Un día como hoy, en 1998, la justicia sudafricana sentenció a Stewart Wilken, conocido como “Boetie Boer”. Sus crímenes estremecieron a Port Elizabeth y lo convirtieron en uno de los asesinos en serie más temidos de Sudáfrica.

El 20 de febrero de 1998, un tribunal sudafricano condenó a Stewart Wilken a siete cadenas perpetuas. Lo encontraron culpable de siete asesinatos y dos casos de sodomía.
Su historial criminal incluía el asesinato de su propia hija y de varias trabajadoras sexuales y niños.
Wilken, apodado “Boetie Boer” (Hermano Granjero, en afrikáans), operó en la ciudad de Port Elizabeth entre 1990 y 1997. Su captura y posterior juicio revelaron detalles escalofriantes sobre su perfil psicológico y su modus operandi.
Un asesino sin patrones
A diferencia de muchos asesinos en serie, Wilken no se enfocó en un solo tipo de víctima. Mató tanto a niños como a mujeres adultas. Esta diversidad dificultó su captura, ya que las autoridades tardaron en establecer un patrón claro en sus crímenes.
Su método de asesinato variaba, pero solía estrangular a sus víctimas. En algunos casos, también abusaba de ellas antes o después de la muerte. Estas acciones lo convirtieron en uno de los criminales más despiadados de Sudáfrica.
Su propia hija
Uno de los aspectos más perturbadores del caso fue el asesinato de su hija de 12 años, Wuane Wilken. La mató en 1997, y este crimen fue clave para su captura. Los investigadores siguieron pistas que lo vinculaban directamente con el caso.
Tras su arresto, Wilken confesó sus crímenes con una frialdad impactante. Afirmó que mataba por “necesidad” y que en algunos casos, escuchaba voces que le ordenaban hacerlo.
Una mente perturbada
Los psiquiatras que lo evaluaron durante el juicio coincidieron en que Wilken tenía serios trastornos psicológicos.
Su infancia estuvo marcada por el abuso y la negligencia, factores que podrían haber contribuido a su comportamiento violento en la adultez.
Sin embargo, a pesar de estos antecedentes, el tribunal determinó que era plenamente consciente de sus actos. Por eso, recibió múltiples cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional.
Un legado oscuro
Más de dos décadas después, el nombre de Boetie Boer sigue siendo sinónimo de terror en Sudáfrica. Aunque está tras las rejas, su historia sigue impactando a criminólogos y expertos en conducta criminal.
Su caso recuerda que, incluso en tiempos modernos, los asesinos en serie pueden operar sin ser detectados por años.

