvo su paso final el pasado 11 de abril, con la liberación concretada a unos 18 kilómetros al este de las playas marplatenses.

“Está haciendo desplazamientos tremendos”, confirmó la doctora en ciencias biológicas Mariela Dassis, a cargo del seguimiento y monitoreo que marca la primera experiencia argentina en un ejemplar macho y adulto de esa especie, lo que permitirá conocer mucho más sobre sus rutas y hábitos.

Esta aventura nace de una labor conjunta de la municipalidad de Mendoza, que se hizo cargo durante el mayor tramo del cautiverio, y del Centro de Rehabilitación de Fauna Marina del recientemente cerrado Aquarium Mar del Plata. En este espacio pasó el tortugo estos últimos tres años, en un proceso de adaptación para que pueda alimentarse por propios medios y así quedar en condiciones de sobrevivir en su proyectado regreso al mar.

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Del agua con sal al agua salada

El veterinario Adrián Faiella participó del proceso que significó preparar al tortugo en Mendoza, donde vivía en agua con agregado de sal, a esta escala en el oceanario marplatense donde se reencontró con verdadera agua de mar.

El objetivo del traslado a Mar del Plata siempre fue la liberación del animal y se concretó hace poco menos de tres semanas. Dassis destaca que el primer día y medio de Jorge en el mar fue sin alejarse demasiado, pero pronto encaró con rumbo norte. En unas 30 horas hizo los primeros 80 kilómetros. Como se presumía, iría en busca de corrientes más cálidas.

“Es importante esto de haber marcado y seguir a un macho porque nacen en la costa y a diferencia de las hembras, una vez que van al mar, no vuelven a tierra”, aclaró Faiella. Jorge lleva además dos aros identificatorios en su caparazón y una referencia de aviso a una ONG internacional en caso que, por alguna circunstancia, pueda volver a caer en manos humanas.

“Su principal riesgo ahora que está libre seguimos siendo la civilización: que sea pescado o chocado por alguna embarcación o que sea víctima de algunos residuos plásticos que abundan en el mar”, detalló Dassis.

De hecho, en el monitoreo, vivió horas de preocupación porque en cercanías de Piriápolis, Uruguay, demoró en dar señales en coincidencia con la presencia cercana de dos grandes buques. Lo mismo en un tramo previo, en el norte de la costa bonaerense, donde abundan trasmallos. Sus señales satelitales confirman que todo marcha bien.

Admiten ambos que gran parte de la duda radicaba en el largo período en cautiverio que pasó el tortugo. Fueron más de 40 años. A su edad se suman otros 20 que se calculan por tamaño y otros datos que son buena referencia para quienes más saben de la especie.

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